Índice de reseñas
Teatro español del siglo XX.
Oliva, César:
Madrid: Editorial Síntesis, 2002. 367 págs.
Comentario:
Contar el teatro es siempre una tarea ardua y difícil. Mucho más todavía cuando el periodo abarcado por el historiador es amplio y, además, dejando atrás viejos prejuicios, se ensaya una aproximación a la historia teatral, considerando tanto el devenir de la literatura dramática como la evolución del sistema de producción teatral que hace posible que los textos cobren vida escénica.
El libro que reseñamos ofrece el resultado de una aventura de estas características. César Oliva ofrece en él una narración coherente y bien trabada de lo acontecido en el siglo XX en el teatro español, presidida por esta voluntad integradora de la consideración de distintos elementos que intervienen en el hecho teatral.
El riesgo de un empeño así es que finalmente pudiera ser tan pesado por la acumulación de referencias bibliográficas y otros datos que no fuera legible, sino una sucesión de listados de datos inconexos. Más de un libro de estas características anda ya por el mercado y referido al periodo aquí historiado, confundiendo la mera acumulación de información con la historia teatral.
César Oliva, demostrando tener oficio y arte para el reto emprendido, ha salvado este y otros varios obstáculos que amenazan este tipo de estudios. Su oficio queda sobradamente probado en numerosas publicaciones anteriores entre las que cabe recordar aquí de pasada las dedicadas al teatro realista español, las referidas a dramaturgos como Valle-Inclán, García Lorca o Buero Vallejo, sus contribuciones a la historia del teatro universitario o a delimitar la trayectoria del teatro público en España. O ensayos fundamentales sobre lo acontecido en nuestro teatro en la segunda mitad del siglo XX como El teatro desde 1936 (Madrid: Alhambra, 1989) y "El teatro" en Historia y Crítica de la Literatura Española, en el volumen Los nuevos nombres: 1975-1990 (Barcelona: Crítica, 1992) .
En diálogo con estos y otros estudios suyos anteriores -amén de la bibliografía fundamental sobre el tema- ha sido escrito este libro. Y solamente era quizás posible llegar a él tras un largo contacto de años con asunto tan complejo. Más aún, no sólo un contacto libresco, sino también práctico como director teatral, como gestor teatral y como activísimo participante en cuantas actividades relacionadas con el arte escénico se han ido produciendo en España durante el último medio siglo, desde el más estricto mundo académico a las funciones de aficionados, desde las revistas especializadas a otras donde prima la voluntad de contribuir al mantenimiento social del arte de las tablas.
César Oliva está así en condiciones de escribir un libro de conjunto, integrador, como pocos de quienes se dedican a estos menesteres. Y lo ha hecho no sólo con oficio sino con arte: es un libro bien escrito, con claridad suficiente y con gran agilidad, que hacen que se lea de un tirón.
Es necesario insistir en el carácter de visión sintética que preside el libro y que acaba ofreciendo exactamente lo que promete: un balance de un siglo completo de teatro con sus líneas maestras en el mundo literario y la representación. Sobre su cañamazo es fácil situar otros datos o desarrollar algunos de los ofrecidos, pero en definitiva, ofrece una red de relaciones muy coherente entre distintos componentes de la producción teatral y sus avatares en el siglo pasado.
Hay una indeterminación, sin embargo, en el título que merece ser resaltada. Aunque el libro abarca diversos ámbitos de la creación teatral se ha huido de poner un artículo determinado en su título -El teatro español...- que cerrara (o lo pretendiera) por completo el estudio. Se prefiere, con buen criterio, seleccionar una serie de aspectos que se consideran relevantes. No se gasta tiempo, ni espacio, con otros cuyo interés se juzga menor por razones estéticas o de otro tipo y porque prima la idea de conjunto sobre lo particular.
