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Reseñas de libros

Diktat

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Autor del libro: Cormann, Enzo. (Traducción de Fernando Gómez Grande)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 1995. (Serie: Literatura Dramática, nº 36). 118 págs.

¿Hasta qué punto los escenarios de hoy continúan siendo el «imago mundi» que propusieron los clásicos? ¿Mantiene el teatro ese carácter de arte vivo, capaz de hablar, aquí y ahora, del hombre y de su circunstancia histórica presente? Son éstas, de una u otra manera, reflexiones que subyacen bajo toda propuesta teatral, cuestiones a las que los profesionales responden día a día  -afirmativa o negativamente, según los casos- desde su actividad específica.

Este libro es también, en cierto modo, una respuesta. Incluso una respuesta con nuevas preguntas. Pero ¿qué obra de arte no lo es? Seguramente por ello, este Diktat no dejará indiferente a sus lectores.

Enzo Cormann (1953) es uno de esos autores a la vez consolidados y emergentes con los que cuenta la dramaturgia francesa actual. Con una veintena de textos estrenados en su haber, muchos de ellos traducidos y presentados en otras lenguas, Cormann mantiene algo de autor «al margen» de las corrientes dominantes, aun cuando su obra resulte claramente reconocible, como perteneciente a la más absoluta contemporaneidad. Su escritura teatral -como señala Irène Sadowska-Guillon en el artículo que prologa este texto- es «tremendamente condensada, no intenta mostrar la emoción o la violencia sino producirlas». Es decir, trasladar al espectador-lector los elementos necesarios para crear en él una reflexión de lo expuesto. De ahí esa autodefinición de «realismo paroxístico», que el propio autor hace de su estilo, coincidiendo con las fórmulas empleadas para reseñar el estilo pictórico de Francis Bacon.

Diktat, la obra más reciente de este autor hasta ahora desconocido en España, responde, efectivamente, a esos principios. Con dos únicos personajes, Cormann ha construido un drama social y político, centrado en una guerra civil de espíritu nacionalista. Los referentes bélicos que se prodigan en Europa durante los últimos años hacen innecesarias mayores precisiones. Estructurada en tres partes, la obra mantiene una situación única, que se desenvuelve con la propia evolución de la relación entre ambos personajes. Es, en ese sentido, un texto en el que lo que se dice prima sobre lo clásicamente concebido como «acción dramática».

La palabra es el núcleo que confiere a este texto la rotunda fuerza de una denuncia. Los monólogos de los personajes, en ocasiones dirigidos directamente al auditorio, enmarcan su corta peripecia escénica. Pero permiten al mismo tiempo al espectador-lector recrear mentalmente los hechos narrados, de la misma manera que la figura del mensajero en la tragedia griega potencia, por elipsis, las desgarradoras imágenes de cuanto anuncia.

Y todo ello, en un clima que posee también un cierto sabor de «cine negro», con lo que Cormann hace entroncar su texto con la contemporaneidad y la narración fílmica. Se diría que las tres «secuencias» -y cómo no pensar en una estructura clásica: planteamiento, nudo, desenlace- se convierten en movimientos de cámara, que permitirían, en una posible puesta en escena, mostrar distintos ángulos del espacio -derruido, inhóspito, marginal- por el que discurren los personajes. Una línea secuencial llena de claroscuros, que nace y regresa al negro, después de iluminar los rincones y vericuetos de la historia.

Con todos estos ingredientes Diktat está ahí para provocar al lector. De una u otra manera, Cormann ha tomado sus opciones -temáticas, estilísticas, vitales-, que requieren también una respuesta. El teatro sigue teniendo algo que decir sobre el mundo que nos rodea. ¿Y sus receptores?

Federico Martínez Moll

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