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De aire y fuego. Memorias.
Espert, Nuria y Ordóñez, Marcos
Madrid: Aguilar/Santillana, 2002. 344 págs.
Comentario:
Hay pocas dudas de que las palabras con las que Terenci Moix definió a Nuria Espert y que sirven de título a este libro son singularmente ajustadas. Leyéndolo, y a pesar de lo que luego se dirá de él, su acierto queda de nuevo corroborado. La personalidad y el talento profesional de Nuria Espert han atravesado el medio teatral español durante más de cincuenta años, y lo que queda, como un vendaval ardiente. Los hechos que se narran en estas memorias lo confirman una vez más.
Esa personalidad y ese talento merecen sin duda unas memorias. Y no porque Nuria Espert haya sido testigo excepcional de esa larga etapa de nuestra historia teatral, sino porque en muy buena medida la ha protagonizado, alentando y realizando algunos de sus proyectos más emblemáticos e influyentes; unos más acertados, otros menos, pero muy pocos irrelevantes.
Sin embargo, no es de fuego y aire la lectura de estas memorias. Para bien o para mal, y a pesar de que se abordan en ellas, con claridad y detenimiento, sucesos particularmente intensos y en ocasiones dolorosos, parecen más contadas que vividas, como si -perdón por la ironía brechtiana- la actriz hubiera narrado su papel en lugar de interpretarlo.
No parece un problema de estilo literario ni defecto imputable al co-autor del libro. Marcos Ordóñez ha encontrado un discreto equilibrio que ni pretende disimular la existencia de una mano intermediaria entre la protagonista y lo relatado, ni se dedica a salpicar el texto de efectos y recursos literarios que distraigan al lector del objetivo central de la lectura.
Más bien, parece fruto del propósito, de la voluntad de contar los sucesos como si se narraran en tercera persona, como si la actriz quisiera ser más testigo que protagonista de sus recuerdos, y evitar así que el lector tenga la sensación de que se le invita a algún género de confesión íntima y no a la estricta reflexión personal sobre una larga cadena de acontecimientos sintomáticos y ordenados cronológicamente.
No quiere esto decir que el libro no cumpla con los requisitos propios de unas memorias. Los amantes del género (entre los cuales, lo admito como defecto, no me encuentro) hallarán los elementos consustanciales al caso: la constante y voluntaria subjetividad, las dosis acotadas de autocrítica, la reflexión sobre las consecuencias aplazadas de los principales acontecimientos, los reconocimientos personales, los personajes criticados de forma más o menos anónima, los señalados directamente, las anécdotas antes no contadas, los retazos de la trastienda personal de la figura pública.
Para otro tipo de lectores, el interés será otro. Por ejemplo, las escasas e implícitas, pero muy sugerentes reflexiones sobre la interpretación teatral y sobre el ejercicio de la profesión, la descripción de los problemas muy concretos y materiales que hay detrás grandes proyectos escénicos, los factores a veces insólitos que influyen en decisiones estéticas y gestión de hondo calado, las distintas fases que atraviesa un gran proyecto a lo largo de su vida, los modos de recepción del público y de la crítica, la ilustración de las diferentes condiciones de todo tipo que han determinado el ejercicio de la profesión teatral en España a lo largo de más de cincuenta años.
Estos últimos lectores hallarán, a lo peor, que estas memorias no son ni de fuego ni de aire. Pero sí muy útiles.
Alberto Fernández Torres
