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Reseñas de libros

Dramaturgia de Hamburgo

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Autor del libro: Lessing, G. E. (Traducción de Feliu Formosa. Introducción de Paolo Chiarini traducida por Luigia Perotto).
Madrid: Publicaciones ADE, 1993. (Serie Teoría y práctica del teatro, nº 5). 540 págs.

«Totus mundus agit histrionem»

Con seis años de retraso respecto a nuestros colegas catalanes y con 224 respecto a la primera edición de la obra llega a nuestros manos un libro clave de lo historia del Teatro y sin lugar o dudas el más importante libro de teoría teatral escrito en el siglo de las luces.

Nos resultan frecuentes los ocasiones en que este libro nos ha sido citado sin poder acudir o él, o no ser que fuera en su edición catalana, y como nos extrañaba oír hablar de dramaturgias y dramaturgistas sin saber como era posible acceder a su «acta de nacimiento»; por fin gracias o lo labor de lo AD.E. y de su director de publicaciones vemos, al igual que él confiesa en el breve pero sustancioso preámbulo que acompaña a la obra, cumplido un deseo “antiguo y pertinaz”.

La obra ha sido traducida, al igual que la publicación del Institut del Teatre de Barcelona, por Feliu Formosa que habida cuenta de su experiencia en la obra capital de Lessing realiza una ejemplar labor. En iguales términos es elogiable la idea de reproducir traducida la introducción de Paolo Chiarini a la segunda edición italiana de la obra llevada a cabo en 1975. La introducción, servida limpiamente por Luigia Perotto, se hace imprescindible o lo hora de encuadrar y adentrarnos en la Dramaturgia.

En la introducción se repasan cuestiones todavía candentes, como lo ausencia de definición convincente de lo que es la Hamburgische Dramaturgie, la oscilación entre «teatro» y «espectáculo», la relación entre el teatro y la literatura. Sin apenas percibirlo se nos sitúa en el contexto teatral dieciochesco y se nos da un ameno repaso o los antecedentes teóricos de Lessing: Gottsched y Konrad Ekhof, por ejemplo, y su relación con teóricos clásicos, como es el caso de Aristóteles o con la obra de autores como Shakespeare, entre los que establece una teoría que veremos desarrollada luego en la obra como las referentes a la interpretación actoral:

«Las reinas de la realidad pueden hablar,

con toda la rebuscada afectación que quieran,

las reinas creadas por la fantasía del poeta

deben hablar de manera natural»

Así hasta llegar al origen del libro expresado diáfanamente por su propio autor:

«Nosotros tenemos actores, pero no un arte dramático. Si antaño existió, ahora ya no lo tenemos; se ha ido perdiendo; y es preciso volverlo a crear»

Para ello a lo largo de la obra da su opinión sobre los distintos géneros teatrales, en una especie de diario de trabajo, en forma de comentarios y notas va plasmando desde el 1 de mayo de 1767 al 19 de abril de 1768 toda su teoría sobre autores, actores, críticos, formas de entender el trabajo teatral. Y lo que destaca, a mi parecer, con enormidad el descubrimiento de la obra y la poética de Shakespeare. A lo largo de casi un año hilvana consejos, resultados prácticos y anécdotas múltiples, las cuales sorprenden por su vigencia:

«En otra tragedia que era todavía peor y en la que uno de los dos protagonistas moría lleno de salud, un espectador preguntó a su vecino:

“Pero éste, ¿de qué muere? ¿De qué? ¡Del quinto acto!”.

Así se habla de la conveniencia de mantener en repertorio ciertas obras mediocres «porque en ellas hay algunos papeles excelentes, en los cuales este o aquel actor puede desplegar todas sus capacidades» Como vemos en estas breves referencias, Lessing repasa todo el conjunto de personas y elementos que construyen el hecho teatral, unas veces para elogiar, otras para criticar, la más para aconsejar. Así dice al público:

«Que venga, pues, que mire y escuche, que examine y juzgue: su palabra siempre será tenida en su justa consideración, su opinión siempre será acogida con respeto»

Acompaña a la cuidada edición una completa bibliografía «De y Sobre» Lessing. Al recorrerla averüenza la ausencia de estudios españoles sobre la obra, un país donde tanto abunda el adaptador, el versionista, el dramaturgista y poco el estudioso, el investigador. Pero quizá ahora, a raíz de esta publicación vean la luz estudios y los directores, dramaturgos y poetas se decidan a plasmar sus experiencias, siempre la mejor escuela bien por los aciertos o por los errores. Es probable que, como dice el autor de la Dramaturgia de Hamburgo, «Lo que no vemos crecer, hallamos que ha crecido al cabo de algún tiempo. El que va despacio, mientras no pierda de vista su objetivo, avanzará siempre más deprisa que el que avanza sin objetivo». Así sea para nuestra A.DE., junto a la más ferviente felicitación por llevar a cabo la edición de esta obra con la cual consolida sus colecciones de teatro como las más importantes en el panorama español actual.

 

 

Manuel Lagos Gismero

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