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Reseñas de libros

Los libertadores Bolívar y Miranda / Retablo de Yumbel

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Autor del libro: Aguirre, Isidora. (Edición de Carmen Márquez-Montes)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2013. (Serie: Literatura Dramática Iberoamericana, nº 67). 205 págs.

Mencionar el nombre de Isidora Aguirre es hacer referencia a una de las mayores figuras de la literatura chilena contemporánea. Con un acercamiento a su obra y a su vida recorremos gran parte del siglo XX hispanoamericano, tanto a nivel histórico como en el plano teatral y literario. Esta estrecha relación entre arte y existencia está íntimamente ligada a nuestra autora ya desde su más tierna infancia, de la mano de una familia con clara vocación artística e intelectual que se ve enriquecida gracias a las continuas tertulias del mundo de la cultura, tanto de Hispanoamérica como de España –sobre todo en la época del exilio–, a las que asistió siendo aúnuna niñaen su propia casa. Ese interés por el arte fue creciendo durante la adolescencia y, aunque estudió Servicio Social, su vocaciónliteraria continuó a la par que sus estudios hasta que en la década del cincuenta dio el gran salto al mundo de las tablas,  realizó una carrera imparable hasta el fin de sus días, toda una vida entregada por entero al arte, a la literatura y a la reflexión y compromiso con la sociedad.

Su teatro, siguiendo los postulados de Piscator y Brecht desde los años sesenta, combina los avances y la experimentaciónteatral con un fondo temático imbuido en la realidad social del país y del mundo, creando un verdadero teatro comprometido con la historia y combinando así las dos vertientes comentadas: el arte y la cultura aprehendidos desde su niñez y su compromiso ético y social con las clases más desfavorecidas a través de su labor como trabajadora social.

Este libro reúne dos obras teatrales que corroboran ese compromiso de nuestra dramaturga chilena con la historia de su país y de toda Hispanoamérica, siempre desde la búsqueda de la verdad y de la otra historia de la que hablaba Unamuno, esa «intrahistoria» muchas veces silenciada por las grandes voces y acontecimientos de nuestro pasado y nuestro presente pero que, paradójicamente, son la base del devenir del mundo.

Con una magnífica edición realizada por Carmen Márquez-Montes, profesora titular de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, el libro cuenta con una introducción concisa y precisa de los datos fundamentales para el acercamiento del lector a la autora, un análisis de las dos obras integradas y una brillante entrevista con la propia Aguirre que no tiene desperdicio y supone una exquisita perita en dulce. En ella, Isidora nos enseña algunos de los aspectos más importantes de las dos obras teatrales referidas, así como parte de su proceso creativo, elementos de vital importancia, pues debemos tener en cuenta que si bien, en muchas ocasiones, pasan inadvertidos dentro de la críticaliteraria, estas ideas y reflexiones del propio autor pueden dar nuevas perspectivas de interpretación a las obras.

En cuanto a Los libertadores Bolívar y Miranda, la obra recrea los últimos días de vida de SimónBolívar, protagonista de la obra, recluido en la casa que le proporciona un comerciante españolen Colombia. Bolívar, junto con su ayudante José, vive alejado de la sociedad que él ayudó a construir mediante las luchas de la independencia hispanoamericana. Enfermo y casi al borde de la muerte, navega entre las aguas de la realidad y el delirio, ahondando en una reflexión personal acerca de sus actos y su vida, como una especie de confesión espiritual con los fantasmas de su pasado.

La obra, dividida en dos partes, comienza con un grupo de estatuas en honor a los libertadores de Hispanoamérica, quienes cobran vida y enuncian parlamentos que antaño lanzaron al pueblo americano pero, lejos ya de esa época, carecen de fuerza, de valor y resultan vacíos y patéticos, teniendo en cuenta que sus sueños nunca llegaron a completarse del todo; a su vez, el diálogo entre estos personajes deja entrever claras evidencias de que, tras esa historia en mayúsculas, se esconden grandes sombras. Esta primera escena sitúa al espectador ante el desarrollo de la obra, dejando claro desde el principio esa alternancia caítica entre ficcióny realidad en la que José, como Sancho Panza, lucha por mantener sin éxito a Bolívaren el mundo real, lejos de las alucinaciones quijotescas.

