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Reseñas de libros

La petición de empleo / Nina, es diferente

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Autor del libro: Michel Vinaver. (Traducción de Fernando Gómez Grande)
Madrid: Publicaciones de la ADE, 2001. (Serie: Literatura dramática, nº 49). 190 págs.

Un escritor -un gran escritor- es un archipiélago de cientos de islas; islas con montañas, ríos, precipicios, playas y acantilados. A veces visitamos una isla y decimos “conozco las canarias”. Michel Vinaver (París, 1927) es un archipiélago con islas tan maravillosas como diferentes: grandes como Par dessus bord, con sus sesenta personajes y sus siete horas, diminutas como Disidente, claro. Por esas cosas que pasan y que uno no sabe por qué pasan, las obras de Michel Vinaver apenas se han visto en nuestros escenarios. Al menos, quien esto escribe sólo tiene noticia del estreno de El programa de televisión por el taller de Juan Carlos Corazza en 1995 y de una reciente puesta en escena de Disidente, claro en Vitoria, posiblemente utilizando la traducción que en 1995 publicó M. Zaragoza en la revista Pausa (nº 19, marzo de 1995). Quien viera el montaje de Corazza o leyera el texto deEl programa… -publicado en ADE-Teatro (nº 39-40, octubre 1994), con traducción de Fernando Gómez Grande- puede leer o ver Disidente, claro como la obra de otro autor. No sólo es que son dos realidades dentro de una realidad mucho más grande, es que Vinaver es uno de esos tipos maravillosos que no quieren parar quietos. Se puede apreciar como un acierto esta presentación de cuatro textos de Vinaver en dos volúmenes, con una exquisita traducción de Fernando Gómez Grande; cuatro momentos de una labor continuada a lo largo de cuarenta y cinco años. Por cierto, el primero de los dos volúmenes incluye una detallada lista de las quince obras y cinco versiones de Vinaver, desde Les coreens (1955) hasta King (1998), que incluye fechas y lugares de estreno, con mención de los directores -personas de la relevancia de Planchon, Vitez, Lasalle, Françon o Chereau- a la que ya cabe añadir la reciente L’objeteur, publicada por la imprescindible colección L’Arche el pasado 20 de abril, adaptación de su novela homónima de 1951.

Otro acierto, o el mismo. Estas cuatro obras, separadas en treinta años, son piezas de cámara, textos que serán llevados a la escena si un pequeño grupo de profesionales decide hacerlo; su economía de producción hará que el nombre de Michel Vinaver comience por fin a rodar por los escenarios españoles como cosa habitual. Déjenme ser optimista un ratito.

¿Qué ofrece este escritor de 74 años a estas alturas? Pues lo de las alturas no deja de resultar curioso. Si alguien lee, por ejemplo, Disidente, claro, tendrá la sensación de estar ante un ejemplo de última dramaturgia. Incluso sus temas y personajes parecen dibujados ahora mismo. Sin embargo, esta obra pertenece a un período en que el autor escribe piezas “de cámara” y es etiquetado como parte de una mirada “de lo cotidiano” que él mismo no acaba de aceptar. Hablamos de los años setenta. La escritura de Disidente, claro, como la de Nina, es diferente, se fecha en 1976. Lo mismo podríamos decir -aunque el retrato de Natalia, la hija, nos lleva a los flecos del 68- de La petición de empleo, obra aún más compleja y fechada en 1971. Una diferencia, por tanto, de casi treinta años con King, un monólogo para tres actores, un ejercicio de deconstrucción espacio-temporal complejo y apasionante en cuanto a la forma. Pero, con ofrecer una permanente actitud de búsqueda formal, una investigación en el lenguaje y esencialmente en la estructura, que en ningún momento pierde de vista referencias musicales, y bebe más de los ejercicios de “tema y variaciones”, de los fraseos -perdón, el jazz, que nos pierde-, que de las estructuras dramáticas al uso, el teatro de Michel Vinaver, y en especial estos cuatro magníficos ejemplos, habla de nuestro mundo, de la gente que nos rodea, o de la que vive cerca o al lado, o de quienes ejemplifican lo que ha pasado con nuestro siglo. Ejecutivos que pierden su empleo, familias que pierden pie al quedar en una especie de vacío, la vida del trabajo que es la vida de casi todo el mundo, en la que un abuso, un enfrentamiento, una decepción deja nuestra piel impregnada de un sabor especialmente amargo. Textos con un cuarto de siglo que hablan de seres humanos, de acoso sexual en el trabajo, de la angustia por la pérdida de empleo, de esa cosa llena de veneno que se llama competencia. Textos que hablan de personas.

En los prólogos -escritos por dos personas fundamentales en la relación del teatro francés y España; casi nada sin ellos- vemos reflejada una circunstancia que para nada es anecdótica: la vida paralela de Michel Vinaver, su trabajo como alto ejecutivo de la casa Gillette, desde 1955 a 1979. Su vinculación al mundo del trabajo, su visión de la máquina empresarial desde dentro, su mirada que trasciende y ve la sociedad en las personas, da como fruto estos textos llenos de verdad. Por ello es más evidente el acierto de publicar, como colofón de esta buena muestra de su literatura dramática, su penúltima obra, King, una mirada sobre un personaje extraordinario, King Gillette, un hombre de negocios emprendedor, que inventó la maquinilla de afeitar desechable, que fue inmensamente rico hasta el crack de 1929, y que antes y después de su rentabilísimo invento no dejó de escribir proyectos para un mundo del futuro en el que los trabajadores creasen una gran empresa que se hiciera con todos los bienes necesarios, creando una sociedad sin dueños, sin propiedad ni competencia. La mirada de Vinaver sobre ese personaje fascinante es la misma mirada escrutadora que se acerca a la angustia del parado de La petición de empleo, al gesto escéptico del joven outsider de Disidente, claro, a la inquietante presencia de Nina en el mundo cerrado de Nina, es diferente… Es la mirada de los grandes. De los que saben mirar a los seres humanos y respirar con ellos.

 José Ramón Fernández

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