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Reseñas de libros

Buen amante y buen amigo

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Autor del libro: Morón, Isabel María. (Edición de María Teresa Pascual)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2001. (Serie: Literatura Dramática, nº 51). 126 págs.

La Asociación de Directores de Escena continúa con la publicación de textos correspondientes a las dramaturgas más significativas de la historia del teatro español. No siempre nos encontramos ante textos de gran calidad, pero sí ante hitos de nuestra tradición literaria, escénica, cultural y social, cuyo conocimiento parece imprescindible para comprender la historia de nuestro teatro y superar los tópicos, generalidades e imprecisiones a que tan fácilmente nos acostumbramos. Por lo demás, estas publicaciones contribuyen a restañar la ausencia de mujeres en tantos manuales y relaciones de dramaturgos y a enriquecer, en consecuencia, estos incompletos panoramas.

El título elegido es Buen amante y buen amigo, una pieza de Isabel María Morón, escrita en 1792 y estrenada en 1793 en el madrileño Corral de la Cruz por la compañía de Eusebio Ribera. La edición corre a cargo de María Teresa Pascual, una reputada especialista en la Historia de nuestro teatro, quien no sólo ofrece un pulcro texto, sino también una precisa introducción en la que revisa minuciosamente los escasos materiales de que disponemos sobre la autora y el texto. Poco sabemos de la vida de la dramaturga, excepto que nació en Madrid, probablemente en el seno de una familia acomodada, y que presumiblemente escribió otras comedias además de la publicada, pero de las que no tenemos noticias.

El trabajo de María Teresa Pascual pone también de manifiesto las características del género al que pertenece la pieza y el entorno social y cultural en el que se compone. La ausencia de comicidad, la presencia de lo cotidiano, el ambiente acomodado, la moralidad burguesa, que se asocia al premio de la virtud y no a la ridiculización del vicio, son los elementos que configuran el panorama del género en el que se inscribe esta pieza, cuya trama recurre además al efectismo y a la truculencia, que se resuelven de manera incruenta, y cuyo desenlace mantiene básicamente el equilibrio de la situación. La defensa de un principio general, la fidelidad en el matrimonio, está por encima de deseos y aspiraciones, por naturales que éstos puedan ser y por inhumana que aquella pueda resultar. Este desenlace puede defraudar a quienes esperen un cuestionamiento de los matrimonios celebrados sin tener en cuenta el gusto de la mujer y la, al menos, relativa afinidad de los cónyuges, como poco después postularía Moratín, pero responde, sin duda, a la aplicación estricta de un criterio moral sobre el que no cabe discusión. La sensibilidad en la que se apoya la trama de la comedia se encuentra muy lejana de nuestros gustos, pero, como ya se advertía en el volumen correspondiente de las Autoras en la Historia del Teatro español, la comedia revela un acierto en la construcción y también una pericia en la resolución de las situaciones.

Como también se destaca en la introducción, la comedia observa rigurosamente la preceptiva clasicista, con su respeto a la norma de las tres unidades y a la ley del decoro, y su objetivo de enseñar deleitando.

El lector dispone ya de una cuidada edición de esa curiosa comedia de finales del siglo XVIII.

Eduardo Pérez-Rasilla

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