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Reseñas de libros

Teatro escogido

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Autor del libro: María Martínez Sierra. (Edición de Eduardo Pérez-Rasilla)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 1996. (Serie: Literatura dramática iberoamericana, nº 17). 255 págs.

Cinco piezas de María Martínez Sierra (pseudónimo de María de la O. Lejárraga), escritora y pedagoga, componen este volumen que viene a continuar la labor de recuperación, la tarea de introducir al teatro en un estado de normalidad acorde a las necesidades que demandan los modernos estudios sociales y determinadas prácticas intelectuales. En este sentido, este proyecto acompaña a otros (como los estudios y trabajos de documentación hechos en la Universidad de Valencia respecto al teatro del XVI) que van definiendo, sin duda, otra historia del teatro. Conocida fundamentalmente por las colaboraciones teatrales hechas con su marido, Gregorio Martínez Sierra, durante los primeros treinta años del siglo XX en el marco de una escritura dominada por el teatro de Jacinto Benavente, María Martínez Sierra escribió, en solitario, algunos textos para la escena, probablemente durante los años cincuenta (al menos Es así es de 1950 según indica la propia autora en el prólogo) que se reunieron en Argentina en un volumen titulado Fiesta en el Olimpo en 1960. En ese mismo prólogo antes citado se señala también la evidencia de un cambio importante en la década que media entre la fecha de escritura y la de publicación:  hemos anunciado que esta comedia dramática es "a la antigua" porque se escribió en 1950, y entonces, las personas que aún estaban en edad de sentir sentían así. Hoy, no sé. Al margen ahora de la ironía que pueda tener el texto parece claro que la autora advierte que ese ya no es su tiempo, salvo entenderlo claro está, como el tiempo de la cultura: "tal vez hubiéramos debido vestir los personajes con trajes de época... Pero aún se representan tragedias griegas, dramas, comedias y tragedias españolas, inglesas y francesas de los siglos XVI y XVII, cuyos contemporáneos sentían y pensaban de otro modo". En el prólogo general al libro Fiesta en el Olimpo también se dan alusiones a esta especie de intromisión en el ámbito de otra sensibilidad.

Y, en efecto, así ocurre. Es por ello que este libro es también, en buena medida, un trabajo de arqueología del drama burgués en tanto que es posible descubrir en esta recuperación, en medio de los cimientos del teatro contemporáneo (término con el que algunos han definido al teatro iniciado tras la Segunda Guerra Mundial) español los vestigios del teatro decimonónico (algo que tal vez podría iniciar una explicación de determinados límites estructurales, carencias técnicas o de dinamización dramática que subyace en buena parte del teatro español desde mitad de siglo). Tales huellas conforman lo gramatical de la escritura (tanto linguísticas -léxico, diálogo, etc.- como dramatúrgica -espacios, tiempos, etc.). Los textos más importantes, al menos por su extensión y elaboración, la obra de carácter simbólico Tragedia de la perra vida y el drama Es así, son piezas que nos sitúan en el ámbito ideológico (construcción del drama familiar, institucionalización de una determinada sentimentalidad, consideración cristiana del tiempo vital, etc.) de la burguesía española del XIX (que vive sus conflictos más duros en el primer cuarto del siglo XX) y que el editor, Eduardo Pérez-Rasilla, esconde bajo las constantes remisiones a la biografía de la autora y a rasgos psicológicos que parecen dominar su escritura (obsesiones, etc.).

Este libro es también un acta que convierte el monólogo masculino que ofrecía hasta el momento la historia del teatro español en un diálogo, gracias al cual aparece la posibilidad de reconstruir los escenarios imaginarios de una vida asimilada a determinado orden ideológico. Las obras que se publican en este volumen sirven al historiador en tanto que le permiten eliminar el doblez de una memoria que nunca ocupó el ámbito de lo público (para el que María Martínez Sierra dejó su versión de hechos, en libros como Gregorio y yo (1953) o Una mujer por caminos de España (1952)  y encontrar el mínimo lugar de una renuncia (por ejemplo, la madre de La última confidencia que ante la pregunta de su hijo: "¿qué dirá mi padre?" respecto a su noviazgo responde "no te preocupes. Eso es cuenta mía", señalando justamente ahí donde está operando el orden y las formas). A pesar de lo cual estas obras no son una física de las relaciones sociales y de sus determinaciones psíquicas sino una biología de las mismas, esto es, su modo de habitar (su habitus) traducido aquí en síntoma de una queja. El lector nunca encontrará en ellos sino una descripción de lo que acontece en ese deber ser y nunca cómo se instituyó ni por qué. Nunca una explicación o una ruptura. Esto deja a estas cinco piezas en monumentos arqueológicos.

Una vez más el editor no ayuda en la excavación para desenterrar estos restos sino que pretende dejar su trabajo finalizado con la publicación de los mismos, con la profusión de adjetivaciones o de categorizaciones genéricas (“elegancia formal”, “diversidad formal” -para referirse sustancialmente a la misma escritura con diferente aspecto) para caracterizarlos; con la repetición -con otras palabras- de lo que el texto ya dice para plantear una interpretación de los mismos; o con la anotación filológica, puntual, abandonando la explicación de verdaderos problemas (las notas 8 y 9 de la página 122, por ejemplo, no aclaran nada respecto al problema del texto: ¿son los ángeles ellos o ellas?¿Quién estuvo en lo cierto, Goya o Fray Angélico?”). Cinco piezas teatrales que, por todo lo apuntado, contribuyen a soldar esbozos, fragmentos, e incluso suposiciones respecto a este humus sobre el que ha vivido y vive buena parte del teatro español del siglo XX.

 

                                                                                  César de Vicente Hernando

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