En sus delirios, Simón recorre su niñez de la mano de personajes tales como Hipólita, la esclava negra que lo crió, el Padre Andujar –un sacerdote español– y Simón Rodríguez, maestro del joven Bolívar. A su vez, narra las vivencias con María Teresa, su esposa –quien murió al poco del casamiento–, los amoríos con Manuela Sáenz y las experiencias y sucesos de su vida en París y en Roma, lugar donde realiza el juramento con el que finaliza esta primera parte. En ella, podemos observar cómo se produce un desarrollo no sólo físico sino tambiénpsicológico, políticoy cultural del joven Bolívar hasta la figura en la que se convirtió para la historia de Hispanoamérica y del mundo entero.

La segunda parte, en cambio, centra su acción, en la relaciónentre Bolívary Miranda, a quien Simón consideraba un ídolo al que seguir y aclamar. De este modo, podemos observar cómo se conocieron ambos en Londres y de quéforma se desarrolló la relación entre ellos y el sentimiento de admiración mutua que compartieron, ahondando también en las sombras, es decir, las rencillas, envidias y problemas que existían entre los héroes de la independencia; todo ello, desde los delirios del moribundo Simón. En este sentido, Bolívar parece intentar conseguir, a través del diálogo con Miranda, su perdón por haberle fallado y haber dudado de su implicación en la lucha de independencia, y así redimirse y eximir sus culpas.

La obra, a su vez, posee un valor añadido al ceñirse en gran parte de sus diálogos a las cartas y documentos que el propio Bolívar escribió y recibió durante su vida, con especial atención a la Carta de Jamaica y a la proclama del cuartel general de Pasto, en Perú, del 29 de julio de 1824, tal y como explica la profesora Carmen Márquez en su prólogo.

Por otro lado, el Retablo de Yumbelcuenta la historia de una serie de sindicalistas que desaparecieron el 14 de septiembre de 1973 y cuyos restos aparecieron en esta zona del norte de Chile seis años más tarde. La obra, dividida en dos partes y ocho cuadros, combina prosa, verso y canción, y desarrolla con ingenio una trama metateatral en la que se superponen dos planos referenciales: la acción que se desarrolla en la plaza de Yumbel por unos actores que ensayan el martirio de San Sebastián junto con los familiares y madres de los desaparecidos que comentan con los propios actores lo acontecido en el lugar.

San Sebastiáfue un mártir cristiano que, habiendo sido nombrado pretoriano por el Emperador romano, intenta salvar a sus hermanos religiosos de las torturas y vejaciones que sufrían por orden del César, al ser acusados de herejes y traidores. Por ello, es ajusticiado y asaetado al no negarse a renunciar a su fe.

En este hábil juego dramático, Isidora Aguirre toma la vida de San Sebastián y su martirio a favor de los cristianos en la época romana para relacionarla directamente con los crímenes de Yumbel, que tanto impacto causaron en aquel momento y, así mismo, de todas aquellas injusticias y atrocidades que se estaban cometiendo durante la dictadura de Pinochet en Chile y en las demás dictaduras hispanoamericanas de la época.

Esta obra fue muy meditada por Aguirre a la hora de escribirla, teniendo en cuenta la situación que se vivía en aquel momento pero, tal y como explica en la entrevista concedida a la profesora Carmen Márquez, sintió una necesidad imperiosa de llevarla a cabo como protesta contra la realidad del país.

Fiel defensora de los oprimidos, quienes muchas veces no tienen la posibilidad de alzar su voz, el teatro de Isidora Aguirre se eleva como un canto de conciencia hacia la sociedad y cuyos ecos resuenan bajo los estandartes de la justicia, la igualdad y la verdad. Con sus obras, Isidora nos abre la puerta a un mundo cuyas sombras muchas veces intentamos evitar, situando al espectador frente a la otra realidad, la otra historia que también debe ser contada, con un compromiso vital y literario con el mundo en que vivimos y en el que su voz y sus personajes permanecerán por siempre  formando parte de la cultura universal.

David Loyola López

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