Volver al listado de reseñas

Reseñas de libros

Comienzo de la era del hierro / He conocido a Zaubrek

Ver la ficha de la publicación

Autor del libro: Hormigón, Juan Antonio. (Artículos de Mariano Hormigón, Esperanza López Tamayo y J. A. Hormigón)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 1994. (Serie: Literatura Dramática Iberoamericana, nº 10). 280 págs.

Una advertencia: si es usted devoto de Karl Popper, no le gustará este libro.  El que avisa no es traidor.

La ADE publica en su número 10 de la serie Literatura Dramática Iberoamericana dos obras de muy diversa índole de Juan Antonio Hormigón.  Ambas tienen, sin embargo, algo en común: son obras contra corriente.

Comienzo de la era del hierro, la obra que da título al volumen y la más cercana al concepto tradicional de obra dramática, lleva a la escena los análisis de Samuel Lilley en Hombres, máquinas e historia.  El prólogo de Mariano Hormigón sitúa muy ajustadamente la importancia de éste y otros teóricos de la ciencia en la tarea de situar la actividad científica dentro de los procesos sociales, de mostrar cómo, a pesar de su pretendida asepsia, es una actividad que modifica la sociedad y es modificada por ella.

Juan Antonio Hormigón ha elegido, para ilustrar estos procesos, el nacimiento de la edad del hierro, el descubrimiento y difusión de la metalurgia de ese «metal democrático», según expresión de Lilley, que vino a acabar, hace unos 3.000 años, con las culturas del bronce.

Protagonistas de esta fábula son dos científicos sin nombre, el Científico A y el Científico B, descubridores de la nueva metalurgia.  Llevados de su idealismo, de su deseo de transformar el mundo y hacer mejores a los hombres, ofrecen su descubrimiento a la ciudad de Eritra.  Al hacerlo, claro está, destapan la caja de Pandora.  Los intereses de clase, la ambición de los militares, el despecho de los fabricantes de bronce, todo se une para formar una ola que dará al traste con todos sus proyectos.  Los científicos tendrán que tomar una decisión:      o ceder de sus principios y acomodarse a sus nuevos amos o mantenerse firmes y sucumbir.

La obra, como se ve, plantea en términos diáfanos un tema que no está de moda: la responsabilidad de los intelectuales.  Puede incluso que esté tocando la ¿anticuada? idea del compromiso.  Como la obra no está exenta de paradojas, la resolución de este tema es de una melancólica ironía.

Obra ambiciosa, de amplitud épica (Bertolt Brecht, en efecto, no está lejos), abarca en la peripecia de unos individuos y unos pocos años un proceso de siglos y de civilizaciones, desde la aparición de las primeras fundiciones de hierro al establecimiento de los grandes imperios guerreros y esclavistas en el Mediterráneo.  Pero su visión es, como se podría esperar, plenamente actual.  Aquella sociedad del hierro es también la nuestra.  Oportunas citas de los filósofos presocráticos, espectadores de aquellos cambios sociales, enmarcan los cuadros en que se divide el drama, golpeándonos con su sorprendente actualidad.

He conocido a Zaubrek, segunda obra del volumen, no es propiamente teatral, aunque incluya pequeñas escenas dialogadas.  Se trata de un conjunto de prosas aforísticas, pequeños ensayos, opiniones y pequeñas anécdotas que forman una fragmentaria crónica de nuestro tiempo desde la dolorida conciencia de Zaubrek, quien «posee la profunda experiencia de haber vivido; el escepticismo irónico de quien ha soportado muchas traiciones, fingimientos y derrotas; la esperanza de saber que todo discurre, nada permanece inmóvil, todo se transforma».

En estas crónicas de urgencia Juan Antonio Hormigón navega contra corriente en aguas turbulentas.  No sólo se niega a hacer leña del árbol caído del «socialismo real», sino que arremete con fuerza contra los jaleadores del derrumbe que ha sumido en la ruina a millones de personas.  Y hay también ataques al radicalismo inútil, a los izquierdismos de salón, a la demagogia.  Y, por supuesto, a la banalidad periodística de los que creen saberlo todo.

Son, pues, dos obras contra corriente, que a muchos parecerán ancladas en el pasado, desfasadas, superadas por el pensamiento débil.  Esos que no saben, como Zaubrek, que «demasiadas veces lo que hoy es mañana no es». Comprueben ustedes mismos.  Pasen y lean.

Fernando Doménech

Volver al listado de reseñas