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Reseñas de libros

Göring / Yo soy Adolf Eichmann / Mobile horror

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Autor del libro: Ilpo Tuomarila / Jari Juutinen / Juha Jokela. (Traducción del finés de Maritza Núñez con la colaboración de Suvi Ollila y Kirsi Cheasa)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2008. (Serie Literatura dramática, nº 76). 274 págs.

La dramaturgia finlandesa, que permaneció ajena durante mucho tiempo para el público hispanohablante, comenzó a darse a conocer en España hace algo más de diez años en las publicaciones llevadas a cabo por la Asociación de Directores de Escena. Entre 1998 y 2004 apareció, tanto en la revista ADE-Teatro como en diferentes volúmenes de la colección “Literatura dramática”, un amplio conjunto de autores y títulos pertenecientes a los diferentes períodos del teatro finlandés, desde finales del siglo XIX hasta los inicios del XXI. Gracias a ello, hoy se encuentran accesibles en español obras de escritores clásicos y fundamentales como Hella Wuolijoki, Minna Canth o Mika Waltari junto a las de contemporáneos de gran envergadura como Paavo Haavikko o Jussi Kylätasku, entre otros.

Desde el pasado 2008, nuevos nombres y obras recientes de aquel país han comenzado a sumarse a esa misma colección. Tras las cuatro aparecidas en el volumen 74 –cuya reseña puede consultarse en el número 123 de nuestra revista-, llegan ahora los tres títulos incluidos en este libro cuyos autores, que se cuentan entre los más relevantes de esta joven cultura teatral nórdica, pertenecen a tres generaciones consecutivas.

Göring, la obra de Ilpo Tuomarila (1948) que abre el volumen, se centra como bien marca su título en la figura del mariscal nazi Hermann Göring. Escrita en clave de comedia dramática, el argumento recorre la ascensión y caída de este siniestro individuo, cuya adicción a la morfina, desequilibrios psíquicos y megalomanía no le impidieron alcanzar la comandancia absoluta de la fuerza aérea alemana y, durante algún tiempo, el grado de sucesor del Führer. Apresado por los aliados tras el final de la guerra, Göering fue también uno de los protagonistas del proceso de Nürnberg y consiguió acabar con su vida antes de ser ejecutado según la sentencia emanada del juicio.

Tuomarila se aleja de una visión “políticamente correcta” y, si bien presenta al personaje con ribetes que cubren el amplio espectro que va de lo dramático a lo grotesco –con algún trazo que recuerda a Ubú rey-, también subraya sus relaciones con los países escandinavos, en especial a través de su primera esposa Carin von Kantzow, casada en primeras nupcias con un barón sueco, y del hijo de ésta, Thomas.

El autor organiza la obra a partir de la peripecia de tres figuras en 1952, ligadas al régimen nazi -una de ellos un soldado finlandés-, cuyo objetivo es recuperar el cadáver de Carin enterrado en Berlín, para trasladarlo en secreto a Estocolmo. Los  mecanismos de ruptura del tiempo le permiten reconstruir los derroteros de Göring y sus dos esposas, las ambiguas posiciones históricas de quienes le acompañaron en el ascenso, alternar estilos y situaciones en ocasiones surrealistas… Pero además Tuomarila no huye nunca de las aristas incómodas que se desprenden de las palabras y comportamientos filonazis, cuya contemporaneidad se revela especialmente inquietante. Valga como ejemplo uno de los parlamentos finales de Göring:

“El hombre perderá por décadas su posición de dueño de la vida, se marchitará y se convertirá en alguien insignificante de la cultura materialista americano-rusa. ¿Qué será del mundo en el año 2000? De eso hablan los vencedores, y opinan que ojalá para entonces se haya olvidado nuestra época. ¿Pero qué habrá entonces? Los vencedores continuarán desde el punto donde nos detuvimos nosotros, pero sin éxtasis. ¡Se tratará sólo de dinero, tecnología e indiferencia!”

