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Reseñas de libros

Valeria y los pájaros / Bienvenidas

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Autor del libro: José Sanchis Sinisterra. (Presentación de Fermín Cabal)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 1995. (Serie: Literatura dramática iberoamericana, nº 13). 133 págs.

La Asociación de Directores de Escena continúa la publicación de la serie Literatura Dramática Iberoamericana con dos textos de José Sanchis Sinisterra, precedidos por un breve prólogo de Fermín Cabal y seguidos por una nota biográfica sobre el autor. No es preciso insistir en la necesidad de disponer de los textos que escriben nuestros dramaturgos contemporáneos, no sólo para recuperar esa posibilidad de acceder al teatro mediante la lectura -por incompleta que parezca esa vía de acceso, es, con frecuencia, la única-, sino también para poner en manos de las gentes del teatro un elenco lo más amplio posible. Todo ello puede contribuir a refrescar una atmósfera con frecuencia viciada en la que se echan en falta la frescura de la renovación, la presencia de motivos y lenguajes rigurosamente contemporáneos. Por ello, y de entrada, la publicación de los textos de Sanchis constituye ya una buena noticia.

El prólogo de Fermín Cabal resulta sugestivo, sobre todo en lo que tiene de intento de encuadrar la obra de Sanchis en el conjunto de una revitalización del teatro de texto, mejor aún, de la figura del dramaturgo. El necesariamente breve esbozo de un panorama sobre la situación del teatro en el mundo durante las últimas décadas deja, sin embargo, la sensación de que Cabal nos debe un ensayo más amplio sobre la cuestión. Me permito, modestamente, desde estas líneas invitarle a hacerlo.

Las dos piezas que ahora publica Sanchis son de factura muy diferente, aunque lógicamente presenten numerosas características comunes no sólo entre sí, sino también con el conjunto del teatro del dramaturgo valenciano.

En cierto modo, se trata de dos piezas complementarias, como si se hubiese pretendido que la estructura del libro formase parte también de esos ejercicios de estilo a los que tan aficionado se muestra el dramaturgo. En efecto, en la primera de ellas, Valeria y los pájaros, la más extensa, asistimos a un monólogo de una mujer acompañada por las voces de las personas que influyeron en su vida, procedentes ahora del más allá. En la segunda, Bienvenidas, un grupo de bailarinas tiene que ejecutar los caprichosos movimientos dictados por una voz anónima todopoderosa.

Las dos piezas tienen carácter de investigación, de ejercicio de estilo. No es nuevo en la obra de Sanchis, buena parte de sus textos se han orientado en esa dirección marcada por una línea intermedia entre el juego o la sátira y la expresión de un profundo e inquietante desasosiego de raigambre existencial. Recuerdo en este momento trabajos como Perdida en los Apalaches -cuyas concomitancias con la primera de las piezas son fácilmente perceptibles-, Dos tristes tigres, Pervertimentos y otros gestos para nada, etc.

En cierto modo puede decirse que toda la obra de Sanchis constituye un ejercicio de búsqueda formal, de experimentación, camino siempre sugestivo, aunque no exento, desde luego de riesgos y de limitaciones. Incluso textos aparentemente más cerrados y de corte tradicional, como su célebre ¡Ay, Carmela!, muestran, bajo la capa de referentes históricos y críticos y bajo su técnica brechtiana, las tentativas del juego metateatral y del experimento que se desarrolla precisamente en los filos entre el sueño del espectáculo y el sueño de la vida cuyos límites, como en Valeria y los pájaros, pueden traspasarse en la función teatral.

Y hay también en tantos personajes de su teatro una búsqueda de una pureza, de una ingenuidad imposibles, perdidas para siempre -tal vez no existieron nunca-, pero no por eso menos añoradas. Carmela, las protagonistas de El cerco de Leningrado, alguno de los personajes de El retablo de Eldorado son hermanas de Valeria en su busca desesperada de algo que saben que no encontrarán, pero cuya búsqueda es irrenunciable. Su lucha es desproporcionada, las sabemos de antemano derrotadas, aunque moralmente victoriosas; por eso el teatro de Sanchis se orienta con tanta frecuencia hacia las formas de la tragicomedia. La ternura no oculta del todo la crueldad de tantos aspectos de la existencia humana y, sobre todo, de unas formas de convivencia social que asfixia, que oprime y que en ocasiones anula violentamente al hombre.

La lucha entre la ilusión o la ternura, la utopía o la capacidad de crear contra un poder omnípodo castrante y castrado él mismo protagoniza Bienvenidas. La pieza, pese al sello personal de Sanchis, recuerda a algunos textos de Mrozek, de Pedrolo o hasta aquella pieza corta de Martínez Ballesteros, Los opositores. Pero Bienvenidas se desarrolla de nuevo en el mundo del espectáculo -de la danza en este caso-, es decir, retoma la fórmula del teatro dentro del teatro, tan grata a su autor y tan fecunda a lo largo de la historia de la escena.

Como todo trabajo de investigación y de ensayo, como toda experimentación hay logros magníficos (yo me quedaría con el primer acto de Valeria y los pájaros y con los primeros momentos de Bienvenidas) y algunos momentos en los que la tensión decae y no se sostiene el tono brillante de aquellos. Pero, en mi opinión, el mayor reproche que puede hacerse a estos textos -y es extensible al conjunto de la obra de Sanchis- es su afición desmedida al chiste, muchas veces facilón, inoportuno e innecesario, y otras excesivamente cargante. Falta una labor de poda también en estas piezas.

 

Eduardo Pérez-Rasilla

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