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Reseñas de libros

Cuesta abajo / Las raíces

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Autor del libro: Pardo Bazán, Emilia. (Edición de María Prado Mas)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2002. (Serie: Literatura Dramática, nº 57). 259 págs.

Dividido en seis bloques aparece el estudio introductorio con el que María Prado Mas nos perfila el contorno artístico de esta autora universal, dotada de una curiosidad inextinguible, como de ella diría Unamuno. En los tres primeros apartados -"Talante y obra literaria", "Concepto de arte y temas aprendidos" y "El teatro de la autora en el escenario de su tiempo"- Prado Mas aborda la relación de Emilia Pardo Bazán con la sociedad y literatura de finales del siglo XIX y comienzos del XX,  dejando para los tres últimos apartados el análisis más detallado de las dos obras que se publican en esta edición. Todo ello acompañado de una cuidada reflexión sobre su producción teatral, y una serie de interesantes referencias escritas de la propia autora sobre la literatura de su época:

«...Los conflictos y pasiones deben presentarse sin efectismo fácil ni violento. También deben satisfacerse los ámbitos y necesidades del entendimiento ejercitando la inteligencia sin fatigarla -sin enredos ni elementos mágicos que resulten excesivos- y finalmente deben saciarse también las necesidades y ámbitos de la conciencia, de modo que la obra produzca un impresión elevada. Además, el teatro requiere brevedad, incluso el análisis necesita rapidez: “una escena debe darnos a conocer un alma”...»

Muchos de estos comentarios configuraran los pilares de su creación teatral, enclavada en su última etapa literaria y marcada por un carácter tendente al idealismo espiritual. Un total de siete piezas  escritas entre 1897 y 1909 son las que conforman su legado.

Cuesta abajo y Las Raíces están marcadas por la preocupación que para la autora entraña una  sociedad fragmentada, que ve desvanecer en alguna de sus capas -aristocracia, burguesía- los principios éticos y morales, dentro de un nuevo perfil social donde ya no parecen tener cabida ni sentido.  

En ambas piezas podemos destacar el gusto por definir minuciosamente tanto el entorno físico en el que se desenvuelven las escenas, como las emociones con las que los personajes ejecutan sus réplicas.

Escrita y estrenada en 1906, Cuesta abajo, comedia dramática dividida en cinco actos -la propia autora propone la suspensión del cuarto en el caso de considerarlo oportuno para la puesta en escena-, se ve impulsada por dos motores fundamentales: la decadencia de la aristocracia y la situación de la mujer en esa sociedad.

Todo comienza a desmembrarse en la casa de los herederos de la aristocrática familia Castro Real, los personajes masculinos, padre e hijo, totalmente desubicados, incapaces de respirar y adaptarse a las circunstancias de los nuevos tiempos se abocan hacia el libertinaje y la ruptura con cualquier tipo de compromiso ético o moral. Esto le conducirá a uno hacia su desaparición, abandono del núcleo familiar, y a otro hacia su autodestrucción.

La abuela, último baluarte de la familia, intenta solucionar lo que intuye está a punto de desmoronarse pero su llegada sólo servirá para convertirla en testigo de la ruptura definitiva del orden aparente. Las otras dos mujeres que comparten el protagonismo de la pieza, son las que verdaderamente parecen sobrevivir al cambio: Gerarda -segunda esposa del conde y madre del último descendiente varón de éste- dispuesta a saltarse cualquier precepto por sobrevivir al caos, juega el rol de mujer menospreciada por su origen y estafada tanto afectiva como económicamente, y  Celina, hija del primer matrimonio, víctima sin culpa, que se convierte en la voz crítica de la realidad. Ambas, antes que seguir y ceder al juego de apariencias, deciden enfrentarse a la realidad, encarando de forma activa la solución a su conflicto inmediato.

El resto de los personajes son utilizados un poco como figuras comodín, para detallar o dar puntos de vista sobre el universo en que se mueven, este carrusel de apariencias. Así tenemos, entre otros, a don Venancio, viejo cura que permanece más ciego y obsesionado que el resto, amparado en buscar los orígenes aristocráticos de unos apellidos que caen demolidos a sus pies, o a La Colombe, preciada mujer escaparate -por la que rivalizan padre e hijo-, rendida siempre a la mano que ofrezca la mejor joya 

En Las Raíces, comedia dramática dividida en tres actos, la autora nos vuelve a situar en un entorno familiar, pero  a diferencia con el anterior, éste se diseña con un marcado carácter burgués y goza de una manifiesta armonía, que tan sólo ensombrece la enfermedad que padece la hija pequeña.

La llegada de unos familiares augura la fatalidad al desvelar una información que hasta ahora había permanecido oculta para Aurelio -cabeza de familia-. El conocimiento de la traición de su mujer hace que todo su mundo ideal se desvanezca al instante y todo lo que parecía constituir la geografía de un cuento de hadas se convierte en un terreno plagado de  pesadumbre, desasosiego y duelo.

Como comenta Prado Mas esta obra guarda mayor complejidad psicológica, aunque resulten precipitados los cambios experimentados por algunos de sus personajes. A pesar de ello, no nos olvidemos de cuándo fue escrita, es sin duda destacable e interesante como se intuye en el personaje de Susana -madre y esposa-, el germen de la mujer que se enfrenta a las circunstancias de forma fuerte y resolutiva, actitud que “parece formar” parte exclusiva del coto masculino. Igualmente ocurre con el personaje de  Sofía -amiga de la familia y enamorada silente de Aurelio- que a pesar de encerrar más contradicciones en su perfil, también juega de forma extrema su rol.

“Hoy no sólo se ama como Ofelia, como Melibea, como Julieta... Hay muchos tipos de amor, sería amenguar nuestro tesoro el suprimir alguno”

Y es que no en vano se ganó en vida Doña Emilia los atributos de atea, heterodoxa, feminista y pornográfica... Sirva como cierre una frase que devolvía a su desanimado amigo Unamuno y que marca, a pesar de todo, el espíritu de su obra:

“es seguro que el porvenir encierra todo lo que necesitamos...”

Rosa Briones

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