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Reseñas de libros

Sacrificio

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Autor del libro: Castillo, Clara Maylín
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2016. (Serie: Literatura Dramática Iberoamericana, nº 77). 152 págs.

Con esta obra se adentra en las espesuras dramáticas la narradora Clara Maylín Castillo. Sus méritos han sido reconocidos en forma de premio por el jurado de la 11ª edición del Certamen de Textos Teatrales “Ricardo López Aranda”, correspondiente a 2015, como bien queda reflejado en la propia portada del volumen.

Salomé Aguiar, en un prólogo cuidado y necesario, ofrece al lector precisas informaciones y algunas perspectivas para ubicar a esta voz cubana, consagrada entre las jóvenes de la isla desde que en 2013 Claridad Tamayo incluyera uno de sus cuentos en su “ya mítica” antología Como raíles de punta. Profusa información de otros reconocimientos literarios se recoge en una nota biográfica de la autora, al final del volumen. Más adelante abunda Aguiar en uno de los referentes de mayor calado en la pieza, que por explícito adquiere aún mayor relevancia y constituye obligada observación: el autor Virgilio Piñero, tan releído póstumamente, y en concreto el personaje de Luz Marina en su pieza Aire frío. Luz Marina quería un ventilador que nunca consiguió y Jimena, la protagonista de Sacrificio, piensa a menudo en ella.

La pieza se compone de tres actos, tres calas en tres momentos precisos de la vida de Jimena: 1974, 1991 y 2005. Si adelantamos que todos ellos transcurren en el mismo espacio, la casa familiar, la única casa que ha conocido Jimena en todo ese lapso, resulta fácil intuir el curso de los acontecimientos, que un año tras otro, una oportunidad tras otra, vienen a dar con los huesos de Jimena en el mismo lugar. A mejor decir, ciegan cualquier puerta de salida para ella. Hasta el final, que es, quizá, la ironía mayor y el más inconsolable dolor, por la forma y el momento en que llega.

El padre de Jimena, Alcides, responde a la imagen tópica del trabajador isleño de perfil bajo, hombre de pocas letras, poca paciencia y salario corto, con más afición a lo que vive fuera de casa que a lo que ocurre dentro de ella, naturalmente inclinado a favorecer a su primogénito, René. Santa, la madre de Jimena, lleva en el nombre su inclinación a hablar con Dios, si bien da la campanada, contra todo pronóstico, en el acto segundo. El resto de personajes (Enrique, Yenima, Usurero, mujer de René), especialmente Carmen, sirven a la dinámica del tiempo y del espacio exterior, agudizando el contraste con la quietud y la falta de avance de Jimena.

En el primer acto tenemos a una joven Jimena entusiasmada con la idea de ser actriz, soñadora, recitadora de versos, que se cree merecedora del apoyo de sus progenitores para estudiar lo que le gusta y valerse por sí misma. Esta joven Jimena en constante contingencia por estreñimiento debido a la náusea que le provoca el cuarto de baño de la casa -más letrina que excusado-, digiere mal la noticia de que sus padres no apoyarán su vocación y no aceptarán verla convertida en actriz. Empieza a interesarse por la economía familiar, tanto para reprocharles su extrema complacencia hacia René como por solucionar al fin el delicado asunto del urinario.

En el segundo acto encontramos a una Jimena enamorada y correspondida. Pero Alcides no ve con buenos ojos su relación con Enrique y tendrá que decidir entre fugarse con su amor o ser obediente y pertenecer a su familia. Opta por lo segundo y por segunda vez comprobamos el largo y lo profundo de sus ataduras a la casa. De nuevo aflora la cuestión del sanitario sin solución, metáfora evidente del bienestar y la felicidad de Jimena. Santa y Alcides tienen grandes diferencias y están en trámite de divorcio mas, como responsables que son de la mujer –ya no tan moza-, alientan su relación con un amigo de la familia, mayor que ella y con posibles, ya se sabe, con esas cosas que a la larga importan. Jimena acepta el casamiento sin amor, según reconoce tranquilamente ante su madre, y cuando todo está dispuesto… la propia madre le toma la delantera y se fuga con el novio. Planchazo y clamor por un baño de lujo, un baño amplio y lujoso, que es lo único a lo que Jimena aspira ya.

El tercer acto pone en primer plano a la Jimena trabajadora, la hormiguita de su casa que debe atender a su padre –aunque Alcides se haya echado una novia más joven que ella- y aprovecha para ahorrar unos cuartillos planchando para el vecindario. Para el espectador Jimena no ha salido de la casa en 31 años, pero el baño nuevo lo tendrá, pese a quien pese. Pronto asoma a su puerta una nueva frustración, cuando fallece Alcides y un usurero exige saldar su deuda, a lo que destina Jimena sus ahorros, faltaría más. Fallece Santa más adelante y para Jimena se abre una nueva esperanza, tal como le hace ver Carmen, pero vendrá René a arruinársela por completo: los padres hicieron testamento antes de que Jimena naciera y nunca lo actualizaron, por lo que Jimena deberá abandonar esa casa, ya lo último que le quedaba por perder: el suelo bajo sus pies.

Blanca Baltés

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