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Reseñas de libros

Camino leal

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Autor del libro: Martínez Allende, Francisco. (Edición de Juan Antonio Hormigón)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2014. (Serie: Literatura Dramática Iberoamericana, nº 68). 288 págs.

Nuestro exilio, el que comienza en 1936, como la nueva diáspora que ahora se renueva, sigue siendo una de las páginas más negras de nuestra historia entera, sobre todo considerando el silencio infame al que se ha condenado a un numeroso grupo de compatriotas, que hubieron de huir de la muerte por pensar en modo diferente al de esa minoría que desgobierna nuestros destinos desde tiempo inmemorial, pero sobre todo desde que Fernando de Borbón, dicho el séptimo, decide eliminar de un cantazo la Constitución magna de 1812. En los territorios efímeros del exilio sigue, ignorada, marginada y maltratada, una parte importante de nuestra historia más granada, en la trayectoria y la obra de pensadores ilustres como Lorenzo Luzuriaga, que renueva el pensamiento pedagógico del cono sur, hasta creadores de la talla de Miguel de Molina, uno de nuestros mejores cantantes de copla, apaleado en su día por reputados falangistas amantes de viejos blasones.

Con una magnífica edición de Juan Antonio Hormigón, plena de notas y apuntes bibliográficos, y publicada por la Asociación de Directores de Escena, llega a nuestras manos Camino leal, de Francisco Martínez Allende, un actor, director y dramaturgo nacido en 1906 en Sirviella, Cangas de Onís, Asturias, y que como tantos, tras pasar por un campo de concentración para republicanos en Francia, se exilia en América, pasando por diferentes países hasta recalar en Argentina, en donde continuará su carrera profesional, con notable éxito y manteniendo en todo momento su compromiso con la España republicana. De toda su vida se informa en el demorado estudio preliminar elaborado por Hormigón, en el que, no obstante, convoca otros textos y voces, como las de Ana Seoane, Pedro Simón, Mecha Ortiz o Ali Echeverría, todas pertinentes.

Del generoso estudio preliminar de Hormigón hemos de destacar en particular cuestiones especialmente relevantes, en relación con la naturaleza de conceptos como teatro político o teatro de agitación y propaganda, con la naturaleza y el desarrollo del Consejo Central del Teatro del gobierno de la República, con los diferentes proyectos de teatro de guerra que se desarrollan en España entre 1936 y 1939, o con el viaje que realiza a la Unión Soviética, para asistir al Quinto Festival de Teatro Soviético de 1937, una delegación española en la que participan personalidades como Cipriano de Rivas Cheriff, nuestro gran director que vio truncada una de las más brillantes trayectorias escénicas, Miguel Hernández, Enrique Casal Chapí, María Gloria Álvarez Santullano, o el autor que presentamos, entre otros. Como señala Hormigón, se trataba de una excelente oportunidad para conocer las diferentes líneas de trabajo del teatro de la URSS que en años precedentes había desarrollado numerosas experiencias en muy diversas direcciones, y de las que Martínez Allende dará cuenta en algunos trabajos de los que se reproducen párrafos significativos en esta presentación de la que fue su vida, obra y trayectoria.

En efecto, Hormigón siguiendo el trazado de la peripecia personal del autor a través de la peripecia colectiva de toda una nación, escribe una magnífica biografía intelectual y teatral de un hombre del que Mecha Ortiz, una de las más grandes actrices de Argentina, decía que había “abandonado su futuro aquí, para luchar por sus ideales durante la Guerra Civil Española”. Martínez Allende, que a los 13 años ya se encontraba emigrado en Argentina, en donde inicia su carrera como actor, regresa a Madrid en 1935 para sumarse a la lucha por la República, crear un centro de formación de actores y echar a andar una compañía que denominará La Tribuna, Teatro del Pueblo. Toda una declaración de intenciones.

Además del excelente trabajo de Juan Antonio Hormigón, que ayuda a situar el texto en su complejo contexto, Camino leal está precedido por un emotivo prólogo de José Bergamín, que nuestro poeta escribe para la primera edición, de 1941, impresa por la Editorial Séneca en La Habana, según cuenta Pedro Simón. Un prólogo en el que Bergamín recuerda “tanta sangre como la que se vertió injustamente durante tanto tiempo” para mantener viva la llama de la dominación y la barbarie, la que vienen padeciendo las clases subalternas en España desde tanto tiempo atrás, y ahora mismo, como siempre, como dios manda, que diría el señorito. Camino leal, como título, pone en valor ese concepto básico de respeto y lealtad, valores que las clases dominantes en España jamás manejaron, pues la única fidelidad que conocieron y conocen es la defensa a cualquier coste de sus espurios intereses de clase, o de cuna que diría el señorito.     

Camino leal, que antes fue Al resplandor de la hoguera, recrea la peripecia personal de Griselda y Teleñín, una pareja de asturianos comprometidos con la justicia social, en el marco general de la peripecia que vive Asturias la obrera, en su lucha heroica contra la explotación y la miseria, aquella que provocó la insurrección de 1934, nuestra Revolución de Octubre, y que fue duramente reprimida por el ejército y la guardia civil, fuerzas de destrucción masiva comandadas por mandos que mostrarían su pasión por la barbarie y el exterminio: Lisardo Doval Bravo, Juan Yagüe Blanco, Eduardo López Ochoa o Francisco Franco, entre otros. Un texto magnífico, coral, en el que se deja sentir el peso del teatro político de vanguardia, y que da cuenta de la heroicidad de aquellas personas que en 1936 hicieron frente al genocidio.

Diremos que se trata de un texto magnífico, escrito por quien conoce a fondo la carpintería dramática, y que sabe dotar a las escenas del realismo necesario, para huir del naturalismo extremo, pero que también decide introducir elementos nuevos, como ese magnífico monólogo, que se inicia en la página 183, y en el que Teleñín, personaje principal, se dirige a los espectadores para, rompiendo la convención de que lo que se muestra es ficción, mostrar, como personaje, la naturaleza real de los hechos, para que sus oyentes se posicionen, para que reflexionen a través de una peripecia ajena en torno a su propia peripecia. Un texto que acierta a mostrar igualmente, con notable objetividad, las posiciones de los dos bandos enfrentados: los que luchaban por mantener el orden constitucional de la Segunda República, y los traidores y felones.

Todo un acierto, en beneficio de nuestra historia, y para que se puedan oír las voces de los que todavía habitan tantas cunetas en tantas carreteras. Bien hubiera hecho la ADE en enviar un ejemplar a Gonzalo Anes Álvarez Castrillón, dicho marqués desde 2010, y Director de la Real Academia de la Historia, para que supiera de lo ocurrido en su tierra, para que supiera de la historia que se nos ha hurtado a los españoles, y de la que nos han torcido. Para que esa Academia dicha Real lo sea de Historia y no de propaganda franquista. Tantos años después, Asturias, España, y el mundo entero, todavía esperan, al menos, una disculpa, una necesaria reparación ética y moral. También por la fechoría del 4 de mayo de 1814, causa primigenia de tantas otras fechorías posteriores.

Un libro para regalar, no lo duden.

MF Vieites

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