La guerra del petróleo
por Juan Antonio Hormigón
Los partidarios del lenguaje políticamente correcto, que en términos internacionales presuponen por decreto la condición democrática y el ajuste a derecho de todo lo que promueven los Estados Unidos de América del Norte, pusieron sus grititos en el cielo con las declaraciones de la ex ministra de justicia alemana, Herta Däubler-Gmelin, que comparó los métodos de Bush con los de Hitler. Después se desdijo, aludiendo a que Bush había sido elegido y Hitler no.
Falso, nos dice la historia. El partido nazi fue el más votado en las elecciones del 31 de julio y del 6 de noviembre de 1932, aunque centristas, socialistas y comunistas sumaran juntos más del cincuenta por ciento en ambos casos. Una vez afianzados los nazis en el poder después del 39 de enero de 1933, fue cuando prohibieron partidos y sindicatos e hicieron a partir de entonces lo que les vino en gana.
En todo caso Bush tampoco ha sido elegido. Obtuvo de forma fraudulenta la condición de presidente merced a una decisión del muy conservador Tribunal Supremo. Todos los que lo desean saben hoy que Gore fue quien obtuvo más votos y que le birlaron Florida con recursos truhanescos. Un Estado en el que casualmente ejerce de gobernador su muy dilecto hermano Jeb Bush, otro retoño de esa familia desalmada.
Los métodos del fascismo
Los métodos de Bush son como los de Hitler, dijo la ministra de Justicia de Alemania. No soy de los que creen que la historia se mueva en círculos, pero sí podemos detectar situaciones que se asemejan, más por los métodos que se utilizan o por las actitudes que se adoptan que por cuestiones formales. Cierto es que las semejanzas suelen tener un toque grotesco.
El fascismo no es cuestión de uniformes sino de concepciones y comportamientos. Sobran en la historia contemporánea gobernantes elegidos en ceremonias electorales, fraudulentas o no, que han exhibido conductas prototípicas de los fascismos. No se trata solamente de pérdida de las libertades civiles sino que su objetivo es ante todo proteger los intereses de las castas dominantes.
En 1935 el general Ludendorff, protagonista junto a Hitler del golpe de Munich, afirmaba en su libro Fer totale Krieg: "Es un error creer que una guerra ha de comenzar con una declaración de guerra". El tristemente famoso Congreso de Nüremberg de ese mismo año, fue denominado por Hitler como "el Congreso de la libertad". La expresión "guerra preventiva" aparece expresada con claridad en las Directrices al ejército del 24 de junio de 1937, dictadas por el comandante supremo de la Wehrmacht y ministro de Defensa del Reich, Blomberg. El ataque a Checoeslovaquia se consideraba en los documentos nazis como una "guerra preventiva" frente al ataque inminente de una coalición enemiga. Se insistía igualmente, como señala Collotti en su libro La Alemania nazi (1972), en la sistemática provocación contra Checoeslovaquia que iba a ser a la postre el pretexto formal de la agresión.
La rebelión franquista también se pretendió legitimar como preventiva por parte de sus instigadores, ante la inminente revolución que iban a desencadenar los participantes de la Olimpiada Obrera de Barcelona, acontecimiento deportivo con el que se intentaba contraponer la Olimpiada de Berlín diseñada a mayor gloria del Reich.
La crisis de los sudetes fue construida de forma artificial por la propaganda nazi, no para defender a la minoría alemana sino para eliminar políticamente a Checoeslovaquia y afianzar sus posiciones económicas, estratégicas y expansionistas. La estrategia seguida es muy reveladora. En las reuniones mantenidas el 28 y 29 de marzo de 1938, Hitler ordenó a los dirigentes germano-sudetes que plantearan reivindicaciones cada vez más onerosas, de modo que recayese sobre el gobierno checo el no aceptarlas y con ello se establecieran motivos de agravio.
Para que todo sea más parecido a la actitud provocadora de ciertos nacionalismos, el 23 de abril el Congreso de Karlsbad del Partido germano sudete aprobó un plan de ocho puntos entre los que se incluía la plena autonomía: una especie de territorio libre asociado para su posterior anexión al Reich. Poco después Hitler azuzó el separatismo eslovaco para encontrar otro supuesto motivo a su intervención y convertir Eslovaquia en un protectorado; así ha vuelto a hacerse en Kosovo y otros lugares. Quizás a todo ello habría que añadir que el expansionismo nazi se enfrentó en su primera etapa a ejércitos mucho peor armados y sin mentalización, cuya importancia se magnificó para justificar el carácter preventivo de las hostilidades.
