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Reseñas de libros

Teatro de humor

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Autor del libro: Yves Frémion. (Edición y traducción de Lydia Vázquez)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2015. (Serie: Literatura dramática, nº 90). 153 págs.

Un total de 7 piezas breves, que abarcan entre sí casi medio siglo de distancia, son las elegidas por Lydia Vázquez responsable de la edición, para presentar el trabajo dramatúrgico de este autor nacido en Lyon en 1947, Yves Frémion, que reúne en su haber una dilatada carrera comprometida con el mundo de la cultura, la crítica y la política. Hijo de su época, nos muestra en sus textos rasgos de la escritura surrealista y dadá de su juventud. En ocasiones parece escribir estas piezas breves, como si se tratara de un cómic, lenguaje que conoce a la perfección, dibujando a grandes trazos sus personajes y situaciones dramáticas. Sus propuestas parecen estar más sujetas al arte de la libre y efímera improvisación, que a cánones formalmente establecidos; con frecuencia entra en territorio de luces y sombras provocando que sea el lector quien termine de perfilar la trama.

Abriendo las selección tenemos ¡Vete al quinto pino y no vuelvas! Escrita en 1969, se desarrolla en ocho cuadros que incluyen prólogo y epílogo, de estructura cíclica, cuenta con un Narrador que nos introduce en la historia como si se tratara de un cuento, utilizando formulas clásicas como la famosa: Érase una vez…. El señor y la señora Dupón, con lenguaje casi de guiñol, se presentan y describen su rutinaria vida y la intención de cambio, al tomar la decisión de comprar una pequeña granja y abandonar los trabajos; sus diálogos carecen de cualquier afectación psicológica.

“Señora Dupón.- Me levanto todos los días a las siete, desayuno, salgo, cojo el metro, entro en la  oficina, trabajo, hasta las doce, como en el restaurante de la oficina, vuelvo a trabajar hasta las seis, vuelvo a coger el metro, hasta la casa, ceno, veo la tele, me acuesto, duermo, duermo, duermo, duermo.”

Junto a ellos la aparición fugaz de tres personajes: el cura, la vecina doña Benita, y el Delegado de la Caja Rural, perturban y ensombrecen su armonía y la feliz existencia como campesinos a fuerza de obligaciones o augurios amenazadores. La compañía del sonido de una radio, marca el paso del tiempo y las constantes catástrofes meteorológicas, que echarán a perder la cosecha; todo lo anterior, terminará por  relanzar nuevamente a los protagonistas al punto de partida.

Escritas en 1985 y 1966 respectivamente, y desarrolladas en un solo acto, tenemos El señor Clove es todo un cuadro y Papá León. En la primera nos encontramos con dos personajes, el señor Forni, director de una galería de arte y el señor Clove, aficionado a la pintura, que cuenta con la peculiaridad de verse presa de violentos ataques de destrucción frente a la obra de un reconocido pintor; este hecho será aprovechado por Forni para averiguar la autenticidad de la obra que posee del artista en cuestión, propiciando un trabajo bien remunerado a Clove como detector de falsificaciones, por supuesto siempre cuidando su salud, que estará bajo la atenta tutela de un médico. La segunda pieza, con formato de cuento navideño, tiene como protagonista a un anciano zapatero que es descubierto a media noche encajado en la chimenea de una casa, cuando se disponía a remedar a papá Noel, según confiesa, con el fin de seguir perpetuando la creencia del joven hijo de la familia, que tras aprender la existencia de los anagramas en la escuela, dispara su imaginación hasta llegar a creer que León el zapatero, es el auténtico papá Noel, pero esta declaración pronto se verá desmontada y conoceremos su autentica motivación, totalmente antagónica al verdadero Noel.

Dentro de la categoría de  teatro radiofónico, este volumen presenta tres piezas: La multa, El accidente y Libros. A diferencia de las anteriores totalmente desprovistas de acotaciones, en estos textos incorpora a través de las didascalias, la atmósfera sonora con la que sugerir y completar el imaginario de su trama.

