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En la soledad de los campos de algodón. Regreso al desierto.
Koltès, Bernard Marie:
(Traducción: Nathalie Cañizares Bundorf.)
Hondarribia: Hiru, 2001.
Comentario:
La editorial Hiru, que sustentan desde Fuenterrabía Alfonso Sastre y Genoveva Forest, mantiene una de las líneas editoriales más coherentes e interesantes dentro del mezquino panorama de la edición teatral en España. Además de la lenta pero segura publicación de las obras de Sastre, nos ha ofrecido últimamente una nueva edición del Teatro político, de Piscator, al cuidado de César de Vicente, o las últimas obras de Thomas Bernhardt y Tankred Dorst.
Ahora acaba de publicar dos obras de Bernard Marie Koltés, esa "estrella fugaz" de la dramaturgia europea desaparecido hace catorce años. No vamos a descubrir ahora quién fue Koltés, pero la publicación de En la soledad de los campos de algodón y de Regreso al desierto, las obras con que nos regala Hiru en esta ocasión, se nos antoja de una pasmosa actualidad. No se trata solamente de que no hayan envejecido nada en estos años, cuando la velocidad de consumo propia de nuestra sociedad produce carreras meteóricas tanto en el ascenso como en el olvido. Se trata de que parecen obras escritas en los últimos meses, y casi diría que en las últimas semanas.
Las dos obras radiografían con precisión el estado de angustia de las clases acomodadas de Occidente ante las amenazas que rodean el mundo de seguridad y miseria mental en que se ha encerrado. Probablemente no haya ninguna obra que retrate de manera más precisa el diálogo de sordos en que se ha convertido el supuesto "choque de civilizaciones" que predican los apocalípticos del capitalismo que esa pesadilla en forma de diálogo que es En la soledad de los campos de algodón. El encuentro del supuesto cliente con el "dealer", el personaje que le ofrece algo que nunca queda claro si es un intercambio comercial, un trato sexual o un atraco, conforma una de las obras más inquietantes que se hayan escrito en los últimos tiempos, pero es también un buen retrato de la moral del burgués (¿seguirá habiendo burguesía?) encerrado en su mundo de privilegios que, al salir a los arrabales de su propia ciudad, a unos metros de su calle y de su casa, encuentra la amenaza incierta de lo que no está dentro de la legalidad, de lo que él rechaza y a la vez desea.
No menos inquietante, pero mucho más precisa, es la última obra escrita por Koltés, Regreso al desierto, una recreación poética y esperpéntica del mundo de la provincia francesa en los años de la guerra de Argelia. El desierto aludido, que es tanto el Sahara del que viene Matilde como el desierto moral en que ha vivido siempre su familia en la pequeña ciudad provinciana del Midi francés, es el territorio de todas la mezquindades, de todos los odios y todos los miedos de los buenos burgueses que tratan de preservar sus propiedades, sus privilegios de clase y su anacrónico colonialismo en un mundo que se derrumba por momentos. Imagen de una Francia intolerante que bien puede ser la del Frente Nacional (no en vano su líder se creó una fama ignominiosa en la guerra de Argelia), el mundo de Regreso al desierto nos lleva a los orígenes del odio racial y la xenofobia que arrasa en estos momentos toda la sociedad occidental.
Traducir a Koltés es difícil. Su lenguaje se entronca con esa tradición tan francesa del grand style que viene de Racine y que Juan Benet echaba de menos en castellano, pero es a la vez un lenguaje modernísimo, lleno de giros jergales y diálogos vivacísimos que vienen de las hablas callejeras. Nathalie Cañizares ha conseguido recrear el lenguaje de Koltés haciendo que suene en castellano como un diálogo teatral con toda su carga retórica -alta retórica, por supuesto- y su sentido poético. Lástima de algunos galicismos (¡esos "de buena mañana"!) que se escapan de vez en cuando.
La edición de Hiru incluye una presentación de Koltès de mano de Moisés Pérez Coterillo, que fue uno de los primeros en dar a conocer al autor francés en España. El libro, pues, tiene algo de homenaje a dos personalidades teatrales desaparecidas. Bienvenido sea en estos momentos.
Fernando Doménech Rico