Razones cínicas
A la vista de estas consideraciones, no estaba tan desencaminada en sus opiniones la ministra Däubler-Gmelin. Este conjunto de procederes se asemeja y en ocasiones ha sido calcado por Bush y su camarilla a la hora de provocar la crisis actual, pero otros presidentes anteriores han hecho cosas similares a su vez.
El "destino manifiesto" se formuló en Estados Unidos a mediados del siglo XIX, como legitimación divina de su expansión hacia el oeste y del expolio a México del tercio norte de su territorio. El mismo principio parece regir las actitudes de prepotencia ilimitada de quienes creen ser pueblo elegido por la gracia divina, así como de la pretensión de poner a todos los pueblos. naciones y comunidades del planeta a sus pies y su arbitrio. Aunque a primera vista las razones puedan ser distintas, no otra cosa era el derecho a la Lebensraum (el espacio vital) proclamado por los nazis en su expansión hacia el este.
Las celebraciones suntuarias del 11 de septiembre permiten extraer algunas notables conclusiones. Poco tuvieron que ver con las víctimas, recordadas éstas e ignoradas las que sus ejércitos provocan, sino más bien con un acto de obnubilación de las multitudes que mantenga incólume el espíritu de venganza. Al contemplar las imágenes, aquellas composiciones en círculos, cuadrados y filas paralelas formalizadas con geométrica precisión, no pude reprimir la evocación de las ceremonias fascistas y nazis. No era sólo por la apariencia sino la sustancia: su sentido de la teatralidad que dijo Brecht.
El nuevo "orden europeo" que los nazis proclamaron, era la aplicación exclusiva de sus concepciones políticas, raciales y sociales, pero ante todo la supeditación de todos los países sojuzgados a sus intereses económicos. ¿Qué es el flamante "nuevo orden mundial" sino algo similar al servicio de los grandes consorcios, cuyo más preclaro representante son los Estados Unidos de América del Norte? Todo está mejor disfrazado, las grandes palabras ocultan las gélidas intenciones regidas por el único interés de poseer, de dominar, de controlar el mundo. Quieren ser los amos del mundo. Oliver Stone describió de forma impecable la naturaleza y entresijos del sistema en su Wall Street. Gueko, un magnate trapicheador gigantesco del trabajo productivo, le dice a su broker Fox: Nosotros no somos productores de riqueza sino poseedores. Nosotros hacemos las noticias, la guerra, la paz...y concluye: Este país es una economía de mercado no una democracia. No hay cinismo mayor. Lo han hecho antes y pretenden seguir haciéndolo en lo sucesivo.
No puede sorprendernos por tanto que la administración estadounidense, inicie el documento sobre Estrategia Nacional de Seguridad, hecho público el 20 de septiembre, con estas palabras: "Las luchas incesantes que en el siglo XX han opuesto totalitarismo y libertad han concluido con la victoria decisiva de las fuerzas de la libertad y por un único modelo aceptable para el conjunto de las naciones: la libertad, la democracia y la libre empresa".
¿De qué libertad hablan tanto quienes repiten allá o aquí su mismo discurso? ¿En nombre de qué libertad puede un país situarse al margen del derecho internacional y la ética más simple y elemental? ¿De qué democracia? Ni tan siquiera pueden alardear actualmente una libre empresa de verdad.
Una guerra anunciada
A comienzos de septiembre, tras las vacaciones, un periodista preguntó a Andrew Card, jefe de Gabinete de la Casa Blanca, por qué Bush había esperado a aquel momento para anunciar que invadir Irak era la prioridad mayor. Su respuesta fue elocuente: "Porque, desde un punto de vista de marketing, uno no presenta nuevos productos en agosto". Quizás esta afirmación refleje con claridad el sentido de lo que Bush y su camarilla han proyectado.
La prensa española, de donde hemos extraído la mayor parte de las referencias aquí reseñadas, ha recogido multitud de columnas de opinión, reportajes o informaciones en torno a la agresión decretada por los Estados Unidos. Unas se deben a politólogos, sociólogos o escritores estadounidenses o europeos, otras a españoles. En su conjunto nos muestran numerosos datos respecto a este conflicto cuyo balance es estremecedor.
