Índice de reseñas
Giménez Arnau, José Antonio: Murió hace quince años; Trenas, Julio: El hogar; Escobar, Luis: Elena Ossorio.
Madrid: Publicaciones de la Asociación de Directores de Escena de España, 2005. (Serie: Premios Lope de Vega, nº 3). 332 págs.
En el año 2004, la Asociación de Directores
de Escena de España, conjuntamente con el área de las Artes
del Ayuntamiento de Madrid, pone en marcha una nueva colección en
el marco de las actividades de las publicaciones de la ADE. Se trata de
los “Premios Lope de Vega”, una nueva colección cuyo
mérito reside en la recuperación de un legado dramático
a veces desconocido por el gran público o de difícil acceso
para los lectores, especialmente en el caso de obras como las que ocupan
esta reseña. Así, en el volumen tercero hallamos las obras
ganadoras de las ediciones de 1952 y 1953, Murió hace quince años
de José Antonio Giménez Arnau y El hogar invadido de Julio
Trenas, así como Elena Ossorio de Luis Escobar, finalista en la edición
de 1953, introducidas por José Gabriel López Antuñano.
Si a veces resulta difícil realizar ediciones de piezas dramáticas
de un pasado más o menos inmediato -ya que el lector las juzga desde
una perspectiva actual o desde sus propios gustos literarios- todavía
resulta más complejo situar al lector en un entramado cultural y
político como el de los años cincuenta y que esta ubicación
responda a la ubicación de un texto teatral en el entramado escénico
de manera que el lector pueda trasladarse a esa época y sea consciente
de que la vida real de una pieza teatral sólo puede entenderse sobre
un escenario.
Todos estos aspectos son conseguidos plenamente por López Antuñano
quien, en las páginas introductorias, disecciona el momento histórico
y político de cada unas de las piezas casi desde los propios argumentos.
Las personalidades de los escritores desde su significado cultural, el papel
del teatro en la consolidación ideológica, la censura como
factor determinante en la producción artística, el papel de
la crítica y del público en el éxito o fracaso de un
estreno teatral, el resumen de la cartelera teatral madrileña como
muestra del gran momento de producción de espectáculos considerados
como reflejo de los gustos o tendencias -quizá imposiciones institucionales-
del público, esbozos de los acontecimientos que rodearon a los estrenos
de las piezas… Cada uno de estos elementos son planteados por el responsable
de la edición para que el lector contemporáneo, especialmente
el más joven, disponga de elementos para comprender los textos, sus
contenidos y sus circunstancias de composición. En definitiva, recupera
una sección del patrimonio dramático español aunque
a veces echemos de menos una mayor incidencia del aspecto inmaterial del
teatro, nos referimos a la posibilidad de recoger elementos de reconstrucción
de las puestas en escena, asignatura pendiente desde nuestro punto de vista
en la mayoría de las colecciones teatrales del panorama nacional.
Las obras reunidas en el volumen responden a tres géneros dramatúrgicos
diferentes y a tres autores cuya trayectoria está ligada, de una
manera u otra a la práctica teatral, bien en su faceta periodística,
bien en su faceta de dirección escénica. Nos permitiremos
la licencia de comentarlas en sentido inverso a su presentación en
el volumen.
El texto de Luis Escobar toma su argumento de la relación amorosa
real entre Lope de Vega y la actriz Elena Ossorio, concentrándola
en dos momentos, el de su inicio y su final. Estrenada en Inglaterra en
1955 y en Madrid tres años más tarde, la obra es una versión
o re-creación de la relación entre dos personajes históricos
en un esquema que será repetido, entre otros autores, por Antonio
Gala en su obra Anillos para una dama (protagonizada también por
la actriz María Asquerino). Escobar va a construir un texto ligero
en cuanto a la facilidad de ser oído por el espectador y que responde
a un esquema de triángulos sentimentales que interfieren en la relación
de los dos protagonistas. Escobar va a trazar un camino que conduce a la
soledad de ambos personajes, especialmente del femenino al que el autor
confiere un halo de quasi heroína trágica. Un camino que no
va a desarrollar completamente ya lo que vemos sobre la escena es consecuencia
de excesivas acciones fuera de la misma pero que dan como resultado un texto
que rompe la expectativas iniciales del público: ver una comedia
de enredo del Siglo de Oro.
El hogar invadido de Julio Trenas, estrenada en 1955 podría situarse
en una remodelación de los esquemas del drama social con aspectos
del teatro realista en cuanto a tratamiento de personajes. La obra de Trenas
es intemporal y desubicada geográficamente ya que el argumento plantea
cómo un acontecimiento anterior, en este caso una ocupación
militar y sus consecuencias, incide en la existencia de los personajes de
la obra. Así, el maestro Frantz, su esposa Margha, Hans, el hijo
habido con un militar invasor, la también maestra Halda y el oportunista
Antón cuestionarán de manera pasional sus existencias y sus
valores familiares, de crecimiento personal, generacionales, de incidencia
intelectual y moral. Un argumento, pues, cercano al espectador que fue llevado
a la pequeña pantalla en 1969, protagonizado por Paco Racionero,
Javier Loyola, Elena Espejo y Manuel Galiana en sus papeles principales
y emitido el 29 de abril de ese año dentro del espacio “Estudio
1”, programa de enorme importancia para el acercamiento del teatro
al público español y, por consiguiente, de creación
de una potencial asistencia a los espectáculos teatrales.
Quizá sea Murió hace quince años de Giménez
Arnau la obra de más difícil lectura en la actualidad. Enmarcada
en un teatro de potenciación de la ideología franquista, la
obra nos cuenta la historia de Diego, un niño de Moscú, adiestrado
por los comunistas y que es enviado por el Partido a asesinar a su padre,
miembro destacado del gobierno en el poder. El debate interno del joven
entre sus sentimientos familiares, el poder de la sangre, y las obligaciones
con el partido se traducen en un esquema maniqueo resuelto siempre a favor
de los vencedores que finaliza con la muerte del protagonista políticamente
incorrecto. Esta obra, como otras muchas piezas teatrales, fue llevada al
cine en 1954 producida por Aspa Films España, dirigida por Rafael
Gil, con guión de Vicente Escrivá y protagonizada por Rafael
Ribelles y Francisco Rabal en los personajes del padre y el hijo, que en
la representación teatral estaban encarnados por José María
Seoane y Adolfo Marsillach. Pensamos que la mejor valoración del
texto de Giménez Arnau se resume en el programa de mano de la programación
de la Filmoteca Nacional de 2003 donde leemos “un discurso político
de expresa militancia anticomunista en la estela del cine americano propio
de la caza de brujas”.
No quisiéramos acabar estas líneas sin comentar que la lectura
de la introducción y la posterior edición de las obras llevan
implícita para algún lector -y nos referimos a nosotros mismos-
la reflexión acerca de una serie de temas que hemos ido apuntando
a lo largo de esta reseña y que personalmente consideramos importantes
independientemente de los condicionantes ideológicos del momento
y es la constatación de la pérdida de importancia social del
teatro, de su papel cultural, del cambio sustancial de la crítica
teatral y los críticos teatrales como conformadores de opinión
pero sobre todo de reflexión objetiva sobre el teatro que se ve sobre
los escenarios, del papel de los medios de comunicación de masas
en la conformación de nuevos receptores del teatro, televisivo o
no. En definitiva preguntarnos porqué el teatro no parece entrar,
a pesar del aumento de compañías y empresas teatrales, en
los proyectos de modernidad institucionales y sociales.
Patricia Trapero Llobera
