Volver al listado de reseñas

Reseñas de libros

Un remolino en el río / Pater, matris / Criaturas de aire. (Premio María Teresa León, 2001)

Ver la ficha de la publicación

Autor del libro: Luz Peña Tovar / Carmen Pombero / Lucía Laragione.
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2002. (Serie: Literatura dramática iberoamericana, nº 36). 229 págs.

“Cuando se levanta ante los ojos un telón de teatro, exigimos que detrás de él la magia teatral sea algo más que un simple juego, mejor o peor logrado; deseamos que nuestra vida, las inquietudes diarias, el curso de nuestro destino actual nos sobrecoja con su presencia”

Con ésta y otras citas de María Teresa León,  Gregorio Torres Nebrera  realiza un prólogo desde el cual transita brevemente por esa idea de “teatro de compromiso y de urgencia” que tanto defendió la mujer que da título a este premio. Después con un cuidadoso y delicado bisturí disecciona el argumento para al final llegar a acercarse al corazón de las tres piezas que aparecen publicadas en este volumen y que no dejan de guardar un fuerte compromiso desde sus páginas con un aquí y ahora situado en muy diferentes realidades sociales.

Un remolino en el río, obra ganadora de esta edición -entre un total de 134 textos presentados-, se convierte en un consciente ejercicio dramático, donde absolutamente cada palabra que compone la obra, desde las disdascalias hasta los diálogos, forma parte de un acto de significación imposible de  pasar por alto, para adentrarnos en “su todo”, un todo que la autora matiza y precisa al máximo, introduciendo, abriendo desde la escritura las compuertas de los sentidos, de las acciones que dibujan prácticamente en todo momento el entorno de la palabra.

Sin ningún tipo de subdivisión se presenta esta obra que transcurre en una única jornada. Su estructura sigue un sobrio orden cronológico, que comienza con la detención de un coche que transporta el cadáver de un joven estudiante muerto a balazos por la policía, de forma “accidental”, al cruzarse inesperadamente con una manifestación universitaria. A partir de ahí, comienza un baile de personajes, alrededor del cadáver, la hermana que lo acompaña y el conductor del vehículo.

La situación comienza a pintarse entre absurda y esperpéntica, conducida por un total de diecinueve personajes -además de soldados, combatientes, dos perros (Tarzán y Toro), una bandada de gallinazos y un coro de grillos- a los que cuidadosamente Luz Peña Tovar otorga diferencias tanto en la forma de expresarse como en la actitud frente al conflicto, en un ambiente de marcado corte rural.

Todo parece convertirse en una excusa para, según desde que punto, defender una u otra causa. La muerte del joven queda reducida a poco más que una anécdota, por la que pasan de puntillas todos los personajes menos la hermana, que se ve obligada, en un principio, a convertirse en testigo mudo ante el sin sentido y que acaba transformándose en quien resuelve el conflicto y ejecuta de su propio destino.

Con una pirueta inesperada para los bandos rivales -militares y subversivos- y un rabioso definitivo grito frente a la utilización, se cierra esta pieza que además sugiere y teje alrededor del conflicto central otras tramas, donde las relaciones interpersonales se convierten en interesantes tentáculos del remolino.

Pater matris, accésit de este año, plantea tanto en forma como en contenido, un alejamiento de la norma, un juego de vidas cruzadas, espacios paralelos, que comparte un mismo perímetro urbano.

Seis mujeres y cuatro hombres se enredan en una historia que plantea la reflexión sobre el cambio de pautas de conducta y valores sociales, en un medio donde el núcleo familiar cada día se ve más desarticulado en función de los diferentes cambios de rol hombre y mujer y de la diversidad de modelos familiares, que comienzan a reivindicar su legitimidad de hecho junto al estándar.

Tres son las voces sobre las que recae el protagonismo de la historia: Oscar, que  acaba de ser  abandonado por una mujer que no quiere aceptar su responsabilidad de ser madre y se debe enfrentar en solitario al cuidado de un bebé, al que prácticamente desconoce. Berta, que comienza una nueva etapa en su vida, al decidir emprender la aventura de un embarazo -por inseminación artificial- y compartir piso junto a su compañera, y por último Marisa, pareja de Berta, que no sólo debe hacer frente a su primera relación lésbica que aún encara de forma clandestina y confusa, sino que además se ve obligada a resolver desde que lugar asumir una maternidad compartida.   Dividida en lo que la autora denomina tres ejemplos y XII escenas, se asienta una estructura en la que se combinan: monólogos, diálogos que transcurren paralelamente, pesadillas que se articulan desde la inconsciencia, quebrantando la lógica del discurso, la narración de un cuento, personajes ficticios que habitan como fantasmas en espacios reales, conversaciones que entablan un diálogo directo con el público, etc. Todo parece tener cabida en una pieza donde la duda ante la elección de la pauta a seguir, la dificultad ante el cambio y una inevitable soledad compartida se convierten en el eje del carrusel alrededor del cual giran todos los personajes.

La mención especial del jurado de esta VIII edición, recayó en la obra Criaturas de aire, de una escritora que ya en 1994 obtuvo el premio, se trata de Lucía Laragione.

Sobre una fragmentada estructura, un total de 24 escenas componen esta breve pieza, se desenvuelve ágilmente un argumento que conjuga dos horizontes, ambos  metáforas del poder, por un lado la consecución de una raza de puras sangres de competición, llevada a cabo por un supuesto genocida nazi, obligado a la clandestinidad y la huída por su historia pasada, y por otro lado, la de control y dominación de la vida de una adolescente gitana -muda ante el poder, único signo propio de rebeldía-, comprada cuando niña y desde entonces criada con el obsesivo objetivo de ser convertida en fuente de placer, yegua humana. Osorio es el personaje que se encuentra entre ambos nómadas, contratando y protegiendo al primero por ambición, y dominando la vida de la segunda, por lujuria. Ambos actos llevados a cabo sin ningún tipo de escrúpulo. El poder que otorga el dinero parece ubicarle por encima del bien y del mal, situación ficticia que se romperá con el desenlace trágico de la historia. Queda un cuarto personaje, que como en las tragedias se convierte en el  narrador de lo que ocurre fuera de escena.

La música de Bach se encuentra presente en toda la obra, al igual que un simbolismo tanto verbal como plástico, que nos hará llegar a un final sangriento en el que un grito sordo ocupa el lugar de la esperanza, convirtiendo la venganza en el telón de la historia.          

Rosa Briones

Volver al listado de reseñas