1.- Inmediatamente después del 11 de septiembre, Runsfield anunció el próximo ataque contra Irak. Nadie pudo ni ha podido imbricarle en el terrorismo, pero eran otras las razones que lo impulsaban. Cuando siguen abiertos tantos interrogantes respecto a la trama oculta tras la masacre de Nueva York, Bush y su camarilla con el apoyo de un sector de la población ya han arrasado un país pobre y destruido y amenazan otro.
¿Cuáles son las incógnitas? En el pasado otoño coincidí en una ciudad española con un colega estadounidense, profesor en una importante universidad de su país, a quien conozco desde hace tiempo. Le comenté que había recibido un par de invitaciones para ir a Chicago y Houston, pero que las iba a desechar. La situación interna me resultaba muy desagradable y no deseaba padecerla. Me miró apaciblemente y me dijo: "Como Europa no está a favor de una guerra, habrá un atentado aquí para que la opinión pública cambie de opinión. Vas a estar más seguro en Estados Unidos". Me costó mucho permanecer impasible aunque estaba seguro de que algo así era posible.
2.- Las causas esgrimidas para agredir Irak son ficticias o delirantes. No hay que olvidar que se trata del país árabe más laico y con escasa presencia de fundamentalistas. La más extendida consiste en afirmar que posee armas de destrucción masiva y que ello pone en peligro la seguridad de los Estados Unidos de América del Norte. Nada de esto se ha probado de forma fehaciente, aunque algunos institutos en la materia se hayan prestado a emitir informes quiméricos sobre la cuestión.
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Parece que Irak fuera el único país en poseerlas. En la misma región es bien conocido que Israel las tiene, pero sabemos que eso no cuenta. Israel es como ellos mismos y Sharon un gobernante enérgico a su entender, que mete en cintura a los palestinos. Es curioso además que la acusación provenga de quienes las almacenan en mayor número y sofisticación: nucleares, bacteriológicas y de cualquier otro tipo. Pero también es sabido que ellos son el bien, y en su caso se trata de salvaguardar su seguridad y la libertad.
3.- La estrategia internacional ha sido simple: manifestar un unilateralismo creciente y exacerbado consistente en atacar a todo aquel que le venga en gana. Afirmaron que Irak no cumplía las resoluciones de la ONU, sin embargo no han movido una pestaña para que Israel las aplique, siendo como es el país que más resoluciones ha incumplido o rechazado. Condoleezza Rice llegó a declarar: "No podemos dejar de atacar a Irak", pero jamás explicó por qué. Las formulaciones fueron tan atroces que hasta los viejos emblemas del Partido Republicano se opusieron. Bush y los suyos argumentaron entonces que era necesaria una resolución de Naciones Unidas que cuadrara a sus deseos. Es viejo ya el desprecio que las administraciones estadounidenses han manifestado hacia la ONU, tan sólo se la evoca cuando coincide plenamente con sus deseos.
A fin de buscar un motivo, Bush y sus adláteres exigieron el retorno de los inspectores a Irak. Los iraquíes aceptaron. Era la peor noticia que podían recibir belicistas tan apasionados. Arguyeron entonces que mentían y exigieron nuevas resoluciones que contemplaran el empleo de la fuerza. Como los sabios florentinos que se niegan a mirar por el telescopio para comprobar la naturaleza del cosmos en el Galileo de Brecht (Cuadro 4), ellos prefieren afirmar pero impedir que nadie compruebe, a fin de evitar que se descubra la falsedad de sus afirmaciones.
4.- La estrategia interna ha sido promover el miedo de los ciudadanos y crear una atmósfera opresiva cargada de recelos: libertades y derechos eliminados, pretensión de que miles de ciudadanos se conviertan en delatores, etc. La escalada en esta dirección ha estado carente del mínimo sentido de la decencia y el decoro. Se ha magnificado la potencia militar iraquí, se ha insistido en que están a punto de poseer una bomba atómica. En el colmo del delirio, Bush llegó a asegurar que podía producirse pronto un ataque nuclear iraquí o que aviones no tripulados iraquíes descargaran armas bacteriológicas sobre sus ciudades. A esas alturas los ciudadanos europeos y muchos estadounidenses estaban hartos de mentiras y fabulaciones.
