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Reseñas de libros

Cartas de consuelo / Acuática. (Premio María Teresa León, 2007)

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Autor del libro: Blanca Coton, Laura / Tena, Begoña.
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2009. (Serie Literatura Dramática Iberoamericana, nº 60). 96 págs.

Escribir cartas de consuelo es el trabajo de Adele Lüer y Magde Richter. Cartas de consuelo para los familiares de niños y personas con discapacidad mental. Cartas escritas en la Alemania de 1940 y 1941. Cartas que enmascaran el asesinato bajo piadosos tratamientos curativos. Cartas independientes que, todas juntas, revelan la verdadera magnitud del genocidio de los enfermos.

La autora recupera la dramaticidad y la memoria de esta atrocidad del régimen nazi a través de estas dos anónimas trabajadoras, sin responsabilidad directa en los crímenes pero absolutamente cómplices del fenómeno. Dos mujeres que comparten poco en lo personal, apenas alguna receta de cocina, pero innumerables frases de consuelo y falsa emoción.

Podríamos decir que la obra termina cuando Adele y Magde pierden su trabajo, pero en realidad acaba cuando han de escribir la única carta para la que no tienen plantilla: la carta para unos padres que solicitaron el “tratamiento” para su propio hijo… “¿Estarán tristes, o la noticia les alegrará?”

Laura Blanca Coton (Buenos Aires, 1958) ha estrenado ya casi una decena de piezas dramáticas y obtenido varios reconocimientos, como el Premio del Club de Autores por Emigrantes, en colaboración con Ariel Barchilón, en 2002, o la Mención en el Segundo Concurso Nacional de Teatro de Humor por La vuelta de Pipistrela (2003). También ha cultivado la narrativa, y tampoco le faltan galardones en este ámbito.

En Cartas de consuelo, Premio “María Teresa León” 2007, la autora distancia al lector/espectador de Adele y Magde, a la par que amplía el tiempo y el espacio del pequeño mundo en que las sitúa. Divide la acción en ocho escenas y tres planos: el primero para Magde y Adele, el segundo para siete sombras o marionetas que no hablan, pero condenan, y el tercero para un Relator al que coloca en un lugar de “mera enunciación, una pantalla que no muestra un estudio de televisión, sino una broadcasting de los años 40”. Este Relator es el encargado de proporcionar los datos reales de los asesinatos masivos y las esterilizaciones. Las batas blancas de las marionetas muestran otros momentos del mismo hecho. Y se completa la radiografía.

De muy distinta naturaleza es la otra pieza que recoge este volumen, Accésit del Premio “María Teresa León” 2007, firmada por Begoña Tena Montoya (Castellón de la Plana, 1978), historiadora del arte y actriz que se inició en la escritura dramática hace apenas unos años. De hecho Acuática es la primera pieza que publica.

La acción de la obra se sitúa en cuatro escenarios distintos -un auténtico desafío para directores y escenógrafos-: un acantilado, la playa, un hotel y el sótano de una mansión decimonónica. El tiempo no se especifica, pero es fácil deducir que en conjunto se abarcan uno o dos meses, contados de forma lineal.

De los cinco personajes que intervienen en ella, sólo Laura (el único personaje a quien la autora ha puesto nombre propio) se relaciona con todos los demás. Los demás son el Nadador, el Entrenador, La Joven y El Hombre. El Nadador es el marido de Laura, y quiere convertirse en campeón de natación en la especialidad de mar abierto. El Entrenador, obviamente, es el entrenador del Nadador. Laura es literalmente una chica que pasaba por allí, y acaba suplantando a Laura (por mediación del Entrenador). El Hombre es un personaje cuyo conflicto es completamente ajeno al del resto de los personajes, y acaba convirtiéndose en el único refugio de Laura.

La pieza alterna escenas de conflicto directo (las del Nadador, el Entrenador y Laura) con escenas aparentemente sosegadas en las que, sin embargo, queda sembrado el germen de futuros e inesperados acontecimientos. Así el desarrollo y la resolución de los conflictos de La Joven y El Hombre sorprenden al espectador, y de algún modo ensanchan los horizontes de esta pieza hasta los siempre inciertos caminos que van de lo pequeño a lo grande, de lo personal a lo social. El conflicto de Laura, el Nadador y el Entrenador, por el contrario, resulta de un extremo peso de lo social sobre lo personal.

El Jurado del Premio “María Teresa León” 2007 ya emitió su dictamen. Es turno ahora de los lectores, y ojalá en breve llegue el turno a los espectadores, que gozarán, sin duda, de cada obra en su auténtica dimensión.

 Blanca Baltés

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