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Reseñas de libros

Historia del teatro inglés: desde sus orígenes hasta Shakespeare

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Autor del libro: Antonio López Santos.
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2013. (Serie: Teoría y práctica del Teatro, nº 36). 346 págs.

Antonio López Santos presenta el desarrollo de la historia del teatro en Gran Bretaña, desde los ritos de las tribus céltico-germánicas y el teatro litúrgico medieval, hasta la edificación de los primeros teatros permanentes a partir de 1576. Comprende el análisis de seis siglos de historia del teatro inglés, y nos muestra el proceso de singularización del teatro inglés que se manifestará en el teatro de la época Tudor.

López Santos ha dedicado gran parte de su trayectoria, como profesor de literatura inglesa en la Universidad de Salamanca, a la investigación del teatro inglés. Con esta edición, la ADE trata de compensar el vacío de publicaciones en nuestra lengua sobre el teatro inglés en el periodo histórico anterior a Shakespeare.

En la monografía encontramos dos partes bien diferenciadas. Una extensa primera parte,  en la que el autor da cuenta de la evolución de las formas teatrales desde sus orígenes rituales hasta las comedias y tragedias de principios del siglo XVI. En la segunda parte nos ofrece una visión general de los distintos espacios escénicos, y el estudio de la formación y composición de las compañías oficiantes de los espectáculos, que se desarrollan en paralelo.

Una de las cuestiones destacables de esta monografía es la revisión del teatro medieval estableciendo etapas, datando y profundizando en la comprensión de las formas de representación del teatro inglés. De esta manera, el autor trata de paliar la visión monolítica de un periodo histórico de seis siglos en el que conviven múltiples y diferenciadas expresiones escénicas. Analiza cada una de estas formas teatrales, atendiendo a la elección de los temas, la composición de los argumentos y personajes. También estudia todas las cuestiones relativas a la puesta en escena, como el espacio escénico, los intérpretes y la producción y recepción de estas obras.  Nos ofrece por tanto una perspectiva ampliada de las representaciones que rebasa el análisis de los textos dramáticos.   

López Santos atiende en primer lugar al origen ritual del teatro, exponiendo brevemente las principales líneas de investigación, y tomando como referente la historia del teatro europeo. De las primeras manifestaciones rituales rescata algunas ceremonias paganas autóctonas, que han sobrevivido hasta nuestros días. Nos presenta los festivales estacionales relacionados con diferentes momentos del ciclo agrícola y sus formas de expresión locales. Más adelante, reseña la importancia de las mascaradas, Mummers’ Play, a las que sitúa en un estadio intermedio entre el rito y el drama, y que responden a un esquema dramático similar en toda Gran Bretaña. Continuando el estudio de la evolución del teatro inglés, el autor explora la difícil convivencia entre los festivales de las religiones céltico-germánicas, los mimos y las celebraciones litúrgicas cristianas. El nacimiento y desarrollo de los dramas litúrgicos se extenderá hasta el siglo XII, cuando aparecen los primeros dramas en los que se combina el latín y el inglés.

En segundo lugar, el autor atiende a los elementos de transformación del teatro desde mediados del siglo XII hasta principios del siglo XIV, que culminará con la presentación de las obras en inglés, fuera de las iglesias, producidas por las cofradías e interpretadas por laicos. La institución de la fiesta del Corpus Christi en 1311 por el papa Clemente V, y su supresión tras la Reforma en 1558 por la reina Isabel, enmarcan el periodo en que se desarrollan dos formas teatrales: los Ciclos de Misterios y las Vidas de Santos. Ya a finales del siglo XIV aparece en Inglaterra una nueva forma de representación, las Moralidades, desvinculada de la liturgia y del calendario cristiano, por lo que el espectáculo podría repetirse y trasladarse a cualquier lugar. La forma alegórica de las Moralidades hizo posible su continuidad y desarrollo tras la Reforma Protestante. Las Moralidades perseguían una finalidad evidentemente moral con un mensaje que sostendría el cambiante pensamiento oficial, y se adaptaría a los cambios religiosos y políticos.

López Santos dedica un apartado especial a una nueva corriente dramática, el “Interludio”, que se generaliza en el siglo XV, y supone la profesionalización de las compañías teatrales. Rastrea el origen del término y expone sus características  fundamentales: se trata de obras cortas que abordan un único tema para un número reducido de espectadores, interpretadas por pequeñas compañías y cuyos autores comienzan a salir del anonimato. El Interludio demostró ser un instrumento de propaganda de la iglesia Reformista en tiempos de Enrique VIII, que rivaliza con viejas formas teatrales, los Misterios y las Moralidades. Por lo tanto, el Interludio sostuvo sobre la escena el debate político-religioso que convulsionaba la sociedad inglesa de la época. El profesor evalúa tres tipos de interludios y sus obras más relevantes: el interludio moral, que subdivide en “interludio moral no reformado” e “interludio moral reformado”, el interludio cómico y el interludio histórico-político. En este apartado encontraremos, con agrado, un breve análisis de la versión inglesa de nuestra Celestina en el Interludio de Calixto y Melibea.

El eslabón final hacia el teatro isabelino, queda plasmado en los capítulos destinados al estudio de la comedia y de la tragedia. En este aspecto, el autor determina dos cuestiones fundamentales respecto del teatro inglés en la primera mitad del siglo XVI: la formación de compañías de actores profesionales, y las obras clásicas representadas en escuelas y universidades por sus propios alumnos. Tanto en la comedia como en la tragedia, establece dos etapas. Un periodo de imitación de las formas y temas de las obras latinas y griegas, utilizando el latín como lengua, y un segundo periodo en el que surgirán obras originales con argumentos adaptados a la sociedad inglesa, utilizando además el inglés. También se hace eco de la influencia mutua de las dramaturgias europeas del momento, que sin duda encontró amparo en la expansión de la imprenta y en la incipiente industria editorial.  

Concluye el estudio con una visión general sobre dos aspectos imprescindibles: los espacios escénicos y los actores.

Detalla los diferentes espacios adaptados a cada forma teatral: las iglesias, calles, casas, plazas, salones, hasta llegar a la construcción de edificios especiales, exclusivamente pensados para la actividad teatral a finales del siglo XVI. La revisión de estos espacios escénicos ha servido en épocas recientes para la reconstrucción de espectáculos medievales o para la puesta en escena de manifestaciones dramáticas vanguardistas.

Las diferentes agrupaciones de actores también son sometidos a estudio, atendiendo a su estatus social y a sus funciones dentro del periodo analizado. Afronta el repaso de los diferentes actuantes como los mimos, los clérigos, los seglares, los actores profesionales y los escolares. Expone finalmente la participación residual de las mujeres en el teatro medieval y renacentista, desde la revisión de vestigios documentales.

Para terminar añade una tabla cronológica y un índice de nombres y materias, que facilitan la consulta de la obra.

En su conjunto, el estudio de Antonio López Santos aporta una visión novedosa del teatro inglés y europeo anterior a Shakespeare, que resultará de especial interés para los lectores de habla española.

 Salomé Aguiar

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