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Reseñas de libros

Teatro de cabaret

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Autor del libro: Karl Valentin. (Edición de Hiltrud Hengst y Pedro Álvarez-Ossorio)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2007. (Serie: Literatura dramática, nº 73). 432 págs.

Karl Valentin, nacido Valentin Ludwig Fey en 1882. En los albores del siglo XX, tras una infructuosa gira de orquestrión -instrumento creado por él mismo que hacía sonar mecánicamente hasta veinte instrumentos al unísono-, empezó a trabajar como músico y payaso en locales populares y cervecerías de Munich, formando parte de lo que entonces se conocía como espectáculos de variedades y hoy tendemos a describir como teatro de cabaret. Con su trabajo diario se ganó la admiración de autores como Wedekind, Tucholsky, Herman Hesse, Heinrich Mann o Bertolt Brecht, entre otros. Después de su muerte, un lunes de carnaval de 1948, quedó el universo de Valentin plasmado en múltiples textos dramáticos, discos y películas cinematográficas. La impronta que dejó en muchos creadores de vanguardia es perceptible incluso en nuestros días.

Hiltrud Hengst, especialista en filología alemana, y Pedro Álvarez-Ossorio, director de escena, vuelven a formar equipo de trabajo, casi diez años después de su edición de La verdadera vida de Jacob Geherda, de Bertolt Brecht (Revista ADE-Teatro nº 70-71, 1998) y casi veinte después de su edición de El burlador de Sevilla y convidado de piedra, de Tirso de Molina (Alborada, 1988). También hemos de reseñar que Álvarez-Ossorio dirigió, en 1979, el espectáculo Usted tiene otra visión del mundo, sobre textos originales de Karl Valentin.

En esta ocasión emprenden una labor de descripción del ambiente en el que se gestó y creció el éxito valentiniano, para posteriormente acometer un exhaustivo análisis de sus herramientas dramatúrgicas y los elementos vanguardistas que impregnan sus creaciones. Así nos adentramos en el mundo de los payasos, los acróbatas y los Volkssänger, “cantantes populares” que poblaban los locales gastronómicos, las ventas y las cervecerías del Munich de la época, especialmente el barrio de “Au”, donde había nacido Valentin. Allí presenta sus primeras parodias y números breves. Poco a poco se gana al público y elabora sus números con mayor esmero. En 1913 da un salto cualitativo, al formar una genial pareja cómica con Lieslie Karlstadt: siendo uno insensato, alto y delgado y la otra exactamente lo opuesto, evocaban a otras parejas como “el Gordo y el Flaco”, e incluso Don Quijote y Sancho Panza, según ha señalado la crítica alemana.

A la altura de 1922 ya encontramos a Valentin colaborando con Bertolt Brecht en el filme Misterios de un salón de peluquería y el espectáculo La fiesta de la cerveza de Munich. Accede por méritos propios a los teatros burgueses como el Deutsches Theater, el Goethesaal o el Apollotheater, y ya no los abandonará prácticamente hasta su muerte.

El volumen ofrece 18 monólogos, 27 escenas y diálogos y 10 obras de Karl Valentin. Los peculiares usos lingüísticos del autor han convertido la traducción en una auténtica tarea de recreación, según declaran los propios editores, siempre conscientes de que son textos para la escena. A través de las diferentes piezas empezamos a conocer a los personajes de Valentin, gentes corrientes, trabajadores, niños, padres de familia a los que sorprendemos en situaciones absolutamente cotidianas, como hacerse una foto, ir al teatro, a una clase de cítara, a encontrarse con un amigo, comiendo sopa, buscando las gafas, escribiendo una carta o buscando la forma de aliviar un persistente dolor de muelas. Valentin trabaja estas situaciones desde el “nonsense” y los juegos lingüísticos, pero con una lógica interna aplastante de donde resulta la comicidad de los personajes y las situaciones. Valentin aplica herramientas y procedimientos vanguardistas como el absurdo, el distanciamiento, el efecto de retardación o la falta de esperanza en un mundo social que se desmorona.

El resultado de todo ello es un pez que muere ahogado en el Istar, un amante del deporte que asiste a los Juegos Olímpicos de Munich pero el día siguiente de que terminara el evento, unos padres que escriben a su hijo pequeño como si escribieran a un ministro, un acusado que confunde al juez con juegos verbales, un señor que intenta obtener una respuesta afirmativa de otro que siempre dice que no, y un teatro, un teatro donde siempre surgen problemas, aunque podrían solucionarse, quién sabe, con la fórmula mágica de Valentin: acudir con dos entradas a una representación, o incluso hacerlo obligatorio, igual que la escuela.

Hemos de celebrar esta magnífica edición en castellano de piezas de Valentin, autor frecuentado por alumnos y profesores de arte dramático pero de escasísima atención impresa en España. La lista se agota en la edición que publicó el Institut del Teatre en el año 2000, que recoge algunos textos traducidos al catalán por Feliù Formosa.

Brecht afirmó que “Quien quiere aprender cómo se hace un drama, tiene que ir a ver una función de Valentin”. Su creación es la sorpresa constante de la más absoluta normalidad y la absurda complicación de la absoluta sencillez. Valentin era amante de los inventos, y cuando le faltaban referentes, no dudaba en inventarlos él mismo, empezando por su orquestrión y terminando por el “magneto-anzuelo-piscícola” o el “aparato de cogida y prevención de las gotas de la nariz”.  Parafraseando a uno de sus personajes, diríamos que lo que sucede en el teatro de Valentin “no puede pasar en ningún otro sitio”. Y alguien cercano nos contestaría: “Lo único que pasa es que no lo dicen”.

Blanca Baltés

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