Índice de reseñas
La jeringonza de bastidores adentro: Léxico teatral español (1890-1930).
Navarro, Carmen.
Verona: Edizioni Fiorini, 2004. 193 páginas.
Comentario:
Sólo hay que echar un vistazo a la bibliografía
que cierra el libro que presentamos para ver cuán reducido número
de diccionarios especializados en teatro se hacen y se publican en España.
Pero es que, además, éste no lo publica ninguna editorial
española, sino italiana, aunque en español y para recoger
el léxico teatral castellano de principios del siglo XX.
La jeringonza de bastidores adentro: Léxico teatral español
(1890-1930), de Carmen Navarro, es un libro de investigación profunda,
inscrito en un proyecto interuniversitario sobre aspectos relacionados con
el teatro de los pueblos del Mediterráneo, pero, además, de
ésos que se pueden llamar "libros entrañables y exquisitos",
entre otras cosas, por su intención: recuperar una terminología
teatral que de otro modo quedaría olvidada o sería de muy
difícil localización.
Este glosario de palabras, tecnicismos y frases de la profesión de
teatro de uso de 1890 a 1930 están extraídas de la gran crítica
teatral de los primeros decenios del siglo XX. Entre otros, la autora cita
a Luis Ariquistáin, Enrique Díez-Canedo, Alejandro Miquis
o Eduardo Zamacois. La gran renovación léxica de esta crítica,
referida a todos los campos de la puesta en escena (declamación,
trabajo actoral, dirección escénica, iluminación, vestuario,
público), es una de las fuentes de este trabajo, sobre todo, nos
dice su autora, reseñas de obras estrenadas, crónicas de la
vida teatral y notas biográficas de actores.
Pero este corpus se nutre de otros dos tipos de fuentes, todas ellas bien
referenciadas en la bibliografía del estudio, que son: tratados del
arte escénico, como Estudios sobre la historia del arte escénico,
de Emilio Cotarelo, Tratado del arte escénico, de Sebastián
Carner, o La declamación española, de Enrique Funes, y libros
de memorias llenos de anécdotas teatrales, como El teatro por dentro
y La carrera de Théspis, de Eduardo Zamacois. En total, para su elaboración,
la autora ha analizado cuarenta y una obras, se han incluido los tecnicismos
documentados más de una vez en estas fuentes y se ha verificado su
uso a través de su lematización en diccionarios generales
de la época y su vitalidad actual a través de diccionarios
publicados en los últimos años.
Aunque no es un glosario muy extenso -recoge 519 voces, más de la
mitad, según su autora, no registradas en los diccionarios especializados-,
cada voz está perfectamente definida por medio de tres secciones:
la definición de las variadas acepciones, basada exclusivamente en
la fuentes de la época; la contextualización del lema a través
de la transcripción de las citas donde se recoge el término,
y, por último, se señala la primera vez que apareció
la voz en el DRAE, su definición en él y su mención
en otros diccionarios de la época.
Toda esta estructuración hace que el libro, a pesar de ser un diccionario,
se preste a una lectura de corrido entretenida y muy amena, pero, sobre
todo, llegue a ofrecer una impresión precisa de la vida teatral de
la época y de ciertas concepciones teatrales técnicas y artísticas
imperantes que han sufrido un sustancial cambio.
En este corpus nos podemos encontrar tanto términos comunes, que
en la jerga y en el contexto teatral han adquirido otro significado, como
"degolladero" (viga que separa la luneta del patio) o "desplante"
(precipitación y exageración en la dicción de algunos
actores que buscan el aplauso del público), junto con voces propias
del teatro que siguen en uso o que se estaban gestando.
Repasemos a continuación algunas acepciones, incluidas locuciones,
que nos han resultado curiosas para que el lector pueda hacerse una idea:
"bajar a la concha una obra", cuando los actores ensayan la obra
en el escenario después de haber realizado algunos ensayos de mesa;
"de perfil", se dice del actor "huido" que nunca mira
la sala de frente; "arrojes", los hombres que por oficio se arrojan
desde el telar para que con el peso de su cuerpo suba el telón; "quemar
vela", cuando un actor o actriz no sabe su papel por falta de preparación;
"pasar la maroma" o "prendido de alfileres", dícese
del actor que, durante la representación no domina su papel; "tifus",
espectadores descontentadizos y exigentes, que entran gratis en los teatros;
"troncho", corista que no sabe cantar bien; y, por último,
"chorizos", seguidores del teatro Príncipe de Madrid y
"polacos", los partidarios de la compañía del Teatro
de la Cruz de Madrid, o "rata de foso", cómico viejo que
conoce muy a fondo el mundo teatral.
Sirvan de ejemplo estas voces, algunas caídas en desuso debido a
los cambios que ha ido sufriendo el teatro, pero de gran valor histórico,
para destacar y apreciar la labor de esta investigadora.
Agustina Aragón
