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Reseñas de libros

Poesía romántica inglesa. Antología bilingüe.

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Autor del libro: AA.VV. (Edición de Antonio Ballesteros González)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2012. (Serie: Laberinto de Fortuna, nº 4). 424 págs.

 

Conocido en la Asociación de Directores de Escena de España por sus magníficas traducciones del teatro clásico inglés (entre ellas, la de Eduardo III de Shakespeare, publicada también por la ADE y por la que recibió el Premio “María Martínez Sierra” de Traducción Teatral en el 2005), el profesor Antonio Ballesteros presenta en esta ocasión un libro inicialmente entroncado con su labor como docente e investigador universitario de la literatura en lengua inglesa: la edición de Poesía romántica inglesa. Antología bilingüe, de la colección “Laberinto de Fortuna” de las Publicaciones de la ADE. 

Pero, conclusión lógica de sus otras principales líneas de trabajo (la literatura fantástica y de terror, la cultura fin de siglo, el cómic y la novela gráfica, o la literatura femenina/feminista), esta publicación no queda adscrita a un ámbito exclusivamente docto, aislada por ello de los acontecimientos contemporáneos en el ghetto de la erudición académica, sino que, muy al contrario, es de gran actualidad práctica.

Incluso, podría decirse, de utilidad en «estos tiempos culturalmente confusos,malos para la lírica »…como Ballesteros observa en la presentación. Unos tiempos, los del hoy en día, en los que quizás la reivindicación y disfrute de la poesía, puede considerarse un verdadero acto de rebeldía. De cuestionamiento de un mundo, en el que la exacerbación de los valores del utilitarismo extremo del capitalismo de producción que derivó en especulación, y la separación radical de razón y sentimiento, cuerpo y alma, individuo y sociedad, nos ha llevado a una crisis cultural, económica y, lo que es más importante, moral, como la que estamos viviendo. Quizás el colapso, «el crac» del sistema que se desarrolló entonces, consiga transformar, como canta Nacho Vegas, la significación de verbos como «disfrutar»; pero no sólo negativamente.

Poesía romántica inglesaremite pues, a unos términos mitificados y polisémicos que demasiadas veces llevan a asociarse, en ambientes no especializados, con sentimentalismo, tristeza o enamoramientos pasados de moda. Sin embargo, están vinculados con una forma distinta de «ver», o mejor dicho de «sentir» el mundo, que abre un universo de posibilidades remitentes a nociones tan amplias y ambiguas como atmósfera, ambiente, sentimiento, estado de ánimo o tonalidad… Y establece la correspondencia íntima entre lugar y personalidad, que explicita el fuerte componente espiritual y emocional del espacio contracultural, obtenido al relacionar el efecto de unidad de obras en las que el conjunto, la composición y la factura, trasciende la importancia individual de los distintos elementos que la conforman.   

Por eso es tan oportuno que en la concisa, pero jugosa introducción que precede a esta antología, se sitúe el vocablo «romántico» en su dimensión contemporánea. Primero en su sentido temporal; para después, hacerlo en el particular contexto británico. Sólo al lector le queda darle el empujón que lo traslada al presente. No exclusivamente como movimiento estético, artístico o literario, sino como una corriente social y política, en la que se encuentran los precedentes de la transformación de la cultura en acontecimiento social, y la inauguración de la ideología carismática, en los que aún nos movemos: «El artista romántico, como los cantantes de rock contemporáneos, se convierte en un fenómeno de masas (…)» (P. 18).

Situarlo en su dimensión histórica es una sugerente oportunidad para desactivar las perniciosas derivas motivadas por la naturalización de lo que no es sino pura contingencia.

Ya que en otros contextos puede tener nuevas interpretaciones, y la conciencia organicista del mundo del romanticismo puede ser entendida como trasgresión de la diferencia entre artista-creador y público, entre sujeto y paisaje social, productor y receptor de mensajes, que verdaderamente dio lugar al mal del siglo

De esa manera lo que tantas veces hemos visto como enfermedad, puede entenderse como síntoma… Compartimentaciones convencionales e ideologizadas, que la lectura directa de poesías como estas pone en entredicho. Al manifestar muchas preocupaciones que años después serán tratadas por la ciencia: la identidad fragmentada del ser humano, la materialidad del mundo de la mente, la creación de vida artificial, el concepto del universo como un sistema en el que cada individuo, cada elemento, cada especie, interactúa: «el todo y las partes se hallan intrínsecamente vinculados, (…) todo forma parte intrínseca e inalienable de todo. Cualquier agresión contra un elemento de la naturaleza supone una trasgresión contra el propio ser humano» (p. 19). Bosquejo fundacional de la ecología moderna, y de la crisis de conciencia europea que surgió como consecuencia del desgaste de las ideas de la ilustración. Ya que no sólo el sueño, sino también la vigilia de la razón produce monstruos… Hoy que caminamos día a día con esos monstruos, sólo queda añadir una verdad incuestionable: «La característica fundamental del arte para los románticos es su capacidad de conmover» (P. 18).

De movilizar afectos y efectos se encargarán los poemas que podemos disfrutar en estas páginas, gracias a una edición bilingüe cuidadosamente anotada. Y esa energía inmaterial, por su misma especificidad, nunca se nos podrá arrebatar y adquiere un sentido político. Aquí nombres de autores tan reconocidos como W. Blake, W. Wordsworth, S. T. Coleridge, Lord Byron, P. B. Shelley y J. Keats, se unen a los de un grupo de autoras, algunas nunca traducidas al español, entre las que figuran Mary Alcock, Anna Laetitia Barbauld, Charlotte Smith, Jane Taylor, Dorothy Wordsworth, Felicia Dorothea Hemans, Letitia Elizabeth Landon y Elizabeth Barrett; que amplían el friso y sirven de ejemplo de próximas recuperaciones, que poco a poco permitirán enriquecer un canon occidental, aún demasiado limitado. Esta inclusión, aunque restringida, tiene gran valor, ya que subraya que incluso en aquel que pretendía ser apolítico, o que parecía conservador o reaccionario, al igual que posteriormente ocurrirá con el movimiento estético y su defensa del arte por el arte, o con el punk y su no-future, todo el romanticismo, tanto el europeo en general como el británico en particular, tiene una fuerte conciencia revolucionaria relacionada con el empoderamiento de un individuo victimizado, vejado, por el insaciable afán de crecimiento del capitalismo. Su inconformismo e inadaptación ante lo que le rodea le da un papel como productor de nuevos mensajes para esa sociedad soñada que aún no hemos alcanzado. La amplia comprensión del romanticismo que posibilita la introducción y la selección de esta magnífica edición bilingüe, no sólo contextualiza las obras presentadas en ella, sino que puede ayudarnos a entender, por sus paralelismos, las nuestras. Y con ello cuestiona la polarización entre individualismo y colectivismo que ha llevado al patológico narcisismo del que tan costosamente intentamos salir gracias a la nueva afectación sentimental, y en primera persona, del compromiso político.

¡Despierta (no Grecia, que despierta está),

despierta, espíritu mío! ¡Piensa a través de quien

tu sangre sigue la huella de su lago paternal,

y luego late en tu hogar!

LORD BYRON, Missolonghi. En este día cumplo treinta y seis años.

 

Alicia-E. Blas Brunel

 

 

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