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Reseñas de libros

Tras la puerta

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Autor del libro: Diana I. Luque. (Premio “Ricardo López Aranda" 2011)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2012 (Serie: Literatura dramática iberoamericana, nº 65). 120 págs.

El Premio Ricardo López Aranda ha recaído en el año 2011 sobre la autora madrileña Diana I. Luque por su obra Tras la puerta. Luque pertenece al grupo de nuevas voces que se alzan desde la escritura dramática unificando, como señala el profesor José Cruz en su introducción a la obra, las poéticas más personales con la dramaturgia clásica. Así, poniendo toda su fuerza en la configuración de los personajes que habitan su obra, Diana I. Luque nos acerca al complejo mundo del suicidio juvenil, enfrentándonos a este silenciado problema desde varias perspectivas. La fuerza de la obra se apoya, entre otros pilares, en la construcción de dos personajes con gran peso dramático, Ruth y David, madre e hijo, que viven soportando la presencia-ausencia del hermano menor, Alex, quien, tras cuatro intentos de suicidio, consigue culminar su acción.

Este complejo y delicado tema se aborda desde una poliédrica perspectiva, lo que contribuye a dar una mayor profundidad y riqueza a la obra, al mismo tiempo que engrandece la anécdota de estos seres. Asistimos, de esta forma, al dolor de la madre y del hermano que tienen que entender qué les ha pasado y aprender (o no) a vivir con ello. Vemos, además, qué papel juegan las autoridades, los psicólogos, psiquiatras y grupos de apoyo. Nos acercamos también al lado más cuestionable y comercial que maquilla de morbo e insensibilidad el dolor ajeno, y que trafica con ello en forma de magazines sensacionalistas. Nos aproximamos con estupor al personaje adolescente, Laura, que desde su durísima situación personal nos presenta la acción, y vemos en ella a la joven descentrada, pero llena de ganas de vivir, fruto del desorden y la desorientación que la brutalidad de los acontecimientos ha provocado en ella…. y tocamos, también, el sentido del humor: la presencia del monstruo peludo Fred, los expertos que nos iluminan sobre el tema desde la estupidez de su discurso magistral, la aparición de André Breton en un extraño y sugestivo monólogo sobre la fragilidad de la vida y la muerte, o la guía turística que nos muestra el escenario del horror convertido en museo…

Para abordar tantas perspectivas, Luque nos propone una estructura original, numerando las escenas en una simetría que tiene su vértice en la escena 0, escena con entidad propia y que supone en verdad una poética reflexión sobre la vida, la muerte, el acto de matar y la decisión sobre la muerte propia. Este juego de cuenta atrás dota de ritmo y tensión dramática a la acción: vivimos con angustia la desolación de Ruth que anticipa el final de su hijo, las conversaciones del chat del foro de suicidio, el aislamiento progresivo de Álex y el dolor, disfrazado a veces de rencor, del personaje de David.

La terrible carga dramática que conlleva el tema, y el asomarse a él desde el dolor y el asombro de la madre y el hermano, no deja, sin embargo, un poso amargo en el lector: Luque cierra la acción mostrándonos personajes que se aferran a la vida, al ansia de seguir adelante, al deseo de vencer a la muerte. Tras la puerta que abre la autora hay un mundo oscuro, silenciado y lleno de dolor, pero también un anhelo de vivir y de apostar por la vida, por la superación y la aceptación de los errores. Teatro, en fin, en el que conviven la aterradora realidad, la fuerza dramática de unos personajes cercanos y bien armados, y la poesía en la palabra.

Margarita del Hoyo

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