Índice de reseñas
Olmo, Lauro: Teatro Completo.
(Coordinación de Ángel Berenguer.) Madrid: Asociación de Autores de Teatro, 2004.
La “obra dramática” completa de Lauro Olmo, el “teatro” es otra cosa, se edita en dos gruesos volúmenes, que suman más de mil doscientas páginas. En su diseño, la edición comienza con un estudio introductorio del profesor de literatura de la Universidad de Alcalá, Ángel Berenguer, que él mismo complementa con una cronobiografía, y se acompaña luego de una bibliografía de Cristina Santolaria.
Y siguen un total de diecisiete obras que cuentan, cada una de ellas, con un estudio introductorio; trabajos en los que intervienen Manuel Pérez (La camisa), Julio Huélamo Kosma (La pechuga de la sardina), Fidel López Criado (La señorita Elvira), Josep Lluís Sirera (La condecoración), Antonio Fernández Insuela (El cuerpo), Berta Muñoz Cáliz (El cuarto poder. Primera parte), Mar Rebollo Calzada (El cuarto poder. Segunda parte), César Oliva (English Spoken), José Monleón (Plaza menor), José Romera Castillo (Historia de un pechicidio o La venganza de Don Lauro), Antonio Sánchez Trigueros (Spot de identidad), Luciano García Lorenzo (Mare vostrum), María José Conde Guerri (Don Especulón), Mariano de Paco (Pablo Iglesias), Alfredo Rodríguez López-Vázquez (La jerga nacional), Carlos Alba Peinado (Luis Candelas. El ladrón de Madrid), Francisco Gutiérrez Carbajo (Un cierto sabor a angulas) y Chema Paz Gago (El orinal de oro). Se trata de un conjunto de trabajos breves, escritos por personas de procedencias muy diversas y en algún caso extremas, que tienen la virtud de ir conformando un mosaico en el que, con el paso de los textos, va tomando cuerpo y relieve el autor, sus circunstancias, su obra y sus múltiples contextos, o las valoraciones sobre todo ese conjunto de muy diversas voces.
En consecuencia, queremos destacar la oportunidad y el formato de esta edición, que recoge la mayoría de los textos de un autor muy significativo de lo que fue el drama de orientación social en España, que entronca con una vieja y poco estudiada tradición, que arranca en Enrique Gaspar, Benito Pérez Galdós, Joaquín Dicenta o Ignasi Iglesias, y que busca, como señalaba con acierto en su día César Oliva, la denuncia social, pero siempre partiendo de un tratamiento tradicional de una materia dramática en la que destaca la voluntad de retratar, más que recrear, la vida diaria y los dramas, miserias y desgracias de los estratos más populares y desfavorecidos, los malditos de la tierra sobre los que escribía Frantz Fanon en los sesenta. Y en ese sentido, hablar de realismo socialista podría ser un tanto excesivo, por lo que mejor debiéramos hablar de un naturalismo castizo o de un neocostumbrismo comprometido, en el que de cuando en vez deja sentir su peso ese casticismo de ciertos barrios de Madrid, que nos llevaría por los caminos del sainete capitalino, que cobra cuerpo en la zarzuela, o del astracán.
A la hora de analizar la obra de Lauro Olmo quizá hubiese que considerarla como una tentativa de crear un teatro popular basado en formas tradicionales, en función de un público lector o espectador deseado pero siempre ausente, y asentado en la denuncia social, pero en una denuncia que pudiese ser asumida por esas clases populares de las que él tomaba los personajes o los conflictos y para quienes escribía. No era la suya una literatura ni para las élites dominantes en la dictadura franquista (sintagma que se utiliza muy poco, por cierto, en estos dos volúmenes, como si no hubiese sido), ni para las élites dirigentes de la militancia antifranquista. En su caso, existía una distancia manifiesta entre mensaje y receptores, pues estos estaban ausentes por la simple razón de que no frecuentaban los templos culturales del centro de la villa. Vivían, y viven todavía, en esos mismos suburbios que Lauro recrea en La camisa, en los barrios extremos de Madrid o de cualquier otra ciudad de España, o del mundo.
Finalmente, queremos felicitar a la Asociación de Autores de Teatro por esta iniciativa, que recupera la obra de un autor que, por derecho propio, forma parte de la historia de nuestra literatura y de nuestra escena, y una parte importante, sin duda. Lógicamente, nuestra felicitación y nuestros parabienes se hacen extensivos, por idénticas razones, al editor de los dos volúmenes y a todos y cada uno de sus colaboradores.
Manuel F. Vieites
