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Reseñas de libros

Teatro y Política: Barcelona (1980-2000)

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Autor del libro: Lourdes Orozco.
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2007. (Serie: Debate, nº 12). 384 págs.

El título de este ensayo puede constituir, por sí mismo, un extraordinario atractivo para el lector potencial, que estaría autorizado a suponer, no sin razón, que lo que se le está ofreciendo en él es una especie de crónica analítica de los acontecimientos que se ha producido en el panorama teatral de Barcelona durante 1980-2000, período obviamente no sólo decisivo, sino también reciente.

Pues bien, aunque no deja de haber en él algo de todo esto, el animoso lector que así acudiera al texto podría sentirse defraudado.

Digamos cuanto antes que se trata de un ensayo elaborado por una especialista del mundo académico. Vaya, aquí es seguro que más de un lector potencial de esta revista se habrá defraudado del todo. Y quizá no sin razón. Convengamos que, salvo contados trabajos realizados por investigadores muy estrechamente relacionados con el mundo de la escena, que son más bien pocos, las escasas incursiones de los especialistas universitarios en el campo escénico español generan, como vino a decir un filósofo de otro filósofo, tanta convicción como falta de entusiasmo. Son correctas, sin duda, pero muy poco útiles para el resto de los profesionales del sistema escénico. Cierto es que la utilidad para el mundo de la escena no es, ni tiene por qué ser el objetivo de tales investigaciones, que responden muy legítimamente a otras finalidades. Pero el hecho cierto es que pocas veces la tienen, lo que no ha contribuido precisamente a estrechar la zanja que habitualmente separa ambos campos de conocimiento.

Sin embargo, en este caso, la información de que el libro en cuestión constituye una investigación generada en el mundo de la investigación académica no pretende ser un argumento disuasorio, sino todo lo contrario. Su procedencia ha impuesto al trabajo, cual sello sacramental, un plus de rigor y hasta de distancia del que rara vez somos capaces los que, pretendiendo analizar acontecimiento recientes con alguna pretensión de profundidad, no dejamos de resultar abducidos por la proximidad histórica de los hechos y sesgamos nuestro discurso más hacia la política teatral que hacia el análisis de la política teatral, lo que no es exactamente lo mismo.

Ojo, no sugiero que lo primero sea peor necesariamente que lo segundo, sino simplemente que no es lo mismo. Y que, cuando ese sesgo no es voluntario, sino fruto del efecto hipnotizador que los árboles ejercen cuando uno trata infructuosamente de abarcar el bosque, el resultado no es del todo satisfactorio.

En este caso, no es así. No estamos ante un ensayo "de" política teatral, sino "sobre" la política teatral, en un ámbito, en un período y a través de una instituciones claras y definidas. Leyéndolo, uno termina por acordarse de aquella frase de Brecht en la que decía algo así como que la cosa se trata no de mostrar un árbol como quien habla a un hombre, sino de mostrar un árbol como quien habla a un jardinero.

Pongamos un ejemplo. Lourdes Orozco analiza los fundamentos, modo aplicación y consecuencias de la política teatral implementada en Barcelona en los veinte años mencionados. )Y cómo arranca su libro? Con un capítulo centrado en discutir acerca de qué cabe entender por "política cultural" y, como lógica derivada, por "política teatral". )Y cómo sigue? Con un capítulo dedicado a analizar los orígenes y situación actual del catalanismo, fenómeno sin el cual el entendimiento de la política aplicada por un Gobierno de tal confesión ideológica sería literalmente ininteligible. )Y cómo continúa? Con el análisis de la naturaleza, objetivos y orientación de las instituciones públicas a través de las cuales se han ejecutado esa política teatral.

No faltan, no pueden faltar, en el libro de Lourdes Orozco múltiples referencias concretas a hechos concretos. Pero que nadie espere en sus páginas ningún género de concesión al periodismo, ni de ajuste de cuentas más o menos sustentado por la materia primera que deja la memoria. Es otra cosa. La investigadora va a la materialidad, a lo sustantivo: a los hechos que resultan fehacientemente probados por documentos y fuentes fiables. Quizá le falte en ello un cierto sentido selectivo o discriminatorio..., pero, ay, ya estaríamos cayendo con esta observación en la política teatral, y no en su análisis.

Es a partir de ese análisis factual y documental de donde Lourdes Orozco extrae sus conclusiones. Unas conclusiones que tienen, en la propia frialdad analítica con la que son formuladas, un efecto sin duda demoledor. Simplemente, y empeoro sin voluntad alguna la manera en la que son expuestas, que la política teatral aplicada en ese entorno y en ese período determinado ha dado lugar a una intervención pública en la actividad teatral que no ha partido de un análisis riguroso de las fortalezas y necesidades del sistema social, económico y cultural en el que habría de aplicarse, ni ha estado prioritariamente orientada a resolverlas. Y que, por consiguiente, no ha contribuido precisamente al aprovechamiento de sus enormes potencialidades, ni a su cohesión, ni a su mejora. En suma, que por tanto y por ello, bien merece el diagnóstico de eso, de intervención pública.

Mal harían los lectores interesados de ese entorno concreto si vieran en el excelente trabajo de investigación de Lourdes Orozco algún género de agresión, siquiera intelectual, o de censura interesada. O si se escudaran en el manoseado tópico de la lejanía geográfica, de extraordinaria indigencia intelectual, para argumentar en contra de sus conclusiones. A mi juicio, lo que Teatro y Política: Barcelona 1980-2000 pone en juego son cosas mucho más importantes -sí, incluso más importantes- que si la política teatral aplicada en la capital de Cataluña ha sido buena, mala o regular.

Lo que pone en juego es que es posible aplicar con rigor los criterios propios de la investigación académica para dar lugar a un texto de extraordinaria utilidad para el desarrollo de la política  teatral y, en especial, para la identificación de buenas y malas prácticas en este terreno. Y que el modelo de análisis propuesto en su ensayo debe y puede ser aplicado a otros ámbitos teatrales del territorio español -o al conjunto del mismo-..., lo que, por cierto, seguramente daría lugar a conclusiones de parecida naturaleza.

            Alberto Fernández Torres

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