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Reseñas de libros

Tal vez un prodigio / Azabache (Las luces y los gritos) / Las tres hogueras

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Autor del libro: Rodolfo Hernández / Marcial Suárez / Juan Antonio de la Laiglesia. (Edición de Blanca Baltés)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2008. (Serie: Premios Lope de Vega, nº 11). 329 págs.

Blanca Baltés pertenece a ese nuevo grupo de investigadores teatrales que está dando un impulso importante a los estudios históricos en nuestro país, hasta ahora muy abandonados. La edición de estas tres obras del Premio Lope de Vega (1970-1971), constituye el volumen número 11 del proyecto de publicaciones de la ADEque, con noble empeño, pretende analizar y dar a conocer una dramaturgia que abarca títulos imprescindibles para valorar el teatro español del siglo XX. Viene a rescatar del olvido obras que casi siempre sufrieron avatares ajenos a su calidad dramática y que muchas veces vieron abortado su destino natural, el escenario, sin llegar siquiera a ser publicadas. Ahora, al menos, pueden pervivir y ser estudiadas: podemos leer y analizar los textos.

La larga introducción de Blanca Baltés es imprescindible para situar estas obras en su contexto histórico, pero también para acercarnos a su lectura con interés. El año 1970 fue, sin duda, una fecha significativa dentro de la reciente historia de nuestro teatro. Coincidiendo con un momento de importantes convulsiones sociales y políticas, el teatro ocupó un lugar de referencia simbólica capital para movilizar un rechazo y una oposición al franquismo que dejó una huella decisiva en todo lo que luego vino, tanto en el teatro como en la política. Nace el Teatro Independiente, el Teatro Comercial da un giro hacia la renovación y el compromiso social, el público busca con afán y estimula el surgimiento de nuevas formas y contenidos, el Régimen titubea y acaba siendo desbordado por los acontecimientos. Aunque todavía falta un estudio riguroso y de conjunto del Teatro Independiente y del nuevo teatro de aquella época (en la bibliografía aportada en las notas por Blanca Baltés hay referencias muy valiosas, a las que podíamos añadir dos: Castañuela 70, esto era España, señores -Madrid, 2006, Ramalama Music, edición de S.Trancón- y Ángel Facio y los Goliardos. Teatro Independiente en España, 1964-1974, de Carlos Alba Peinado –Madrid, 2005, Universidad de Alcalá-), los estudios más moleculares, como éste, son necesarios para poder llevar a cabo luego una visión más molar  e interpretativa.

El Premio Lope de Vega, junto al Calderón de la Barca, es sin duda el premio teatral más prestigiado de cuantos, hasta hace poco, estimularon la escritura dramática en nuestro país desde 1948, año en el que se reconoció a Antonio Buero Vallejo y se premió su obra inaugural, Historia de una escalera.

El estudio preliminar de esta edición, además de situarnos las obras y autores en el contexto de aquel año revolucionario de 1970 (nuestro particular Mayo del 68), repasa cada texto aportando datos para su mejor comprensión y lectura, pero también para conocer el resto de la obra escrita de sus autores, no sólo la dramática. Aunque el libro recoge únicamente tres obras (un premio, Tal vez un prodigio, y dos accésits, Azabache y Las tres hogueras), el estudio se amplía al texto premiado en 1971, Solos en esta tierra, de Manuel Alonso Alcalde.

Un simple vistazo a la bibliografía de estos cuatro autores nos produce asombro y desazón a un tiempo. Asombro porque todos ellos muestran una dedicación a la escritura verdaderamente insospechada y, en algunos casos, casi “descomunal”. Marcial Suárez, por ejemplo, entre obras publicadas y guiones originales y adaptados, alcanza 55 títulos; Juan Antonio de Laiglesia, más de 100. Y desazón, porque esta obra ingente apenas tuvo eco en el mundo teatral y cultural del momento, a pesar de la dedicación casi de por vida de sus autores a la creación dramática y literaria. No podemos deducir de ello que la causa haya sido la mayor o menor calidad de sus textos, sino la situación anómala que les tocó vivir (situación que, aun hoy, desgraciadamente, pervive en parte y todavía produce más aislamientos y olvidos de lo que debiera).

El trabajo de Blanca Baltés nos permite reconstruir en parte esa trayectoria frustrada -pese a éxitos fugaces-, que acompañó casi siempre a estos cuatro dramaturgos. Dramaturgos de ideologías dispares, desde el comunista Marcial Suárez al militar Manuel Alonso Alcalde, pasando por el católico “ecuménico” e inquieto Juan Antonio de Laiglesia. 

Otro aspecto llamativo es la originalidad de estas obras, estéticamente dispares, que van del realismo más o menos directo al simbolismo y el teatro de tesis e ideas, pero abiertas siempre a la innovación escénica. Seguramente es éste uno de los aspectos menos estudiados del teatro durante el franquismo. Al fijarnos excesivamente en el contenido ideológico de las obras, a la evidencia de su adscripción ideológica y política, dejamos de lado todo aquello que el teatro, como arte esencialmente creativo, tenía de válvula de escape, de búsqueda de un territorio imaginario de libertad e indagación, aspecto que la censura y el control moral y político no podía fácilmente amordazar. Podemos tener cierta reserva a reconocer la capacidad creativa, innovadora, experimental e imaginativa de muchos de los autores y directores de aquellos años -años infaustos, grises y empobrecedores, de ello no hay duda, pero al mismo tiempo ingenuos y teatralmente muy vivos-, pero hemos de situar el análisis y estudio sobre bases más objetivas, libres de prejuicios o deformaciones.

Así que bienvenidos sean estos nuevos estudios, que nos ayudarán a situar y valorar mejor lo que muchos dramaturgos y directores hicieron en aquellos años de la larga noche del franquismo y su lenta agonía.

Santiago Trancón

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