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Reseñas de libros

Te sigo esperando / Antes de mí: el Sahara

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Autor del libro: Héctor Quintero. (Edición de Juan Antonio Hormigón)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 1998. (Serie: Literatura dramática iberoamericana, nº 20). 138 págs.

La gran artesanía, así titula J.A. Hormigón un prólogo cargado de afecto, respeto y admiración a la figura del autor, dentro de él podemos encontrarnos desde un breve repaso a las diferentes corrientes de la dramaturgia cubana, durante este último medio siglo, hasta una ágil pirueta que nos lanza desde el análisis del contenido dramatúrgico de las obras de Quintero, hacia una rápida y crítica mirada de las circunstancias socio-políticas que envuelven la isla.

Los dos textos que se incluyen en este volumen Te sigo esperando (1996), y Antes de mí: el Sahara (1990), nos presentan a un autor comprometido con su entorno tanto en el aspecto social como artístico. En la primera de las obras mencionadas Quintero hace una radiografía del cotidiano isleño sin caer en la queja o el lamento, más bien catapultándonos hacia una reflexión y actitud más crítica, a través de la cual abre una puerta de mayor optimismo a la protagonista. En la segunda pieza, donde toma como estructura la de un monólogo sobre la nueva dramaturgia  cubana, queda de forma latente, con  una gran dosis de ironía, establecida su posición hacia las últimas tendencias del teatro de la imagen, que deprecian y se alejan radicalmente del teatro de texto.

Un apartamento cargado en sus paredes del vacío que la ausencia de un pasado próspero imprime a un presente casi de carencia absoluta, reflejo del «periodo especial», es el único espacio donde transcurre Te sigo esperando, en ella lo absurdo, poético, irónico, crítico, trágico, cómico... comparten muy inteligentemente el espacio dramático del cotidiano de los cinco personajes, que se muestran como el reflejo de una sociedad abierta a la improvisación de un presente tan caótico como paradójicamente ordenado para su subsistencia.

Un ascensor estropeado sin visos de pronta reparación –la pieza necesaria es constante delatora de la situación de bloqueo y embargo Yankie- se convierte en uno de los detonadores de la comedia, sin esas circunstancia Marcelina no hubiera dejado de cuidar al anciano padre de Tete, cargo destacado del ministerio del azúcar; y Ursula, sacrificada madre de un joven buscavidas, no hubiera aparecido en la vida de éstos, en circunstancias de casi okupa a sueldo y, por supuesto, Alain, su hijo, sobrado representante del machismo caribeño, no hubiera caído durante su permiso carcelario en ese, hasta su llegada, tranquilo domicilio de Vedado. Nos faltaría por nombrar a Caridad, amable y solidaria vecina a la vez que esposa amantísima y madre de tres criaturas, convertida en testigo de excepción; y por supuesto -no olvidemos el subtítulo de la obra, «crónica cubana de los noventa»- la presencia a través del recuerdo del familiar que abandonó la isla en busca de mejor vida.

Los diálogos son fluidos, en ocasiones con efectistas juegos de distorsión del lenguaje, también utilizados para marcar las diferentes formas de expresarse los personajes.

Utiliza Quintero en el texto al lector como cómplice visionario de lo que vendrá a suceder, concediéndole la primicia de la situación, antes de que esta ocurra realmente, vinculándole de esta forma con la trayectoria del hilo argumental de base, sobre el cual no deja de seguir sorprendiéndonos, al  otorgar a los personajes reacciones  que rayan en el plano de lo absurdo tanto por inesperadas como por encontrarse fuera de contexto.

En Antes de mi: el Sahara un único personaje se enfrenta al público convertido desde la presentación en asistentes a un seminario donde se hablará de la última obra de Serguei Morejón, joven autodidacta que en sus manifiestos recomienda: no tomar en cuenta a los dramaturgos cubanos del siglo XIX, califica de ecléctica y discontínua la obra de los autores del siglo XX surgida antes del triunfo de la revolución, y considera que la obra de  los autores posteriores a ella, entre los cuales se encuentra,  sólo podrá valorarse hacia la segunda mitad del siglo XXI. Antes de mi: el Sahara (I´m the best en traducción inglesa)  es el título de la primera obra de este joven autor, del que el conferenciante, siguiendo los buenos consejos del maestro Brecht, realiza un minucioso estudio de su vida, para poder llegar a hacer un análisis científico de la obra dramática.

Así transcurre esta pieza, casi más un ejercicio de Exortización, deuda pendiente hacia un tipo de teatro que siempre ha  defendido y que considera:

  «irremediablemente dañado por esa modernidad de imágenes de nudos, retortijones, poéticas extraverbales y snobismo contestatario»

 

                                                                                                       Rosa Briones

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