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Reseñas de libros

Hacia una historiografía del espectáculo escénico

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Autor del libro: Juan P. Arregui
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2016. (Serie: Debate). 253 págs.

Cuantos lectores piensen que literatura dramática y representación escénica son dos elementos fundamentales y estrechamente interrelacionados de la actividad teatral, pero de naturaleza esencialmente diferente; que es incorrecto subsumir la historia de la representación escénica en la historia de la literatura dramática, o considerar que aquella se encuentra suficientemente integrada en esta; o que, al revés que la historiografía de la literatura dramática, que ha conocido a lo largo de los siglos un desarrollo más que sólido y extenso, la relativa al espectáculo escénico es (casi) una asignatura pendiente, al menos por comparación con la primera… todos ellos encontrarán en este libro de Juan P. Arregui interesantes desarrollos teóricos y abundante información documental para seguir sosteniendo tales convicciones y argumentar en su favor.

De alguna forma, el lector puede encontrar tres libros en este libro si se empeña en ello. Cuidado, no se trata de sugerir con esta observación que sea un texto construido sobre la base de hacer la adición de tres fragmentos en el fondo diferentes. Por el contrario, no solo se adivina, sino que resulta explícito el afán integrador del discurso que se extiende a lo largo de sus páginas. Pero también es cierto que este propone o facilita al lector tres posibles focos de atención.

El primero es un análisis detallado y sólidamente argumentado sobre las diferencias conceptuales que existen artes del espectáculo, artes escénicas y artes perfomativas, tres términos que, reconozcámoslo, suelen ser utilizados de manera abusiva e incorrecta como sinónimos por quienes abogamos por el establecimiento de una clara distinción entre literatura dramática y representación escénica.

La exposición que Juan P. Arregui hace al respecto no se circunscribe a la mera precisión en las definiciones de esos tres conceptos y sus distinciones, lo que ya sería de utilidad suficiente, sino que alcanza a las consecuencias teóricas que se derivan de las condiciones en las que son empleados unos y otros. Por cierto, que tengo para mi como conclusión que la estructura que se deriva de los planteamientos desgranados en esta parte del libro no conducen, como se piensa a veces de manera intuitiva, a suponer que los conceptos citados dibujan tres círculos concéntricos, sino tres círculos interseccionados, cual diagramas de Venn.

Por último, este foco de atención se complementa muy adecuadamente con un segundo capítulo en el que la propuesta de construir una epistemología del espectáculo escénico apela a un interesante paralelismo entre estudios teatrales y musicología, en el que la relación entre partitura y ejecución de la pieza musical no parece estar muy lejos de la existente entre texto dramático y representación escénica.

El segundo posible foco de atención, que con toda lógica ocupa la parte central y más extensa del libro, es el que responde de manera más directa al propio título de este. Se trata de una muy detallada y documentada relación de las obras que ha producido la historiografía del espectáculo teatral desde principios del siglo XVI hasta mediados del siglo XX.

No consiste en un mero recuento o listado de títulos, sino que se ofrece de los más relevantes algún rasgo o información de interés sobre su contenido u orientación; y, sobre todo, la relación se halla rigurosamente estructurada en bloques cronológicos sucesivos, para cada uno de los cuales se exponen los factores principales que explican que el desarrollo historiográfico se centrara en tales o cual aspectos. Cabe subrayar que el lector apreciará seguramente que la idea o impresión tópica de que no existe una historiografía del espectáculo escénico puede ser cierta en términos comparativos, pero no en términos absolutos, como bien prueba la minuciosa información bibliográfica, pasablemente amplia, que se facilita en estas páginas.

A su vez, el tercer foco de atención se encuentra en un breve capítulo de cierre en el que el autor apunta cuáles pueden ser las perspectivas actuales de desarrollo de la historiografía del espectáculo escénico y cuáles sus retos principales. Por último, el libro se cierra con una abundante bibliografía que se extiende por más de 60 páginas.

Digamos, para terminar, que se trata de un texto de lectura muy exigente por su extraordinaria precisión conceptual; y, seguramente también, porque el propósito teórico que lo anima, aunque se halla moderado por un título que recuerda poderosamente los de no pocos textos clásicos de décadas pretéritas (“Hacia una…”) es incuestionablemente ambicioso. En este sentido, parecería que la relativa brevedad de la exposición se ve compensada por una rigurosa y constante exactitud terminológica que da al conjunto del texto una notable densidad.

Alberto Fernández Torres

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