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Reseñas de libros

Ilusión / La voz de las sombras

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Autor del libro: María Teresa Borragán. (Edición de Simona Moschini)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2006. (Serie: Literatura dramática iberoamericana, nº 50). 270 págs.

Simona Moschini, responsable de esta edición, presenta un interesante y minucioso trabajo de investigación, enmarcado en el  entorno socio cultural del teatro y haciendo hincapié en su vertiente escénica. Apoyada en una amplia gama de estudios que conforman los marcos referenciales del teatro español del S.XX, especialmente de sus primeras décadas, de los que ofrece extensa e interesante referencia bibliográfica.

Bajo el sugerente título deUna Atlántida sumergida, la dramaturgia femenina española en los años 20, Moschini nos introduce las interrogantes que se convirtieron en el eje de su estudio: ¿Cuál es la nueva identidad femenina que sale de los textos de la autora? ¿Qué estereotipo de la tradición coge? ¿Cuáles son las influencias literarias presentes en su obra? ¿Cómo fueron acogidas sus piezas por el público y la crítica?

Esta autora, empresaria y directora artística del teatro Martín en 1924, aunque de manera fugaz, nos acercó a través de su obra, el perfil de una mujer con rasgos modernos, emancipada y miembro de pleno derecho de una sociedad todavía demasiado arraigada en una idea de mujer privada de capacidad de decisión, sometida a unos valores morales, que la postergaban a ciudadano de segunda categoría.

Cabe destacar el proyecto que, como empresaria, desarrolló a través de su "Campaña de ensayo de arte" donde se acogían, según palabras de la propia Borragán, representaciones, obras que otras empresas se obstinan en rechazar por considerarlas incompatibles con las preferencia actuales del público. Apostando por un teatro concebido como herramienta de propaganda ideológica, capaz de incidir sobre los problemas sociales.

La ilusión, su primera obra, escrita en 1917. Nos presenta dentro de un entorno rural, el espíritu de una mujer enfrentada a las convenciones que marca la sociedad, y encuentra sus vías de liberación en la lectura, rebeldía y crítica constante, ante el estrecho camino de la ética y moral imperante.

AMALIA.-...¡Triste privilegio el de haber nacido mujeres y madres de los hombres para ser por ellos postergadas!... Mi pueblo, como la mayoría de los pueblos de Castilla, es un decrépito rutinario, en cuyo corazón, empedernido por los tiempos, no hay eco a la innovación. Víctimas de rancios prejuicios rinden homenaje y pleitesía a sus políticos que le gobiernan como despóticos tiranos, y con los ideales, muertos o dormidos, ven inertes el progresar de otros pueblos, mientras ellos en brazos de la apatía, van sumiéndose en una esclavitud más ignominiosa que la del antiguo feudalismo.

Tres actos, de siete escenas cada uno, fragmentan las 55 páginas que comprenden la pieza. Los diálogos breves y ágiles se intercalan con pequeños monólogos a través de los cuales, en su mayoría la protagonista, intenta defender sus ideales que tanto proclaman la defensa de la pequeña sociedad rural que habita, la pugna de la mujer por igualarse en derechos al hombre, como el daño que la superstición y habladuría es capaz de infringir a quienes convierten gratuitamente en víctimas.

A través de trece personajes, Borragán recrea la vida serena de un pequeño pueblo castellano, en el que la inesperada visita de algún antiguo vecino, es capaz de levantar un revuelo de expectativas para aquellos que permanecen entre sus paredes.  Así la llegada inesperada de Doña Aurora, con su joven hijo Carlos, será el impulso que desencadenará parte de la trama argumental, al encontrar Amalia, la joven protagonista, un compañero con quien al fin, poder proyectar un futuro de acuerdo a sus ideales, pero la dicha se ve truncada por la aparición de Alfredo, personaje pretencioso y destructivo, marcado desde su aparición por un halo de mal augurio y desasosiego, capaz de cualquier atrocidad con tal de conseguir su capricho. Aunque cargado de cierto dramatismo, el final se escribe felizmente. La joven podrá liberarse de la desventura que ella misma se había infringido por la perdida de su honra, amparada por el amor y la comprensión de su enamorado. Entre medias, apariciones esporádicas de personajes que dan, a modo de pequeñas pinceladas, una idea del cuadro social circundante, un párroco comprensivo y abierto a la diversidad ideológica, representantes políticos que especulan con la consecución de votos, una anciana estigmatizada por la crueldad de aquellos que ven en la pobreza motivo de mofa, etc.