5.- ¿Cuáles son en realidad las razones que llevan a la administración estadounidense a poner tanto empeño en llevar adelante la agresión contra Irak? Caben pocas dudas de que se trata en primer lugar de apropiarse del petroleo que guarda en su subsuelo: 113.000 millones de barriles, la segunda reserva del mundo, y tienen previsto que puedan llegar a los 220.000. La cuestión de las concesiones a compañías europeas frente a las norteamericanas es decisiva. Cambiar el régimen de Irak, poner al frente de su gobierno un general norteamericano como se ha dicho, una especie de proconsul del imperio, resolvería el problema. La Exon Mobil y la Chevron Texaco, pueden dejarse unos duros en el intento y contemplar impávidos miles de muertos sin mover un músculo ni dejar de asistir al oficio dominical.
La segunda es la imposición por la fuerza de su nuevo orden mundial. El control del mundo para plegarlo a sus intereses y el desprecio de las leyes y acuerdos internacionales que no les convengan. Ellos decidirán en cada caso y aplicarán los medios que consideren necesarios. Es una imposición generalizada de vasallaje.
Sirve ademas de estratagema para desvíar la atención de los escándalos de corrupción que planean sobre diferentes miembros de la camarilla de Bush, de los gigantescos fraudes descubiertos a partir del de Enron. Al mismo tiempo se ha querido utilizar de medio electoralista.
Por último se trata capciosamente de humillar y debilitar a la Unión Europea, truculento ardid en el que colaboran algunos de los gobiernos de nuestro continente. Estados Unidos de forma solapada tiene siempre en su punto de mira poner trabas a su coordinación de esfuerzos y estrategias. Europa es un concurrente al que buscan debilitar por todos los medios.
6.- La guerra proyectada, como las anteriores que se han dado, es un buen negocio para algunos aunque sea un sucio negocio. Se ha calculado su coste entre 100.000 y 200.000 millones de dólares: una minucia. Pagarán los ciudadanos que trabajan, obtendrán suculentos beneficios los consorcios armamentísticos, las empresas subsidiarias de servicios al ejército, etc. Incluso antes, cuando las bolsas caen día a día y sube el precio del barril de crudo hasta casi treinta dólares, hay quienes ganan y mucho. El consumo no desciende y los beneficios de los petroleros es mucho más alto. La población de los USA sufre también las consecuencias.
Cuando las estadísticas nos ofrecen el dato escalofriante de que 6 millones de niños mueren cada año de hambre, es lógicamente humano preguntarse si el sistema que las provoca es a lo mejor que podemos aspirar. ¿No hay formas más justas y saludables de utilizar los recursos disponibles?
7.- La guerra contra Irak nunca terminó. Se decretaron unas zonas de exclusión y aviones estadounidenses y británicos han bombardeado de forma intermitente lo que han tenido a bien: una especie de entrenamiento con fuego real. Cuando un presidente, también Clinton, tenía una atención que desvíar o aumentar su índice de popularidad, nada mejor que un bombardeo. Cuando lo necesario era provocar, también. La comunidad internacional ha callado ante estas agresiones. El 1 de octubre, el Ministerio de Exteriores de Rusia hizo una declaración en la que señalaba que "las zonas de exclusión aérea del norte y el sur de Irak, fueron fijadas por Estados Unidos tras el final de la Guerra del Golfo en 1991. La decisión estadounidense fue tomada de forma unilateral sin el respaldo de Naciones Unidas". Ya entonces se inició el unilateralismo salvaje. ¿Por qué ninguno de los gobernantes implicados lo ha dicho?
Un presidente a la medida
Es de sobra sabido que los presidentes estadounidenses suelen ser con frecuencia meros representantes de poderes económicos planetarios. Estan dirigidos por el Consejo Nacional de Seguridad que opera en los sótanos de la Casa Blanca y responde a los intereses del complejo armamentístico de aquel país. El caso de Reagan fue particularmente notorio, sólo así puede entenderse que alguien como él pudiera llegar a puesto tan relevante aun en una democracia tan enferma y desvaída como aquélla. Se escogió a un pésimo actor para que representara el personaje de Presidente de los USA, aunque en ningún caso se le debía pasar por la cabeza adoptar una mínima decisión de gobierno.
