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Reseñas de libros

Cumpleaños / Los bancos del Prado / Los vendedores de miedo

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Autor del libro: Carnés, Luisa. (Edición de José María Echazarreta)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2002. (Serie: Literatura Iberoamericana, nº 37). 221 págs.

Puede que sea una casualidad el que, a la vez que se edita este libro, se haya inaugurado una exposición sobre el exilio de los republicanos tras la guerra civil en el Palacio de Cristal del Retiro madrileño. Puede ser una casualidad, pero es también síntoma de que la sociedad española empieza a salir de la amnesia colectiva que ha imperado en los últimos tiempos.

Luisa Carnés es un ejemplo más de cómo el exilio fue creando una capa de olvido sobre los que salieron de España hasta conseguir que desaparecieran por completo de la memoria de los españoles. La escritora madrileña lo tuvo francamente difícil: era mujer, autodidacta y comunista. Para colmo, murió a consecuencia de un accidente de coche en México, el 12 de marzo de 1964, momento en que la España franquista mantenía una censura férrea hacia todo lo que viniera del exilio. Cuando, a partir de los años 70, se empieza a conocer en la península la obra de los exiliados, Luisa Carnés es ya un nombre del pasado.

Como señala José María Echazarreta, ni siquiera su condición de compañera de dos destacados artistas españoles, el pintor y dibujante Ramón Puyol y, ya en México, el poeta Juan Rejano, han dejado huella en los estudios sobre la literatura del exilio, en donde sigue siendo un nombre perdido en medio de los muchos escritores ocasionales, firmantes de manifiestos y personas relacionadas de una u otra forma con el mundo de la cultura.

Las obras rescatadas en la presente edición, por ello, suponen algo más que los anteriores dramas de escritoras publicadas por la ADE y el Instituto de la Mujer. No sólo se trata de ofrecer al lector español el testimonio de una escritura en general relegada, sino de una auténtica recuperación, de la restauración de una España condenada al olvido por una dictadura férrea y una democracia amnésica.

Luisa Carnés (Madrid, 1905 - México, 1964) fue una escritora singular en la España de los años anteriores a la guerra, en donde la mayoría de las autoras provenían de la burguesía, cuando no de la aristocracia. Carnés, de familia humilde, tuvo que dejar la escuela a los once años y trabajar como aprendiza, dependienta y mecanógrafa. Su formación fue completamente autodidacta, lograda en las bibliotecas públicas y en los folletines de los diarios. Escritora vocacional, a los dieciocho años escribe su primer cuento y en 1930 publica su primera novela larga, Natacha. Su compromiso con la clase obrera le hace ingresar en el PCE, militancia que se fortalece durante la guerra y posteriormente en el exilio mexicano, donde siguió escribiendo novelas y teatro.

La relación de Luisa Carnés con el teatro vino dada precisamente por la urgencia de la guerra. En octubre de 1936 estrenó su primera obra, Así empezó, en una velada donde se representaron también obras de Alberti, César Falcón e Irene Falcón. La obra de Luisa Carnés se ha perdido, de forma que solamente quedan de ella las obras escritas en el exilio. Tres de ellas son las que publica en esta ocasión la ADE, en esmerada edición de José María Echazarreta y artículos introductorios del editor y de Antonio Plaza.

Cumpleaños y Los vendedores de miedo se publicaron en México en 1966, pero Los bancos del Prado permanecía inédita hasta la fecha, lo que convierte el libro en una verdadera primicia.

El teatro de Luisa Carnés entra dentro de lo que se puede llamar “teatro comprometido”. Comprometido, en primer lugar, con la condición femenina, que aparece en el monólogo Cumpleaños, pero también, y muy especialmente, con las inquietudes políticas y sociales de la época en que fueron escritas las obras. Los bancos del Prado y Los vendedores de miedo son, efectivamente, dos ejemplos de teatro político, dos obras escritas para denunciar la política norteamericana en el momento álgido de la “guerra fría”. Muestran con ello las preocupaciones de la izquierda mundial en aquellos años, aunque desde un punto de vista muy español. Los bancos del Prado, en efecto, son una denuncia del Tratado Hispano-Americano de 1953, tratado por el que Franco rompió el aislamiento que se había establecido en los años de la posguerra mundial y se convertía en aliado de los Estados Unidos, que establecía en España las ominosas bases militares de Rota, Torrejón, Morón y Zaragoza, algunas de las cuales siguen funcionando como tales.