También la obra de Jari Juutinen (1959) Yo soy Adolf Eichmann se inserta en los acontecimientos emanados de la Segunda Guerra Mundial a través de su protagonista, considerado “uno de los más crueles burócratas que perpetraron el holocausto judío desde sus escritorios en la Alemania nazi”. Adolf Eichmann, encargado de la organización de los transportes de judíos a los campos de exterminio nazi, consiguió, tras la guerra, permanecer oculto en Argentina durante un largo período de años bajo una falsa identidad. Allí fue localizado y secuestrado a principios de los años 60 por el espionaje israelí, que lo trasladó a Israel para su juicio y posterior condena a muerte. Su largo proceso constituyó uno de los acontecimientos polémicos de la época, especialmente porque la imagen de Eichmann se alejaba de la de un monstruo y pudo aparecer más bien como la de una víctima de la sujeción a un régimen totalitario, según señaló la filósofa Hannah Arendt.

Juutinen recrea en su obra el juicio de Eichmann, presenta un perfil simple del personaje, cuya lógica comportamientos ante los jerarcas del régimen nazi llega en ocasiones al absurdo, y explora los recursos dramáticos de las situaciones históricas sin renunciar tampoco a la comicidad o incluso a la parodia. Todo el drama adopta un tono onírico por el que transita el protagonista, sometido tanto al proceso legal como a la banalización informativa de los medios de comunicación.

Y el objetivo del autor apunta certeramente a la conciencia del hombre contemporáneo, que bien puede considerarse cómplice por omisión o voluntaria ignorancia de los crímenes que se siguen realizando en numerosos puntos del planeta. Ese al menos parece ser el sentido de una de las escenas claves, en la que diferentes víctimas presentan su testimonio de persecución y exterminio. En ella Juutinen no limita sus voces a las de los supervivientes del holocausto judío sino que incorpora con la misma dimensión a otros “testigos” contemporáneos: un joven latinoamericano convertido en ciego como consecuencia del tráfico de órganos, una muchacha china obligada a trabajar como esclava y mutilada por los aparatos de producción, una mujer víctima de la trata de blancas internacional… Eichmann se convierte así en una pieza importante pero no única de la gran maquinaria en la que se sustenta la sociedad actual.

El más joven de los tres autores de este volumen, Juha Jokela (1970), opta en Mobile horror por el humor agudo. Estrenada en 2003, su comedia está considerada como la obra finlandesa de mayor éxito de los últimos años. Y tal calificación se explica por su cuestionamiento sobre los valores básicos de la vida en la sociedad actual. Sitúa la acción en una pequeña empresa de servicios para móviles, cuya directora tras haber atravesado una crisis nerviosa, decide replantearse su trabajo, los productos que van a comercializar y las relaciones de los empleados, tomando a Ghandi como ejemplo. Tiene enfrente a su director comercial, habituado a una dinámica competitiva “clásica” y más a su favor a un joven diseñador gráfico, incapaz de mantener una comunicación verbal con fluidez. Pero todas sus nuevas convicciones e intenciones de humanidad se verán puestas a prueba cuando reciban la noticia de que la empresa está a punto de ser absorbida por una mayor.

Con sólo cuatro personajes, Jukela presenta un pequeño universo de relaciones y conflictos que, a la par que reconocibles, se manifiestan profundamente divertidos. Desde el idealismo enfrentado a la inminencia del desastre hasta la necesidad de fórmulas concretas y efectivas que aseguren el éxito, todos ellos se debaten en un maremagnum de incertidumbres y urgencias, cuyo mejor resumen viene formulado en la pequeña introducción que precede a la obra: “¿Cuánta importancia tienen los valores en un mundo cuyo único contenido es el trabajo?”.

Y en esa cuestión se encuentra la clave de la radical modernidad y eficacia de esta comedia.

 Carlos Rodríguez

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