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Reseñas de libros

La cadena rota

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Autor del libro: Faustina Sáez de Melgars. (Edición, introducción y notas de Eduardo Pérez Rasilla)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 1998. (Serie: Literatura dramática, nº 42). 214 págs.

Dentro del programa de recuperación para el público de la obra de las escritoras dramáticas españolas emprendida desde hace años por la ADE y el Instituto de la Mujer del Ministerio de Asuntos Sociales se inscribe la edición de esta obra de limitados valores literarios y enorme interés histórico y social.

Faustina Sáez de Melgar (1834-1895) fue una mujer de fuertes convicciones humanitarias, y sin duda de ideas progresistas, además de una de las adelantadas del feminismo hispánico. Escritora a pesar de su familia, llegó a ser Presidenta del Ateneo artísitico y literario de señoras. Su extensa obra publicada incluye veintitrés novelas, además de libros de poemas, artículos, libros misceláneos y dos obras de teatro, de las cuales la más importante es esta Cadena rota, publicada en 1879 y de cuya representación no nos da noticias el editor: probablemente no llegó a estrenarse.

La cadena que se rompe en la obra es la de la esclavitud. No era ésta una preocupación nueva en la autora: cuando en 1865 se funda en Madrid la Sociedad Abolicionista Española, Faustina Sáez de Melgar forma parte del Comité de Señoras del mismo.

Esta Sociedad, fundada en las postrimerías del reinado de Isabel II al calor de la Guerra de Secesión americana, fue una institución eminentemente progresista, cuyo primer presidente fue Salustiano Olózaga, y entre cuyos socios se encontraban Echegaray, Moret, Sanromá, Figuerola, Gabriel Rodríguez e incluso personalidades de Ultramar, como el cubano Labra y el portorriqueño Vizcarrondo.

Contaba con prensa propia, la revista El Abolicionista, y la cobertura de otros periódicos de ideología demócrata. Entre sus objetivos perseguía el influjo moral en la opinión pública a través de los periódicos, la labor docente y los mítines, entre los que fueron especialmente resonantes el del Teatro Variedades del 12 de diciembre de 1865, o el del 22 de octubre de 1868, en pleno fervor revolucionario, donde los oradores fueron José de Echegaray y Segismundo Moret.

Los esfuerzos de esta Sociedad tardaron en dar fruto por la fuerte resistencia de los esclavistas cubanos, que formaban un grupo de presión importantísimo en la política española, enfrentada además, con respecto a Cuba, con la situación de guerra permanente en la isla.

Sin embargo, ya en 1870  Moret presentó una Ley preparatoria de la abolición que, a pesar de su carácter limitado, contó con una durísima oposición. Tendría que llegar 1886 para que el mismo Moret consiguiese que el Congreso aprobara una Ley de Abolición que acabara con la esclavitud en las colonias españolas.

La obra de Faustina Sáez, por tanto, se integraba en un amplio y consistente programa de difusión de las ideas antiesclavistas al que se entregaron los miembros de la Sociedad Abolicionista desde su fundación en 1865 hasta la promulgación de la Ley Moret. Supone un documento de primera mano de una polémica básica para comprender el pensamiento de la burguesía liberal española y sus propósitos reformistas, polémica en donde participaron personajes como don José Echegaray, quien, por cierto, escribió una carta a la autora, recogida por ésta en la edición de su obra, donde apunta con notable acierto:

«Considerando el drama, no como drama, sino como tesis social, es forzoso convenir que Azella y su hermano Ruderico, que son casi blancos por su color, su belleza y su educación; que se expresan con tanta elegancia y más que sus amos, que pintan, cantan, tocan y hacen versos, no son la verdadera representación del esclavo, y la demostración anti-esclavista que V. representa pierde en verdad y energía. (...) En suma, el drama del esclavo americano considero que es otro.»

La obra, como bien apunta el futuro Premio Nobel, fuerza en exceso la bondad y perfecciones de los esclavos para reforzar una tesis antiesclavista y cae de lleno en el melodrama más furibundo. Se suma a ello que la autora, sin ser una gran poetisa, utiliza con profusión un lenguaje retumbante que viene de Espronceda (el más progresista, pero también el más altisonante de los románticos españoles). Todo ello lastra en exceso un drama que, como señala en su introducción Eduardo Pérez Rasilla, está, no obstante, muy bien planteado, y cuenta con personajes bien caracterizados, como Horacio, Rosa y el tío Mamerto, y un conflicto secundario (el amor y desamores de Rosa y Horacio) que mantiene la acción de la obra en un nivel alto de verosimilitud.

La excelente edición de Eduardo Pérez Rasilla encuadra la obra en su contexto social y literario, además de hacer un detallado análisis donde se señalan los aciertos y limitaciones de la obra, marcando los momentos claves del desarrollo de la acción y de las motivaciones de los personajes. Sólo habría que objetarle el poco espacio y detalle dedicado al análisis de la métrica, aspecto menos tratado en los textos del siglo XIX de lo que debiera.     

 

                                                                                      Fernando Doménech

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