George W. Bush es un Presidente a la medida de las circunstancias. Pertenece a una familia con intereses petrolíferos y él mismo, como su Vicepresidente Dick Cheney, participan de dichos negocios. Es un personaje de grisura ostensible y tosquedad patente. Deleznable en sus estudios, cuya superación ínfima responde a la benevolencia de un centro docente privado respecto a familias como la suya. Su mayor virtud parece consistir en su sumisión a los representantes del poder armamentístico, petrolífero y económico, se sirve sirviéndolos, así como en su pulso entrenado en firmar sentencias de muerte en Texas.
Quienes deciden y ordenan son Donald Rumsfeld, Dick Cheney, Pearl, Wolfowitz, Ascroft, ideólogos y estrategas de la demolición dominadora, con la cooperación de Condoleezza Rice. Ellos manejan todos los hilos, son el poder en la sombra. Bush sólo pone la cara, cumple su cometido, discursea con rigidez entrenada, parece una marioneta sin voluntad, cumplidora fiel de lo que le encomiendan los componentes de un poder sin rostro aunque de terrible capacidad coercitiva, que lo han aupado hasta donde está.
Su forma de caminar carece de toda elegancia y armonía, al igual que su gestualidad. En un sistema basado fundamentalmente en las apariencias, en la imagen, que no en las capacidades, aptitudes o saberes, era imprescindible proceder a su entrenamiento ante las cámaras. Deduzco que ha debido soportar un penoso aprendizaje interpretativo para componer una imagen que resistiera al bochorno. Nada en él es artificial, excepto cuando se le sorprende en una situación de cierta intimidad y entonces emerge la zafiedad que se presupone.
Su dimensión excelsa la alcanza tras el atril, cuando dirige sus discursos a la nación, a la ONU o a un cónclave de fieles. Adopta un escorzo que proyecta su hombro y brazo derecho hacia adelante para transmitir seguridad y firmeza. Su dedo puntúa como reafirmación. Sus palabras se pronuncian con nitidez y cadencia espaciosa, porque pretenden erigirse en amenazas hacia otros o en lenitivos patrióticos para consumo de incautos. Pero todo ello expresado con rigidez y tensión extremas, como si se viera forzado a adoptar actitudes que no son las que su natural le pide. Es un mal intérprete de su personaje, mucho peor que Reagan que ya es decir, o que su papá, quien no vacilaba en proferir sus amenazas transparentando los torvos recovecos de su personalidad.
Entre los gestos teatrales uno a destacar: El atril necesario, Bush detrás como siempre y un grupito de senadores republicanos y demócratas rodeándole apiñados. Un pelotón embutido bajo el porche de la Casa Blanca para dar sensación de que ocupan el espacio y ofrecer una impresión de unanimidad de la que carecen.
Entre las perlas que caen de su boca, la más eminente la expulsada en un acto electoral en Houston el 26 de septiembre: "Sadam es el tipo que quiso matar a mi papa". Conmovedor. Aparte de que aquel supuesto complot nunca fue avalado con pruebas, ¿qué supone que sienten todos aquellos cuyos padres, madres, hermanas, esposos o hijos han perecido por las oleadas de sangre y fuego que él decretó? Sin embargo viene a decirnos: ¿Qué importan unos cuantos untermensch?, término acuñado por los nazis para definir a quienes consideraban seres o pueblos inferiores.
Entre las máximas eminentes, elijo: "Los Estados Unidos son el único modelo superviviente del progreso humano". Carlos Fuentes le daba cumplida respuesta en su artículo Errores históricos, publicado en El País el 9 de octubre: "Sí, hay un choque de civilizaciones.(...) Es el choque entre un poder autoritario, ignorante, excluyente, de la fuerza bruta, y el poder democrático, sabio, incluyente, de la creación humana. ¿Sabremos resistir, sabremos escoger? La guerra no es la paz. La libertad no es la esclavitud. La ignorancia no es la fuerza".
La respuesta externa e interna
El mundo ha comenzado a reaccionar ante esta escandalosa transgresión del derecho internacional. Manifestaciones multitudinarias se han producido en diversos países europeos. ¿Qué decir de los palestinos masacrados e ignorados? ¿Qué decir de los países árabes que ven cómo se les considera terroristas en potencia, cuando saben para quiénes trabajaban los pilotos suicidas de Nueva York?
