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Reseñas de libros

Sueños de una tarde dominical / La hora pico (No me importa que se rían) / En viaje. (Premio María Teresa León, 1999)

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Autor del libro: Maritza Núñez / Marta Degracia / Marina Gacitúa.
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2000. (Serie: Literatura dramática iberoamericana, nº 29). 238 págs.

En esta ocasión fue la mirada crítica de Carmen Portaceli, Yolanda Pallín, Juan Antonio Hormigón, Andrés Amorós y Alfonso Zurro, la encargada de seleccionar de entre las 92 obras presentadas, las tres únicas  que podrían llegar a ser publicadas en este volumen que recoge la ganadora, accésit y mención especial del premio “María Teresa León, 1999”.

Cuatro actos y cuarenta y seis escenas, más un preludio, postludio y un intermezzo, conforman el esqueleto cuidadosamente fragmentado deSueños de una tarde dominical, obra ganadora. Ésta al igual que hace saltar por los aires el tiempo, también hace estallar el espacio, transitando de lo onírico a la realidad, de la materialización del  pensamiento actual al recuerdo, de la parodia burlesca del político a un poema... quebrando los límites entre patio de butacas y escenario, ficción y realidad histórica, pintura y poesía... en muchas ocasiones la palabra se convierte en pincel que traza detalladamente sugerentes apuntes para la puesta en escena.

Frida Khalo es la anfitriona y guía de este drama secuenciado que colorea dentro de un mismo perímetro histórico, de enero de 1936 a agosto de 1940, múltiples conflictos de diferentes geografías: desde la Guerra Civil española, hasta el asesinato en Méjico de Liev Davídovich Trotsky, pasando por el comienzo de la  II Guerra Mundial o la actuación de Stalin ante ésta.

La  pasión se convierte en el detonador que activa en todo momento las situaciones de la obra, ya sean de carácter amoroso, político o artístico, todo cohabita con gran intensidad en el entorno de los protagonistas. Circunstancia que la autora aprovecha para, con la mirada reflexiva y documentada de este fin de siglo, hacer una exposición crítica de acontecimientos del pasado.

«LIEV DAVÍDOVICH.-Stalin menosprecia millones de votos de trabajadores socialdemócratas y plantea la destrucción de la socialdemocracia como partido. Nuevamente nos demuestra su ceguera política. Al declarar como enemigo a la socialdemocracia y no a Hitler...»

«DAVID.- Y que me dice de España, Trotsky? Franco no hubiera ganado si los grupos trostkistas no boicoteaban nuestro trabajo en el frente. Esa sublevación de Barcelona nos costó cinco mil muertos y distrajo a más de treinta mil hombres que tuvieron que luchar para reprimirla.»

«ANDRÉ.-Stalin quiere cargarle el muerto a Trostky. Pero muchos comunistas, bajo consignas stalinistas, crearon divisiones entre los revolucionarios en España.»

La relación entre el artista y su compromiso sociopolítico aflora constantemente en sus páginas:

«FRIDA.-Además el arte surrealista está muy lejos de la gente del pueblo y no quiero que a mi pintura le ocurra lo mismo.»

«ANDRÉ.-Es necesario crear un espacio donde artistas de las más diferentes corrientes de pensamiento coincidan para contribuir a la revolución con su arte...

En Moscú se han olvidado que el arte tiene que ser una meta jamás un medio.»

«DIEGO.-...Lenin aconsejo  a los revolucionarios trabajar desde dentro y eso es lo que he hecho.

Pero para los comunistas soy un vendido al imperialismo. Y para los derechistas, un agente de la revolución...»

Las referencias pictóricas, la presencia del color dentro y fuera de los lienzos es importante, llegando a convertir las escenas en lienzos, descripción de  figuras cromadas que cobran vida, donde la realidad se transgrede  tan vertiginosamente que parece que asistamos a una pluralidad de ellas en constante movimiento generando una dinámica que hace difícil en ocasiones clasificar los planos de acción.

El gusto por el cuidado de la palabra y las expresiones de los personajes, es otra de las características de esta obra que transita en las fronteras de la prosa-poética, sin dejar a un lado formas de decir coloquiales que nos lazan a la privacidad, cotidianidad de las relaciones y que por otro lado también nos marcan la diferencia de clases. El elemento musical también cobra su protagonismo en varias de las escenas bien a través de canciones o de bailes que van dando forma al dibujo escénico  que propone la autora.

Entre el amor y el desasosiego se instalan los celos Frida y Diego, que son demasiado salvajes para domar sus pasiones. Los pactos son creados para quebrantarlos y volver a ser reinventados, la vida es movimiento. El resto de los personajes históricos que les acompañan, giran alrededor de ellos. La creación del personaje de “La otra Frida” desarrolla un inteligente antagónico con la propia Frida a la hora de desarrollar su conflicto emocional y de dar salida a todas sus dudas y contradicciones.