La multa, escrita en 1984, nos introduce a través de un juego de flashback en la ruptura del cotidiano de LucÍa, una funcionaria de la ORA que cuenta en la comisaría a otra colega un acontecimiento fantástico que le ha ocurrido con un joven, que para librarse de la sanción, le ha lanzado la propuesta de convertirse durante un día en su esclavo. Ante la incredulidad de su compañera y protegiéndose de una capa de dureza para disimular su entusiasmo, vamos viendo cómo se desarrolla la acción que desemboca en la ruptura de prejuicios y apertura de confianza, encumbrando una relación entre Lucia y Daniel, pero apenas han transcurrido tres semanas de habitar el paraíso, cuando el autor lanza una última peripecia al protagonista masculino.

En El accidente, tenemos como protagonistas a dos mujeres, la esposa y la joven amante de la víctima del siniestro,  ambas han llegado al hospital alarmadas por la noticia, y se encuentran en la sala de espera sin saber hacia dónde derivará el  pronóstico, confesando sus sentimientos; la tensa espera se rompe con la intervención del doctor, que tras anunciar el estado crítico del accidentado les permite entrar a verle, pero…, la persona que está en la habitación no es el esposo- amante… las dos mujeres tan felices como consternadas, intentan descubrir qué ha sucedido. Una llamada telefónica lo aclarará todo y conseguirá encajar las piezas del puzle, que reunirá a los tres en un estado de embriaguez absoluto, una ficción nunca soñada por el protagonista masculino que pronto se verá hecha añicos.

Acabamos esta serie de teatro radiofónico con El libro, obra escrita en 2014; en ella encontramos rasgos de suspense y tragedia, serenamente aderezados entre sí. La obra  comienza con una charla telefónica en la que Claudio, joven escritor, confiesa a su prima Mónica, la incapacidad de escapar de un sueño obsesivo que perdura desde hace 20 años de una forma tan vívida, que le hace desdibujar la frontera entre realidad y ficción; al acercarse el tiempo en el que el acontecimiento debe ocurrir, todos los indicios conducen a su trágico desenlace, Claudio parece estar ajeno al peligro que ello conlleva y enajenado ante la fuerza del oráculo se siente obligado a cumplir su trágico destino, pero en esta ocasión una doble pirueta realizada por la mujer que encarna la obsesión, hará lanzar por los aires dicha predicción, diseñando su tragedia particular.

Y por último contamos con un monólogo titulado Manuscrito artificial o los días tienen solo 48 horas, que nos presenta un día en la vida de Antonio Fremón, escritor multimedia de 40 años. Como si de un ejercicio de autoexorcización se tratara, nuestro protagonista, alter ego del autor, nombrado de mil maneras erróneas constantemente, comparte una radiografía de su cotidiano, a través de conversaciones telefónicas. En tan solo 24 horas, diseccionadas en 38 microescenas y oscuros, habla con: editores, distribuidores, productores, coautores, redactor jefe, y muchas voces femeninas, pertenecientes a secretarias de un sinfín de editoriales -cuyos nombres hacen guiños a otras conocidas como panceta/agustino, pentagrama-, esposa, amantes varias, banqueros, presentador de radio, señor sacacuartos, etc., todos ellos van generando poco a poco el umbral de su angustia y los límites de su frustración, aderezado con un buen toque de sarcasmo y humor.  

La lectura de estas piezas y su brevedad le confiere un curioso efecto de fugacidad a este Teatro de humor de Yves Frémion, ideal para asomarse a un tipo de textos que tienen la maestría de no pretender ser más de lo que son y aun así, encierran la originalidad de convertirse en esos agradables recuerdos que permanecen en la memoria por su frescura, humor y dramáticos e inesperados presentidos finales.

Rosa Briones

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