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Reseñas de libros

El exiliado

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Autor del libro: Aphra Behn. (Edición y traducción de Antonio Ballesteros González)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2003. (Serie: Literatura dramática, nº 61). 255 págs.

No hace mucho cerrábamos la reseña de Así va el mundo, de William Congreve, con una petición:

 “Tras la lectura de estas amenas e ilustrativas páginas, al lector sólo le queda un deseo: que la ADE publique pronto -en edición de Antonio Ballesteros, por supuesto- alguna obra de Sheridan para conocer el teatro inglés del siglo XVIII”.

 Se ve que la ADE quiere mantener la tensión desiderativa y nos va a dejar aún un cierto tiempo para ofrecernos alguna obra del XVIII inglés. Pero, entre tanto, sigue empeñada, de la mano de Antonio Ballesteros, en que los españoles de a pie conozcamos de una vez por todas esa dramaturgia tan prestigiada y tan desconocida como es la británica. Esta vez insisten el editor y traductor y la editorial en una época especialmente fascinante, la de la Restauración, de la que ya nos habían ofrecido la obra maestra de Congreve, para introducirnos en un aspecto particularmente olvidado de aquella época: las obras escritas por las female wits, o sea, los ingenios femeninos.

Como explica con tino Antonio Ballesteros, fue la de la Restauración la época en que el teatro inglés vio a las primeras mujeres sobre el escenario, ya que durante la época isabelina y jacobina éstas tuvieron prohibido representar, de modo que los papeles femeninos eran interpretados por jovencitos que aún no habían cambiado la voz. Y con las primeras actrices aparecieron también las escritoras, de las cuales Aphra Behn, la primera mujer capaz de ganarse la vida como escritora profesional en su país, ocupa un lugar de excepción.

The rover, que Ballesteros ha traducido, de manera poco literal, pero con buenas razones, por El exiliado, fue la obra más famosa de Aphra Behn y, según sus estudiosos, la más acabada de las que escribió para la escena. Se trata de una comedia de enredo situada por la autora en un Nápoles brillante, cálido y sensual en donde varios caballeros ingleses, desterrados de su patria durante la época de Cromwell, viven diversos lances entre la penuria económica y el triunfo amoroso. La acción, que sucede en Carnaval, da pie a todo tipo de enredos en donde las ocultaciones, los disfraces, los engaños y malentendidos son constantes, creando una compleja trama de situaciones propias de la comedia de capa y espada. Escribe al respecto Antonio Ballesteros: “También se intuyen rasgos de la comedia española de capa y espada que cabría estudiar con mayor profundidad” (p. 29). Efectivamente, toda la trama amorosa entre las tres parejas (Florinda y Belvile, Frederick y Valeria, Wilmore y Helena) debe mucho a las comedias de Calderón, de Rojas Zorrilla y de Solís. La alegre facilidad con que los jóvenes se lanzan al amor aprovechando el tiempo de Carnaval tiene todo el aire de El amor al uso o Abre el ojo, así como no se explicaría el carácter decidido y tramoyero de Helena sin los antecedentes de La dama duende o Casa con dos puertas mala es de guardar.

Al fin y al cabo, The rover está basada en otra obra anterior, Thomaso, de Killigrew, escritor que estuvo exiliado realmente en España y que localizó la acción de su comedia en Madrid. Resulta, pues, evidente que, de forma indirecta, la obra de Behn debe bastante a las comedias españolas de medio siglo antes.

Sin embargo, no se trata de una mera traslación de esquemas de capa y espada al ámbito inglés. Junto con esta influencia, está igualmente clara la deuda de la autora con la comedia italiana del Renacimiento, presente en una cortesana, Angélica Bianca, que es protagonista de otra de las ramas principales de la obra. Y tampoco sería desdeñable ver la influencia de Ben Jonson y otros autores de la época isabelina en la trama grotesca que se organiza alrededor de Ned Blunt y la burla a la que lo somete la cortesana Lucetta.

El hecho es que, con todos estos elementos, Aphra Behn escribe una comedia de notable complejidad, pero excepcionalmente bien construida, en donde el hilo de la acción no llega a perderse en los numerosos incidentes a que da pie el complicado enredo de la misma. Y toda ella tiene un tono que no es ni español, ni italiano, ni isabelino, sino que pertenece de lleno a esa mirada irónica y llena de “humor inglés” que pertenece a la época de la Restauración. Un personaje como Wilmore, libertino, bebedor y lleno a la vez de un encanto que lo hace irresistible a las mujeres, no sería posible en otro contexto literario, y es, como bien señala Antonio Ballesteros, el precedente de los héroes cínicos de Wilde.

Lo que resulta francamente curioso, y el traductor lo recuerda constantemente, es el matiz político conservador que tiene la obra: Aphra Behn no sólo es una decidida partidaria de la monarquía frente a los republicanos de Cromwell, a los que no deja de satirizar en sus obras (en ésta la sátira es más leve, ya que se trata de una nostálgica mirada hacia el pasado reciente), sino que defendió a la retrógrada dinastía de los Estuardo frente a la casa de Hannover, que terminaría imponiéndose a fines de siglo. La obra de Behn no es, pues, un simple divertimento alegre y carnavalesco, sino una reivindicación de una forma de ver el mundo que es la de la aristocracia tory. El que esto se compagine con una reivindicación de la libertad de las mujeres para gozar de su propia vida e incluso de su propia sexualidad frente al mundo patriarcal que aparece en la obra de mano de los inevitables hermanos calderonianos es una paradoja que merece estudios más en profundidad.  

Entre tanto, lo que merece la pena es disfrutar de esa obra deliciosa que es The rover en la acertada y precisa traducción de Antonio Ballesteros, que, como de costumbre, ilustra al lector con una documentada introducción en donde se habla tanto de la escritora como de las otras dramaturgas del momento y de la estructura teatral de la Restauración. Un lujo que hay que añadir a los que nos tiene acostumbrados ese tandem que forman la ADE y Antonio Ballesteros.

Fernando Doménech

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