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Reseñas de libros

El hijo natural / Conversaciones sobre «El hijo natural»

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Autor del libro: Denis Diderot. (Edición y traducción de Francisco Lafarga)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2008. (Serie: Literatura dramática, nº 75). 207 págs.

Diderot (1713-1784) ocupa un lugar destacado en la historia del pensamiento occidental como promotor, con D’Alembert, Voltaire, Montesquieu o Rousseau, de una de las empresas más transcendentales del siglo XVIII, uno de los pilares sobre los que se asienta la revolución ilustrada: la edición entre 1751 y 1772 de la Enciclopedia, un tributo al saber y una muestra de las posibilidades de la razón frente a la teología. Una empresa sujeta a dificultades, problemas diversos y duros enfrentamientos con los defensores del Antiguo Régimen, en una polémica que no es ajena a aquella otra, más conocida como la “querelle” entre antiguos y modernos, que brota y rebrota una y otra vez al contraponer dos formas de entender la existencia: mantener la tradición o abrir nuevos caminos. Los nuevos caminos que se proponía abrir Diderot suponían una profunda renovación, revolución incluso, en diferentes órdenes de la existencia. La burguesía reclamaba su posición en la esfera pública.

En el ámbito del teatro y la creación dramática Diderot ocupa un lugar igualmente destacado por haber realizado algunas contribuciones substantivas en el cambio de paradigma escénico y literario que se produce a finales del siglo XVIII y que se consolida en el siglo XIX. Conocida es su aportación al desarrollo de una teoría científica de la interpretación, por mucho que Paradoxe sur le comédien, ensayo escrito en 1773 no vea la luz hasta 1830. Se trata de un texto de una capital importancia al contraponer, con una profundidad y complejidad encomiables, aspectos fundamentales del arte del actor, considerando ese arte no tanto como inspiración de las musas favorables, una idea con enorme calado todavía hoy en toda España, sino como ejercicio de una profesionalidad que se adquiere por medio del estudio, la reflexión y la praxis, un plan mucho más costoso que la visita de las Piérides. 

Francisco Lafarga es el responsable de la edición y traducción de dos obras fundamentales en la trayectoria de Diderot y en la historia del teatro y la literatura dramática, éstas que ahora presentamos, y a las que seguirán en breve otros dos textos igualmente substantivos: El padre de familia y Discurso de la poesía dramática. Debemos pues felicitar al profesor Lafarga y a los responsables de las Publicaciones de la ADE por tan valiente iniciativa y por el esfuerzo que supone. Sobre todo porque estamos ante textos citados una y otra vez en importantes estudios e investigaciones y no disponibles para el público lector español. Desaparece así una carencia que provocaba un cierto sonrojo.

Se trata de textos fundamentales porque en ellos, en la teoría y en la praxis, se formulan los principios de lo que Diderot, por boca de las voces que intervienen en las Conversaciones, define como género serio, y que nosotros conocemos como drama moderno. Hay antecedentes en Francia o en Inglaterra, y habrá seguidores importantes en España, como Leandro Fernández de Moratín, pero las claves de esa nueva composición dramática, más adaptada a las necesidades de una estética nueva y a las apetencias de un público igualmente nuevo, las desarrolla Diderot. Se trata de claves que tendrán su complemento, como se dijo, en una forma igualmente nueva de concebir la interpretación que no sólo se nos traslada en el tratado antes citado, Paradoxe…, sino que se inscriben de forma implícita y explícita en la textualidad de El hijo natural.

El profesor Lafarga, en la presentación del volumen, ofrece una introducción muy precisa a las propuestas renovadoras de Diderot, que podemos apreciar tanto en la gramática del texto como en las conversaciones, que se pueden considerar como glosa o comentario de las razones por las que un dramaturgo toma unas decisiones y no otras. En ese sentido, el volumen tiene un valor enorme para los estudiantes de dramaturgia, al menos si por dramaturgia no entendemos un simple comentario de textos sino el proceso por medio del cual el texto se puede transformar en espectáculo. Tiene particular interés, en esa dirección, todo el proceso que vive el dramaturgo empírico desde el momento en que, llegado al campo en busca de salud y descanso, tiene conocimiento de unos hechos singulares, lo que le lleva a conocer al protagonista de los mismos y más tarde le permitirá asistir a su recreación dramática, a lo que seguirá la serie de conversaciones con Dorval, en las que se analiza la ficción dramática, sus posibilidades y sus relaciones con lo real.

En esa nueva ideación de la ficción dramática, Diderot nos habla de verosimilitud, de vida real, de realismo, de personajes en su circunstancia, de cuadros que se conciben como situaciones, de un lenguaje sencillo, de combinaciones adecuadas de sucesos, de presentación en la escena de los hechos antes que recitados, de pantomima…, y todo ello para recrear situaciones familiares, para poder así conformar lo que también denomina tragedia doméstica o comedia seria. Y siempre con la finalidad de acentuar la dimensión moral del teatro, para promover que además de la risa o el estremecimiento, la contemplación desemboque en reflexión.

No falta una dimensión lacrimógena, “larmoyante”, e incluso la expresión de los personajes no acaba de abandonar determinados usos retóricos. Es probable que haya una cierta distancia entre la teoría que se formula en las Conversaciones, y la letra de El hijo natural. Seguramente la obra de Diderot como autor dramático no esté a la altura de sus formulaciones teóricas, pero su discurso, entendido como un todo que no se contradice y sí se complementa, será fundamental para formular un nuevo modelo que otros explorarán con más acierto, más fortuna e incluso con más arte. Por eso, la lectura de estos dos textos, y de los otros dos que se anuncian, es más que aconsejable para conocer y estudiar la genealogía de las grandes transformaciones que se producen en la escena a lo largo del siglo XX.

 Manuel F. Vieites

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