Los bancos del Prado es una obra coral, donde el protagonista colectivo es el pueblo de Madrid, vencedores y vencidos, que va pasando por el paseo madrileño el día de la firma del Tratado y reaccionando de distintas formas ante las pintadas de “Fuera de España los Yanquis” que aparecen en los bancos. La policía se afana en hacer desaparecer las pintadas y en encontrar a los que distribuyen los panfletos en contra del pacto infame, pero el pueblo español, que sufre en silencio, se remueve en medio de la opresión y ayuda, aunque sea sólo con la intención, a los comunistas que llevan adelante la campaña. La obra resulta un poco candorosa, al suponer que había más resistencia interior de la que realmente pudo haber en 1953, cuando el régimen franquista aún mantenía una feroz represión sobre todos los españoles y sus conciencias, pero, si limitamos la amplitud de la protesta, sin duda no resulta descaminada. Por otra parte, teniendo en cuenta la escasez de testimonios literarios sobre uno de los hechos políticos que más han marcado la vida de los españoles en los últimos cincuenta años (en estos momentos el esperpéntico presidente Busch está a punto de atacar Irak, para lo cual volverá a servirse, como ya hiciera su padre, de las bases españolas), la obra de Luisa Carnés es de un valor inestimable como testimonio de un tiempo y de una forma de pensar, y, dado el mundo en que vivimos, una obra de insospechada actualidad, que bien podría ser ejemplo de nuevos autores.

Los vendedores de miedo también podría ser un texto de hoy día, pues la denuncia de las investigaciones para fabricar armas bacteriológicas no ha dejado, lamentablemente, de tener actualidad. Luisa Carnés sitúa la acción “en una ciudad imaginaria de Europa”, en nuestros días, pero los nombres de los personajes -Ana Miller, el doctor Winters, Peter Davis- señalan claramente al centro de la producción armamentística occidental. Construída como un drama de conciencia, de forma y contenidos muy ibsenianos, plantea los problemas éticos del científico y el ciudadano ante el uso de la ciencia para fines militares.

Cumpleaños es un monólogo de mujer, en el que Eva, mujer de mediana edad, representante de la alta burguesía mexicana, repasa los acontecimientos de su vida, marcada por el vacío y la frustración, antes de suicidarse. El suicidio no llegará a producirse, pero entretanto Eva ha ido desgranando todas las miserias cotidianas de la vida de una mujer atrapada en los engranajes de una sociedad que la considera poco más que un adorno. Resulta curioso cómo, sin serlo, parece ser el modelo de uno de los subgéneros del teatro femenino español de los últimos años, el monólogo de una mujer sola que se convierte en denuncia de la situación femenina.

Las obras de Luisa Carnés tienen una factura muy tradicional. Sin duda sus modelos siguen siendo los autores de preguerra y, en todo caso, los dramaturgos realistas americanos de los años 40 y 50: Los vendedores de miedo debe mucho al Miller de Todos eran mis hijos. La menos tradicional resulta Los bancos del Prado, si bien se inserta, quizás de forma involuntaria, en una tradición mucho más antigua, la de los entremeses y sainetes que pintan el animado concurso de madrileños en el Paseo del Prado, tradición que tiene su punto más alto en Ramón de la Cruz, pero que llega hasta el género chico y entra con él hasta el siglo XX. Es muy posible que en la evocación de su Madrid perdido Luisa Carnés haya dado con los recuerdos de sainetes, pasillos y zarzuelas que pintan al dicharachero pueblo madrileño en esos mismos lugares donde sitúa ella la acción de su protesta patriótica contra los nuevos invasores.

José María Echazarreta ha editado las obras de forma ejemplar, aclarando en nota lo que necesita ser aclarado para la comprensión del texto, pero manteniéndose en los justos límites de la ayuda al lector y sin convertir las notas en un segundo texto que, tratando de favorecer la lectura, la entorpece. La introducción es también modélica: se permite alguna efusión lírica al trazar unos “bocetos borrosos de Luisa Carnés” para centrarse luego en un cartesiano análisis de su obra. Esta introducción se completa con un artículo introductorio del profesor Antonio Plaza, especialista en Luisa Carnés, que da los datos fundamentales de su vida.

Fernando Doménech

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