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Reseñas de libros

Los vivos y los m(íos). (Premio Lázaro Carreter, 2008)

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Autor del libro: José Cruz.
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2008. (Serie: Literatura dramática iberoamericana, nº 58). 101 págs.

Los vivos y los m(íos) es la última obra galardonada con el Premio Internacional de Literatura Dramática “Lázaro Carreter”. Tal y como la define su autor, es “una obra de atmósfera”, con la que intentaba “hacer una tragedia más o menos pura y eso me llevó a un lenguaje bastante desnudo y a una estructura dramática bastante rígida” y en la que reconoce abiertamente la influencia de Ventaquemada de Paco Becerra (p.14-15).

En el prólogo, Pedro Víllora comenta con acierto que es un texto “donde lo callado, lo voluntariamente olvidado, lo elidido, lo que no debe ser dicho, es el motor de la trama”. En él “hay la voluntad de hablar sobre la naturaleza de las cosas silenciadas, de forzar una intrusión en la memoria dormida y erigir un monumento a la individualidad frente al encauzamiento colectivo de las pasiones. (p.18)

José Cruz nos sitúa en un pueblo indeterminado, de un país cualquiera - definido únicamente por sus fronteras con respecto a otro, como la mayoría-, con unos personajes sin nombre, sin concretar, pero perfectamente identificables. Los típicos de cualquier pueblo como son El Cura, El Alcalde y El Boticario, que simbolizan el poder religioso y civil y la autoridad científica, y el resto que se determinan por contraste como El Joven-La Vieja, La Muchacha-La Mujer, junto con el coro de voces.

La acción se desarrolla a raíz de la llegada de una forastera (La Muchacha) que viene a enterrar a su abuelo allí:

MUCHACHA.- Mi abuelo no desea ningún funeral. No era una persona religiosa. Su única religión era esto, el pueblo. (p.34)

Lo cual provocará el despertar de las conciencias dormidas y de los sentimientos acallados por el tiempo tras la pasada guerra. Como la mayor parte de las veces, lo extraño, lo que viene de fuera, es lo que perturba, lo que puede llegar a producir cambios para los que la sociedad casi nunca está preparada:

MUJER.- (…) Lo único… si viene buscando movimiento. Posiblemente se sienta defraudada. Este es un lugar muy tranquilo. Pero lo decimos con orgullo. (p.30)

Ni el cura, ni el alcalde ni el boticario harán nada por ayudar a la joven en su empeño por dar sepultura a su abuelo.

El Cura esgrimirá:

- Un entierro civil… La gente no lo entendería.

[…]

- Aquí todos somos cristianos.

[…]

-Son nuestras tradiciones.

Para el Alcalde, de nuevo la gente no lo entendería. Su misión es mantener la “armonía” de la que han disfrutado durante treinta años y le sugiere que tenga “paciencia”. Mientras que el Boticario pide silencio a la mujer ante la verdad de los hechos que cuenta.

Únicamente El Muchacho, seguramente por su juventud e inocencia, se presta a ayudarla.

Durante toda la historia se utilizan los pronombres posesivos para mostrar la pertenencia a un bando u otro: Si no eres de los “nuestros” estás contra nosotros. De ahí que la Muchacha pregunte:

MUCHACHA.- ¿Y de quién son los muertos? (p.45)

Nadie es capaz de responderla. Solamente el autor, José Cruz, le da la réplica con el título de la obra: Los vivos y los m(íos), implicándose e implicándonos. Y nos deja abierta la esperanza al final del texto de la mano del joven:

VIEJA.- ¿Se perdonarán algún día?

JOVEN.- Si les dejan… (p.94)

Inmaculada de Juan

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