La opinión pública española según las encuestas, se manifiesta contraria a una guerra unilateral en un setenta y cinco por ciento, pero un sesenta y dos por ciento se opone aunque cuente con el apoyo de Naciones Unidas. La sociedad española ha decidido no tragarse más mentiras. Los participantes en el Encuentro Mundial de las Artes celebrado el pasado mes de octubre en Valencia, redactaron un manifiesto breve y explícito:
"Los abajo firmantes conscientes de la responsabilidad moral de los intelectuales y artistas, manifiestan su total oposición a la agresión bélica que está preparándose contra Irak y expresan su firme voluntad a favor de que la humanidad camine por la senda de la tolerancia y la paz"
Entre los firmantes figuran críticos, estudiosos, pintores, arquitectos, filósofos, cineastas, músicos, bailarines, coreógrafos, directores de escena, autores, gestores culturales, etc., como José Vidal Beneyto, Gerard Mortier, Ana Diosdado, Francisco Jarauta, Darío Villalba, Robert Abirached, Juan Angel Vela del Campo, Luis Fernando Malheiro, Tomás Llorens, Irene Papas, Jennifer Muller, Jorge Grau, Luis Francisco Rebello, Cecilia Bartolomé, Luis de Tavira, José Granero, Marie Laure Jousset, Mario Lavista, Carmen Linares, José Luis Borau, Giuseppe Ferrara, José Carlos Martínez, José Jiménez, José Luis Tellez, Bárbara Rose, Santos Zunzunegui, Seung Mi Kim, José Monleón, Sylvianne Bayard, Juan Genovés, Laura García Lorca, Cherif Khaznadar, José Ramón Encinar, hasta ciento sesenta. A ellos han sucedido con posterioridad cientos de adhesiones entre las que debemos reseñar la de Sergio Escobar, director del Piccolo Teatro de Milano.
En este panorama, tienen particular interés las declaraciones de diferentes personalidades estadounidenses por su claridad y contundencia, así como las movilizaciones que han comenzado a producirse. Al Gore, candidato demócrata en las últimas elecciones, afirmó en San Francisco el 24 de septiembre:
"Después del 11 de septiembre, disponíamos de un enorme caudal de simpatía, buena voluntad y apoyo en el resto del mundo. Lo hemos desperdiciado, y en un año lo hemos sustituido por miedo, ansiedad e incertidumbre, no por lo que los terroristas puedan hacer, sino por lo que podamos hacer nosotros.
La estrategia nacional emergente no sólo celebra la fuerza americana, sino que glorifica además la idea de dominación... Si lo que Estados Unidos encarna ante el resto del mundo es el liderazgo en una asociación de iguales, nuestros amigos serán legión. Si lo que encarnamos ante el mundo es un imperio, nuestros enemigos serán legión.
La idea de que un ciudadano estadounidense pueda ser encarcelado sin un proceso judicial, y que eso pueda hacerse por una simple orden del presidente o de quienes actuan en su nombre es inadmisible, antiamericana, y debe ser combatida".
Esta requisitoria no ha encontrado más que un eco insuficiente en las Cámaras, pero refleja una ruptura expresa de los segmentos dominantes del país. Un sector nada desdeñable al parecer, comprende que la economía estadounidense va a sufrir igualmente las consecuencias negativas derivadas del conflicto. Son todos aquellos que no integran las industrias armamentísticas, las petroleras o las empresas subsidiarias como la que protege el Vicepresidente Cheney, encargada del montaje de los campamentos militares con todas las comodidades que los soldados precisan y con presupuesto ilimitado.
El ex presidente Carter durante una conferencia en la universidad deVirginia, aseguró que el unilateralismo de Bush y su desprecio hacia los gobiernos aliados, "es una ruptura radical con las tradiciones que han configurado la política de nuestra nación, bajo presidentes demócratas y republicanos, durante más de cincuenta años". El Presidente Truman escribía en sus Memorias: "Siempre me he opuesto a pensar siquiera en este tipo de guerra (la preventiva). No hay nada más disparatado que creer que la guerra puede ser evitada por la guerra. Por la guerra no se puede evitar más que la paz" ¡Lástima -concluye C. Mendo en un reciente artículo- que las Memorias de Truman no figuren entre los libros de cabecera de Bush!
Edward Kennedy ha intervenido igualmente en el debate asegurando que "tener la fuerza no significa tener la razón". El Comité Noruego del Nobel de la Paz se lo ha recordado a Bush con evidente sarcasmo.
