Volver al listado de reseñas

Reseñas de libros

Sé que no son pulgas ni gusanos

Ver la ficha de la publicación

Autor del libro: Alberto Omar Walls
Madrid: Publicaciones de la ADE, 1994. (Serie: Literatura dramática iberoamericana, nº 9). 220 págs.

Autor de amplio curriculum en distintas disciplinas de la creación (literatura, teatro, radio), Omar Walls transluce en estas cuatro piezas, una larga y profunda dedicación al conocimiento de los materiales del teatro de la última década. Todas las piezas tienen en común una narrativa coherente en la que cuenta los acontecimientos sin que estos tengan que ser necesariamente obvios. Esta manera de «contar historias» se convierte así para el lector en un verdadero ejercicio de imaginación, donde los propios personajes, todos, se van deformando irremediablemente por su lenguaje y por las situaciones.

Del mismo modo, a través de las acotaciones el autor va creando imágenes donde lo único que concreta son las luces, como si de crear cuadros pictóricos se tratara. Va definiendo ambientes y espacios con la -casi- única descripción de lo que él imagina de la luz. (Pág. 199, última acotación).

Los personajes se hacen, para el lector, adorables u odiosos no sólo por lo que ellos dicen de sí mismos: el autor no sólo los escribe, también opina sobre ellos dando datos que más que la necesidad de definirlos, deja salir la de describirlos, como si no fueran creación propia. Pareciera que son ajenos a él, y él sólo escribe lo que le hacen sentir. (Pág 164, última acotación).

Sin embargo no permite que en la lectura se olvide por un sólo momento la clave teatral, marcando claramente los cambios de actitud con voces que más pertenecerían al director de la función, que al propio actor. (Pág. 81, acotación larga).

El diálogo es fluido, necesario, sin retóricas, y sirve perfectamente a la acción. Casi el mismo diálogo es acción. Es destacable el carácter teatral, y hasta meta-teatral de las piezas; tanto si se trata de pocos personajes (El informe y Cuando tu cara de muñeca me sonríe), como si son muchos, (Sé que no son pulgas... y Hoy me he levantado trascendente), son susceptibles de hacerse con muchos o pocos actores, lo que permite posibilidades de montaje casi infinitas.

No es posible, ni es prudente ni necesario contar aquí cada uno de los argumentos, ni sus temas. Para conocerlos se recomienda encarecidamente su lectura. Y en cualquier caso el autor advierte:

«... escrita para el solaz y divertimiento del público (lector)1 y el mejor lucimiento de los actores» (Pág. 73),

advertencia trasladable a cualquiera de las otras tres piezas.

1        La cursiva es mía.

Esperanza López Tamayo

Volver al listado de reseñas