Al final el círculo de la ficción teatral se cierra y nos vuelve a lanzar al principio, las dudas e interrogantes siguen flotando en el cuadro de Diego Rivera: “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”

«FRIDA.-El final es el retorno al punto ya vivido. Solitarios vectores en pos del primer camino.

Nada habrá de interrumpirlos.»

El accésit de este año La hora pico (No me importa que se rían), obra de Marta Degracia, sitúa toda la acción dramática en un único espacio, un viejo bar convertido en whiskería. Es madrugada y el alcohol ya empieza a dar forma irreal a las conversaciones y a los personajes. La entrada al establecimiento por azar de Pancho, originará toda una serie de situaciones equívocas y enredos que dirigirán el ritmo de la pieza hacia el absurdo, en ocasiones esperpéntico. La pregunta sobre lo verdadero o falso de las situaciones que a partir de ahí se generen, será algo que quedará sin respuesta. Aceptar las reglas del juego comienza siendo una obligación para evocar algún recuerdo, al que los interrogantes hacen estar enganchado al presente.

Nada parece ser lo que es, todo es un juego de formas y apariencias, códigos para no ahuyentar ni mal acostumbrar a la clientela del local. Es imposible establecer un juicio, siempre hay un dato nuevo susceptible de modificarlo, ésa es una de las lecciones que iremos descubriendo al adentrarnos en el texto, al igual que el gusto que la autora tiene por emplear expresiones polisémicas que facilitan la creación de conflicto:

«PANCHO.-Pedí un cortado... medio de moscato y medio de vermouth, ¡medio de moscato y medio de vermouth! ¿Está claro? Pero de que barrio es usted, viejo...

¡Habrase visto... cajetilla!

Dígale a su patrón que venga. Me va a escuchar.»

de derivar la comprensión de los personajes hacia parcelas totalmente equívocas:

«BARMAN.-¿Qué yo la saqué del arroyo? ¿A Coca?

PANCHO.-Pero claro... Usted mismo me lo acaba de contar... ¿No me dijo del cabaret qué está del otro lado de la estación?... ¿No fue eso lo que me contó hace un rato?

BARMAN.-Pero no viejo, que me hizo... el boliche era del padre. Ella ahí atendía el guardarropas...»

o generar un juego espacial de errores absurdos que irán poco a poco creando una atmósfera más delirante, como en el caso de las puertas, rompiendo los límites de la lógica hasta unos niveles que se adentran en el absurdo: una puerta es una salida aunque sea al baño, o por el contrario, si llueve en la calle, siempre puede ser una un caño roto del lavabo.

Tres perfiles a punto de entrar en la ruleta de la tercera edad caracterizan los personajes. Él –Barman- ha estado 35 años esperando descubrir  un acontecimiento del pasado alrededor del cual ha construido la cotidianidad de un presente que confiesa no interesarle. Ella –Coca- aún guarda fidelidad al causante de su primer abandono, aparcado en el hoy a fuerza de alimentar la memoria. El -visitante accidental- hombre solitario, tan sólo un vaso le acompaña en la noche, parece poder llegar a resolver las incógnitas al adentrarse en su pasado. El absurdo aumenta con el alcohol y la noche. Un “quizá todavía es posible” enreda mucho más el juego, que inteligente y ágilmente pautado por la autora, es capaz de transitar con una sonrisa por territorios tan delicados como la pérdida y el fracaso.

La mención especial del jurado recayó en la obra de Marina Gracitúa En viaje, a lo largo de 23 escenas Ángeles realiza un total de 15 partidas en un afán de no parar. Buscar. Encontrarse. Irse completando a costa de la relación con los demás. Hallazgos y pérdidas se van fundiendo como si eso fuera parte necesaria del trayecto.

El resto de los personajes, aparecen y desaparecen, dejando rastros que nos ayudarán a completar una única historia, se convierten en huellas, hilos que tejen un argumento que cada lector deberá completar. El juego de coincidentes se desarrolla en los márgenes del porque sí, simplemente son eso, cruces que marcan el mapa de una vida. Sus deseos y conflictos, no interesan para el argumento, si no sirven para completar el perfil de la protagonista.

Comprar el tiempo de un mago, encontrar al hombre amado en la otra orilla, estallar frente al mito del regreso a Roma por tirar las monedas en la Fontana,  intentar habitar una isla desierta, negarse a comprar el hijo de un obrero, abandonar una fiesta de disfraces a causa de la desnudez... París, Venecia, Madrid, llueve, hace sol, no sale la luna, pero para nuestra protagonista el deseo de encontrar algo puede hacerlo posible, siempre que no se pare.

«ÁNGELES.-Pobrecitas. Caminan y caminan. Creen que van a algún sitio... quizás creen que están en aguas abiertas y que sus interminables patas las van a transportar por la inmensidad de mar. Caminar. Caminar. No hay que dejar de caminar. Me alegro haberlo encontrado muchas veces pensé en usted.»

 

                                                                                                       Rosa Briones

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