Algunos vectores sobre los que se ha construido esta historia resultan novedosos y es conveniente reseñarlo: por ejemplo, la importancia que se otorga al seguimiento a lo largo del siglo a formas de producción diferentes a las comerciales y que van desde los teatros íntimos de comienzos del siglo XX a los grupos de cámara y ensayo de la posguerra, al teatro universitario e independiente y hoy a las salas alternativas. Completados con la trayectoria de los teatros oficiales ofrecen uno de los mejores soportes para el seguimiento del teatro que no tenía solamente horizontes económicos sino particularmente estéticos e ideológicos. No es ocioso insistir en ello. Por otro lado, la atención concedida a los cómicos, su estatuto social y la evolución de la declamación hace que estos agentes fundamentales de la vida escénica encuentren también acomodo en el libro. Menos perfiladas quedan otras profesiones como los escenógrafos o los directores de escena, aunque no faltan notas de interés sobre los primeros pasos de la última profesión.
Y destacable es también que los dramaturgos -como todas las otras profesiones consideradas- se diluyan lo suficiente en el fluir del ensayo, evitando el excesivo y tradicional protagonismo que les conceden otras historias que más que del teatro lo son de la literatura dramática. Se han integrado, además, los nombres del exilio español en un ejercicio de normalización de nuestra historia teatral en el que conviene seguir insistiendo por múltiples razones.
Muchos son los nombres de personas, de agrupaciones o de títulos que se van sucediendo y por ello se echa en falta un índice de nombres que ayudaría lo suyo a la localización dentro del estudio. En libros de conjunto como este debiera ser obligatorio este apartado porque de otro modo pasan desapercibidos no sólo los nombres, sino, además, muchas apreciaciones muy certeras procedentes de la cuidada labor de síntesis que se ha llevado a cabo sobre multitud de dramas y de funciones.
Algunas discrepancias menores antes de terminar este breve repaso. Tienen que ver con algunos términos categorizadores. El primero se refiere a la etiqueta "El teatro de los nacionales" (pp. 122-124) donde se repasa brevemente la producción teatral en el bando rebelde durante la guerra civil. Valdría la pena sustituir el término para evitar las connotaciones distorsionadoras de lo sucedido que conlleva o cuanto menos entrecomillarlo para que quede delimitado su alcance preciso: se apropiaron de él justamente quienes traicionaron las leyes de la nación.
Poco precisa resulta la etiqueta "fin de siglo" aplicada a las pervivencias de ciertos tipos de comedia a finales del siglo XX toda vez que parece haberse creado una tradición en torno a esta expresión para definir una estética y un periodo singulares que se identifican más con el final del siglo XIX. Aquí se cita sin más pretensiones que cubrir el arco cronológico que anuncia, pero choca antepuesto a los capítulos donde se aborda el teatro producido en el último cuarto del siglo XX.
Dado que en el siglo XX el teatro ha tenido competidores implacables en artes como el cinematógrafo, acaso no hubiera estado de más realizar una aproximación al estudio de su desplazamiento del lugar que ocupaba en la sociabilidad urbana a comienzos de siglo al que ocupa actualmente, mucho menos relevante. Y lo que es más importante, cómo han condicionado el nuevo arte y otros afines a la escritura y a la producción teatrales. Y en esta misma línea se debiera haber insistido más en la dimensión internacional de la producción teatral española por la notable presencia que han tenido en distintos momentos propuestas teatrales foráneas -nada más natural en tiempos que se declaran cada vez más internacionales en sus propuestas artísticas- y por el valor modélico que han adquirido en el transcurrir de los años determinados autores o movimientos: las propuestas simbolistas, la recepción del teatro norteamericano a mediados de siglo (Thornton Wilde, Saroyan, Tennessee Williams, Miller) o el teatro brechtiano por no citar sino unos ejemplos. Es este, junto con el análisis de la reflexión sobre el arte del teatro llevada a cabo en España durante el siglo XX, uno de los campos donde ya va siendo necesario adentrarse con rigor.
Pero, en definitiva, como ya ha quedado dicho, el libro da lo que ofrece: una visión de conjunto del teatro del pasado siglo. No es su menor virtud haberla expuesto con sencillez y claridad, dos cualidades que sólo se alcanzan cuando van precedidas por un largo e intenso proceso de estudio y reflexión sobre el tema. A quien crea otra cosa, sólo cabe sugerirle que se embarque en una aventura similar. Pronto comprenderá cuán difícil es darle punto a un ensayo como éste, que lo tiene, ¡vaya si lo tiene!
Jesús Rubio Jiménez
