Índice de reseñas
A.A.V.V.: Greek and Roman Actors.
(Edición a cargo de Pat Easterling y Edith Hall).
Cambridge: Cambridge University Press, 2002. 510 págs.
A.A.V.V.: Acting (Re)considered.
(Edición a cargo de Phillip B. Zarrilli) .
Londres: Routledge, 2002. 396 págs.
Comentario:
Estamos ante dos obras fundamentales en el amplio campo de conocimiento propio de la Interpretación. El primero, que se podría enmarcar en la Historia de la Interpretación, lleva por subtítulo "Aspectos de una vieja profesión" y se organiza en tres partes que ofrecen tres visiones de un mundo difícil de reflejar debido a ese carácter efímero que forma parte de la esencia del teatro. Un total de veinte ensayos iluminados por sesenta y una ilustraciones y escritos por un heterogéneo grupo de profesores y reputados especialistas que han destacado por sus trabajos sobre diferentes aspectos de las civilizaciones griega y romana, en campos como la arqueología, la cultura, la literatura dramática o el teatro y que ahora se ocupan del arte del actor, del ejercicio profesional y de la idea del actor. Recordemos, por ejemplo, que Pat Easterling, profesora de griego en Cambridge durante años, editaba en 1997 un volumen no menos interesante, el titulado Cambridge Companion to Greek Tragedy; que Richard Green es autor de un estudio transcendental titulado Theatre in Ancient Greek Society, y presentado en 1994 o que Peter Wilson publicaba en 2000 un estudio sobresaliente, The Athenian Institution of the Khoregia. Pero todos y cada uno de los demás colaboradores en esta empresa presentan similares méritos y sus estudios, investigaciones y artículos son un referente esencial para conocer los entresijos diversos del sistema teatral de Grecia y Roma.
La Historia de la Interpretación en el mundo clásico presenta numerosos problemas, muchos más todavía que la Historia del Teatro, pues carecemos de las fuentes primarias, es decir, de los espectáculos históricos, y las secundarias no siempre ofrecen la fiabilidad o la consistencia que requiere la formulación de hipótesis cuando menos razonables. En un estudio editado en 1989 por la Universidad de Iowa, Interpreting the Theatrical Past, Thomas Postlewait y Brice A. McConachie ya presentaban un conjunto de reflexiones que ponen de manifiesto las dificultades que implica la construcción de conocimiento en el campo que nos ocupa. Con todo, hay que destacar que los trabajos incluídos en el volumen aportan abundante documentación para justificar sus propuestas, lo cual nos permite tener una idea más cabal y aproximada de lo que pudo haber sido la interpretación en Grecia y Roma durante un período que abarca más de ocho siglos, lo cual no es poco.
Estamos, en consecuencia, ante un libro de cabecera para toda persona interesada en la Historia del Teatro o la Historia de la Interpretación. Un volumen que ofrece, por otra parte, una bibliografía en la que perderse a voluntad sabiendo que todos los caminos que propone son nuevas sendas de información y conocimiento. Está en inglés pero merece la pena el esfuerzo, sobre todo cuando los autores y autoras aciertan a combinar con singular maestría erudición y divulgación.
La segunda lectura que proponemos constituye una sólida aportación a la Teoría y la práctica de la Interpretación, un volumen que cuenta con la colaboración de un destacado número de especialistas, entre los que encontramos directores de escena, actores o profesores universitarios vinculados a los campos de la Teatrología y de los Estudios Teatrales. Consta de tres partes netamente diferenciadas. La primera, en la que se abordan aspectos teóricos de la Interpretación, cuenta con un total de cinco trabajos, entre los que cabría destacar la notable introducción de Phillip Zarrilli, en la que nos propone todo un curso de acción para aproximarnos a las más recientes aportaciones en el campo. Siguen, entre otros, dos trabajos particularmente interesantes: el primero de Michael Kirby, "On Acting and Not-Acting", y el segundo de Bert O. States, "The Actor's Presence: Three Phenomenal Modes".
La segunda parte contiene diversas aproximaciones a la formación práctica del actor, y aquí encontramos autores bien conocidos como Eugenio Barba o Tadashi Suzuki, si bien conviene señalar el considerable interés del conjunto, en el que cabría destacar un trabajo de Mel Gordon sobre la biomecánica de Meyerhold que incluye abundante documentación gráfica, el artículo de Deirdre Sklar sobre Etienne Decroux o la visión que Paul Allain nos ofrece sobre la compañía que en el pueblo de Gardzienice, en la Galicia polaca, dirige W. Staniewski, quien propone una nueva formulación de la Antropología Teatral, en la que se deja sentir la influencia del investigador ruso Mijail Bajtin. Finalmente, la tercera parte nos ofrece un estudio de casos, donde, entre otras, se analizan propuestas de Brecht, Augusto Boal o Darío Fo, se considera el rol del actor en el teatro de Robert Wilson, se indagan las particularidades del teatro feminista o se ofrecen testimonios de actrices singulares como Rachel Rosenthal y actores razonablemente populares como Willem Dafoe, en este caso en relación con el espectáculo LSD realizado por The Wooster Group...
Como decíamos, dos buenos libros, de lectura obligada por todo lo que contienen y por los muchos caminos que se van abriendo a medida que la lectura progresa. Dos libros que reclaman, en consecuencia, su traducción inmediata al castellano.
Manuel F. Vieites