En una entrevista publicada por Le Monde el 24 de septiembre, Arthur Miller respondía de este modo a Jean Louis Perrier:
"La historia no se repite exactamente. Todo se ha hecho más complejo porque las personas son más escépticas. Incluso Bush tiene dificultades con los más conservadores de su partido. Eso no hubiese ocurrido en 1952. Pocas gentes de derechas osaban oponerse a McCarthy. Tenían miedo, incluso si no les gustaba lo que hacía. Hoy el cinismo prevalece en la derecha y en el centro. Quieren una guerra únicamente para ser reelegidos".
El anciano maestro se esfuerza por conservar una cierta dosis de esperanza ante las contradicciones de la extrema derecha y la derecha estadounidense. Mucho más contundente fue desde luego Jessica Lange. En unas declaraciones durante el pasado Festival Internacional de Cine de San Sebastián, recogidas por El País el 26 del pasado septiembre, la excelente actriz decía:
"Lo que George Bush pretende hacer con Irak es inconstitucional, inmoral e ilegal. Odio a Bush, le desprecio a él y a toda su Administración. No sólo por su polítca internacional sino también por la nacional. Venir hoy de Estados Unidos sólo me da vergüenza, es humillante.
Bush robó las elecciones y desde entonces lo padecemos todos. Lo de Irak es una absoluta locura, pero lo que no entiendo es que nadie le frene, ni dentro ni fuera de EE UU. No veo movimientos de derechos civiles o de estudiantes que se enfrenten a un gobierno inaceptable. No existe conciencia entre los jóvenes de lo que está ocurriendo en nuestro país y sólo espero que algún día esto cambie y alguien se levante de una vez.
En mi país el ambiente está envenenado. Irrespirable para los que no somos de derechas. Así que gracias por invitarme a este festival y permitirme salir de allí unos días".
Tiempo de espera
Cuesta enormemente asumir que los Estados Unidos de América del Norte no son tan sólo lo que parecen. La imagen de prepotencia, de incultura, de desprecio hacia las leyes y el derecho internacional, la ignorancia omnímoda de otras culturas, otros pueblos y naciones, la exhibición de su potencia militar como única razón de sus acciones, etc., son patrimonio de esta y otras administraciones apoyadas por un segmento numeroso de gentes de aquel país, con frecuencia más próximo a las hordas de linchadores que algunes filmes nos muestran en su torva brutalidad, que a la condición de ciudadanía civilizada.
Es por supuesto la gente que desea ignorar que Estados Unidos padece una severa crisis económica, ocupa un lugar rezagado a escala mundial en cuestiones como educación, sanidad, seguridad ciudadana, etc., es posiblemente partidaria de la Asociación Nacional del Rifle, creada poco después que el Ku Klux Klan para armar a los blancos del sur a fin de sojuzgar a los negros. Encuentra lógico que se vulneren los acuerdos internacionales cuando lo decidan sus gerifaltes y acepta la existencia de la tortura en su propio país o encomendando a otros la salaz faena en su nombre. No concede importancia a que se cuente un arma de fuego por habitante y que muera una persona tiroteada cada 15 minutos. Tiene seguridad absoluta en que el mundo sólo desea ser como ellos, que son superiores, que representan el bien, y el mal es todo aquello diferente o que no se les someta. Esta mentalidad es la de la mayoría de votantes de Bush, la que pide sangre y guerra, la que es incapaz de preguntarse por la razón y sentido de las cosas.
Pero ese país gigantesco y variopinto tiene también una parte de su población culta, ilustrada, reflexiva. Representa los valores democráticos de la Constitución, aquellos que fundamentaron lo mejor que esta nación ha inscrito en la historia. Con frecuencia viven aislados unos de otros, caen en la trampa de no encontrarse, de no unirse. Cuando lo hacen muestran su auténtica fortaleza y es cuando la horda los llama antiamericanos. Es la demostración de que comienzan a ser eficaces. Todos aquellos que estamos contra el unilateralismo, la prepotencia y las guerras inducidas por la rapacidad de los poderes económicos, estamos con ellos. Sabemos que son la punta de lanza que puede impedirlas.
El momento más emotivo del pasado Encuentro Mundial de las Artes fue cuando la coreógrafa neoyorquina Jennifer Muller se despedía con los ojos arrasados de lágrimas, felicitándonos por lo que hacíamos. Quizás nos estemos jugando la razón de ser de la condición humana.
