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Teatro escogido
Cruz del Rosario, Juan de la
Publicaciones de la ADE, 2006. (Serie: Literatura Dramática Iberoamericana, nº 45). 494 páginas.
Comentario:
En 2005, se cumplieron 15 años del fallecimiento
de Juan de la Cruz del Rosario, hombre de teatro muy celebrado en su tierra
de origen, Canarias, y menos conocido en el ámbito peninsular por
aquello de la insularidad. Juan de la Cruz del Rosario conjugó todos
los oficios posibles relacionados con el teatro, desde la autoría
hasta la actuación en compañía de Carmelo Alcántara,
Fernando Navas y Juan Ramón Pérez, o lo que es lo mismo, Profetas
de mueble bar, que en 2005 cumplió un cuatro de siglo desde su fundación.
El libro en su epílogo desvela algunos de los rasgos humanos y profesionales
que creo oportuno destacar en estas primeras líneas: Juan de la Cruz
del Rosario fue un actor "que conocía el poder del gesto, la
elocuencia del silencio, la importancia del ritmo" y poseía
una amplia gama de recursos y técnicas fruto de la experimentación
y la experiencia. Poseía además algunas cualidades naturales
muy importantes para la actuación: "potente voz, (..) y mirada
penetrante que atrapaba a los espectadores."
Pero las líneas que siguen no se detienen en los pormenores de su
vida sobre la escena, sino en los textos escritos que ahora se recopilan
y se publican juntos por vez primera, en el marco de un proyecto en el que
intervienen entidades canarias, la SGAE, el Ministerio de Cultura y la ADE.
La obra teatral de Juan de la Cruz del Rosario comprende un total de 25
piezas y cinco creaciones colectivas, escritas entre 1976 y 1990. De ellas,
la editora y prologuista, Carmen Márquez Montes, selecciona las más
significativas y las edita por orden cronológico, pues prefiere este
criterio a la agrupación temática o estilística, bastante
compleja, pues en sus propuestas bastante eclécticas "hay una
gran mezcla de estilos, intercalando escenas de marcado tono de opereta
con otras cercanas al psicodrama, escenas próximas al music-hall
con otras muy dramáticas o, incluso, trágicas".
Antes de afrontar la lectura de esta recopilación de Teatro escogido,
quizás sea interesante advertir de dos cualidades que definen el
teatro de Juan de la Cruz del Rosario: se trata de textos para ser representados
y que se escriben pensando en los Profetas de mueble bar; en segundo lugar,
la lectura de este teatro requiere, de un modo más necesario, el
concurso de la imaginación del lector, porque la teatralidad que
contienen, podría no aflorar si tan sólo se realiza una lectura
superficial.
La temática de las obras contenidas en este volumen es muy variada,
presidida acaso por la necesidad de dar una respuesta desde el escenario
a los problemas que a nivel personal o social se planteaba Juan de la Cruz
del Rosario o de las reflexiones con sus compañeros de trabajo. No
obstante esta diversidad, existen en mi opinión recurrencias; por
ejemplo, su obra teatral se encuentra presidida por una visión muy
ácida y crítica de una sociedad, que no le gusta, en la que
se encuentra incómodo, situando la diana de su censura, escondida
detrás de la sátira, en instituciones tradicionales como la
familia o en el abuso del poder de los que lo ostentan. Junto a esta visión
de la sociedad, su propia concepción del mundo: sus obras están
atravesadas por una visión nihilista y desesperanzada, que esconde
detrás de la ironía o de un humor desgarrado por el sarcasmo.
La muerte, conforme su enfermedad avanza, se presenta con una vigencia cada
vez más poderosa: es una realidad de la que la ficción no
puede desligarse.
De su teatro quería destacar cuatro cualidades, aquellas que me parecen
más significativas, algunas de ellas emparentadas con Alfred Jarry,
apreciación en la que coincido con Márquez Montes. En primer
lugar el valor de las acotaciones escénicas muy numerosas y referidas,
sobre todo, a los personajes, para que las acciones que allí se marcan
tengan tanta importancia como el texto principal e indiquen un estilo interpretativo.
Asimismo destaca la capacidad de Juan de la Cruz del Rosario para construir
diálogos elaborados con oficio y habilidad, donde el juego de palabras
unas veces conduce hacia situaciones absurdas que encierran esa posición
escéptica y nihilista frente a la vida. La pericia en la elaboración
de diálogos ocasiona en algunas de sus obras una cierta artificiosidad
y la prolongación excesiva de las situaciones.
Juan de la Cruz del Rosario brilla más en las piezas cortas. En estas
se muestra más incisivo y contienen un mayor valor teatral porque,
cuando el empeño es de mayor envergadura, le cuesta avanzar la acción,
cambiar de situaciones, introducir nuevos conflictos, etc. La última
característica de estas obras dramáticas se identifica con
los personajes, que son la consecuencia de cuanto he expresado en las líneas
anteriores: arquetipos, con rasgos exagerados por leves hipérboles
en algunos casos, que resultarán muy eficaces para esa denuncia social
que subyace en los textos teatrales. En suma la recopilación de la
obra teatral de Juan de la Cruz del Rosario posee un gran interés
además de por las notas destacadas en esta reseña por proyectar
más allá del ámbito local, la figura de un hombre de
teatro con una obra importante que la muerte segó cuando caminaba
hacia su madurez.
José Gabriel Antuñano