Si es cierto que con este texto nos enfrentamos a una obra de juventud, no menos cierto es que ya aparece en ella la carga de contenido, que durante su breve producción dramática se convirtió en la clave del éxito, en cuanto a recepción de su teatro.

Con el segundo texto La voz de las sombras, entramos en un universo conocido que nos remite a la obra de Ibsen, dato que según Moschini, no dejó pasar por alto la crítica de la época.

Con mayor madurez en la construcción del argumento, entramado de situaciones, planos del diálogo y desarrollo de personajes, en ésta segunda obra publicada nos encontramos una notable evolución en su escritura tanto a nivel de estructura como de contenido. Borragán, perfila detalladamente, los dos mundos que conviven de nuevo en el núcleo rural castellano, los terratenientes y la servidumbre de la casa y campo, personajes estos últimos, a través de los cuales, nos traslada la tradición y el sentir popular, mediante canciones, juegos, rituales de conquista. Empeñándose en reflejar fielmente, su forma de hablar sincopada y cargada de peculiares giros. Junto a ellos los representantes de la urbe, personajes sin escrúpulos, adornados por el egoísmo y la falta de valores.

Un casamiento por conveniencia desencadena el conflicto. Enfrentado al acuerdo de las familias, Jaime, hilo conductor de la obra y hermano mayor -víctima de una epilepsia que marca su existencia como un constante viaje hacia el sufrimiento del ser imperfecto, víctima caprichosa de dioses y humanos- intenta evidenciar la atrocidad de la decisión, que no duda en sacrificar la vida de una hija y el dinero de la familia, en pos de conseguir una posición de "mayor prestigio social". Éste acabará convirtiéndose en un enloquecido demiurgo ejecutor del destino.

La crítica de una sociedad asentada en la apariencia, con temor a perder sus privilegios frente a una educación que empieza a socializarse, ofreciendo una oportunidad a los "inferiores", se ve contrapuesta, a la sencillez y franqueza, con la que la clase trabajadora, encara lo cotidiano y las relaciones. Apoyándose la autora en ese antagonismo para contrarrestar comedia a drama, y canalizar a través sus diálogos y situaciones, los momentos de mayor tensión.

El plano de acciones físicas que cabalga en los diálogos: campesinos que se aproximan a buscar el alimento, muebles y objetos lanzados con rabia, ataques epilépticos, bailes que celebran el fin de jornada, juego de persecución y seducción, etc., así como los referentes acústicos, sonidos del despeñadero, tala de árboles, llegada de carruajes, diálogos cruzados en diferentes plano físico... nos guían y confeccionan el rico imaginario con el que diseña, la sobria y vívida atmósfera castellana.

También encontramos interesante juego simbólico, en la utilización del entorno físico, por ejemplo, convierte los agrestes despeñaderos, a los que se asoma la mansión, en el lugar que acoge la ambivalente voz de las sombras que, como animales furiosos, reclaman justicia, guarecen lo oscuro y maldito, o encierran el deseo y los sueños del pasado, que se truncan al unísono que los álamos talados.

La presencia de mundo oriental, y de su mano la metáfora y el cuento, también encuentran lugar en este texto.

JAIME.-Era una princesa india, enamorada de un soldado inglés. Cuando yo acababa de construir la pagoda de las siete estrellas, me llamó un día y me dijo: español, me he enamorado de un plebeyo con alma de Dios, y quiero que me hagas un palacio transparente para que mis súbditos, viendo la grandeza de nuestra vida, aprendan a respetar la verdadera nobleza. Quiero que me haga un palacio de cristal.

Más de tres cuartos de siglo, separan estas obras de hoy en día, sin embargo partes de sus diálogos, presentan flores de otro tiempo, de las que desafortunadamente, en algunas latitudes de este planeta, a pesar de las conquistas, aún perdura su perfume.

Rosa Briones

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