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Reseñas de libros

Baby boom en el paraíso / Los restos de la noche

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Autor del libro: Istarú, Ana / Pallín, Yolanda. (Premio María Teresa León, 1995)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 1996. (Serie: Literatura Dramática Iberoamericana, nº 15). 112 págs.

De nuevo esta segunda convocatoria del Premio María Teresa León para autoras dramáticas, vuelve a presentar un doble perfil, el formado en este caso por Ana Istarú y Yolanda Pallín. Ambas fueron las seleccionadas por el jurado formado por Juan Antonio Hormigón, Guillermo Heras, Ana Diosdado, María Ruiz y J. M. Benet i Jornet como las merecedoras de ser destacadas entre las más de cien autoras que se presentaron.

En Baby Boom en el paraíso, Ana Istarú presenta bajo la estructura de monólogo interrumpido por pequeños diálogos, un divertido y ágil texto cargado de un refrescante sentido del humor, y una original combinación entre lo real y lo ficticio que destierra con inteligencia todo lo que se cierne sobre la mítica tragedia que supera el acto de parir.

Arrancando desde la dificultad de quedarse embarazada, después de más de 15 años de preparación para la insigne labor:

“Mamá Naturaleza decidió castigarme dándome un ciclo estrafalariamente largo, lo que me equipara entre mis colegas mamíferas, con las elefantas”

Llega el momento crucial donde todo parece estar dispuesto:

Ariana: “¡Mi amor, es hoy! Hoy estoy poniendo mi huevo. ¡No voy a cacarear para probártelo! Por una vez que vamos a hacer el amor como le gusta al Papa”.

La presión psicológica, y las circunstancias medio, impiden poder culminar con éxito la labor de perpetuar la especie.

Pero llega el gran día: después de no pocos frustrados intentos, la respuesta del laboratorio es afirmativa. Entonces entran en acción después de una jocosa disertación sobre la familia política, todos sus componentes dispuestos a organizar sin ningún tipo de pudor  la vida de la casi inexistente criatura y de los futuros padres.Suegra:...Más lindo así, empezar con el varoncito. No sé, una chiquita no hace tanta gracia.

Ariana: “Sentí en ese momento unos deseos inefables de parir trillizas. Matarla con una nieta negra, que le saliera bohemia, atea, trotskista; peor aún: Saltimbanqui...”

A continuación los sueños de parir Elefantes y Sardinas se suceden entre visitas al ginecólogo, agresiones de un armario que acaba siendo asesinado, y entrañables conversaciones con el bebé todavía en el vientre:.

Bebé: “Por favor, no comas tanto ajo.”

y la intención de fundar el frente Rómulo y Remo de lactancia Nacional con el fin de acabar con la tetilla de plástico del biberón.

Se aproxima el momento del parto, todo está dispuesto, la sociedad entera espera expectante el gran momento que se dilata, hasta pedir perdón.

Ariana: “No, todavía no, ve qué vergüenza. Pero te juro que estamos haciendo lo posible. No, si me subo la cuesta de la luz doce veces al día. He andado en jeep, brinco Suiza, bailo “Pedro Navaja” a cuatro patas....¡Qué congoja! Soy una mala madre, ya lo sé. Perdóneme, por favor...”

Pero la espera acaba con la presencia de las contracciones, el desconcierto es absoluto, nada obedece a lo aprendido en la inmensidad de cursillos de preparación de parto; y por si fuera poco la enfermera en suerte es tal cual: ”paleolítica, matusalénica, de aspecto siniestro. Parecía que le habían contratado Hitchcock... La María Seca gigante empujando como si yo fuera un carro varado...”

Al final todo llega, el parto se efectúa en medio de una algarabía análoga a la de los hinchas de fútbol y a una fiesta brasileña

En otra clave se centraLos restos de la noche. Totalmente desnudo de acotaciones, este texto de Yolanda Pallín segmentado en 15 escenas, nos sumerge en la constante lucha por escapar, huir, perpetuar la posibilidad de ese ancestral deseo de libertad, desterrar al fin y al cabo la fecunda “semilla del fracaso” humano; “las ratas no desean”.

A través de cuatro personajes Laura, Carlos, Hombre, Mujer, la autora consigue crear un ágil e indefinido combate dialéctico, toda una invitación a la creación de una sugerente propuesta escénica; donde la acción estratégicamente apuntada en el texto conduce hacia la confrontación entre el sueño y la realidad, el día y la noche, que configuran la existencia de Laura, en un diálogo que intercala constantemente lo onírico y lo cotidiano, deseo de liberación y condena:

“..las noches se están haciendo jirones y cada vez más lejos. Sólo quedan los restos cuando me despierto. Tal vez la culpa sea de los restos, que de día no me dejan pensar. Pienso, pero distinto, cada vez más lejos, en alguna parte que está de este lado...”. Cómo devolverle al día lo que no tiene “...no quisiera caerme por las rendijas. Si se hacen mayores. Más grandes cada noche.”

Durante el día, la incomunicación con su marido, la carencia de espacio de proyección, la infecundidad, la inactividad y el miedo habitan en el confortable reducto hogareño, aguardando la noche, purgatorio que cobija la angustia en un constante diálogo con “Hombre”.

El pasado, su infancia adquiere volumen en una plegaria, un penúltimo intento de súplica  ante la oscuridad, falta de esperanza y fe:

                        “Y después de este destierro déjame dormir...

                        Hágase en mí según tu palabra

                        Déjame dormir

                        No quiero volver

                        Y el ángel del señor anunció a maría

                        Dejadme dormir”

No hay tregua, cada vez la angustia es mayor, las fronteras se resquebrajan:

“Quiero que lo sepas. No es que yo quiera irme. Es que no me puedo quedar aquí más tiempo mientras esté hay debajo. Va a salir estoy segura de que cuando menos te lo esperes saldrá. No me preocupo porque a ti no va a morderte. Pero a mí sí”.

Al final el encuentro con otra “Mujer” en un espacio-tiempo indefinido, donde lo anhelado adquiere posible, parece encender durante un breve instante en la noche una luz, creando entre las dos el diálogo de una misma historia, que vuelve a truncarse con la aparición de “Hombre “ y definitivamente la rendición :              

 “No es posible escapar”.

 

Rosa Briones

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