Índice de reseñas
La fiesta de cumpleaños, La habitación, Un leve dolor, El Blanco y Negro, El examen.
Pinter, Harold
Buenos Aires: Losada, 2005, 217 páginas.
Comentario:
La Editorial Losada, de tan grato recuerdo para las letras
hispanas y para lectores hispanos amantes de otras literaturas, en aquellos
aciagos años de la dictadura franquista, acomete la edición
de la obra dramática de Harold Pinter, lo cual es de agradecer, sobre
todo considerando el hecho innegable de que la obra del dramaturgo inglés
es muy poco conocida del público lector. Nos llega ahora este nuevo
volumen, incluido en la serie Gran Teatro, con varios textos significativos
traducidos por Rabel Spregelburd, dramaturgo, docente y director de escena
de reconocido prestigio en el escenario internacional.
Los textos seleccionados para este volumen se ubican todos en la década
de los cincuenta, momento en que Pinter emerge como dramaturgo y en el que
es calificado por la crítica, salvo excepciones conocidas como la
de Harold Hobson, como un escritor oscuro, enigmático, extraño,
incomprensible o irracional, y leyendo los textos se podrán hacer
los lectores y lectoras una idea de la razón de aquellos juicios.
En todos ellos ya se muestran las características centrales de su
proyecto dramático, en el que propone una lectura y una recreación
de la realidad desde la complejidad y la paradoja, desde la mirada en las
zonas oscuras de la conducta, de la conciencia, o de la memoria. Esa lectura
compleja aparece claramente reflejada en La fiesta de cumpleaños,
texto en el que la aparente oposición entre el polo positivo, los
habitantes de la pensión, y el polo negativo, los visitantes, se
va desdibujando a medida que analizamos las relaciones que entre sí
mantienen los habitantes de la casa de huéspedes. Al final todo acaba
por ser un infierno, en tanto las relaciones humanas tienden a la cosificación,
a la degradación, a la sumisión del otro. Nace con este texto
lo que se ha denominado "dramática de la amenaza", en tanto
el ser humano siempre está expuesto a lo imprevisible, al azar, a
la incertidumbre, y estos fenómenos pueden a veces convertir lo cotidiano
en un mundo de terror y pánico. Amenaza que persiste en otras obras
posteriores con una dimensión política más explícita.
Completan el mosaico de esta selección de la dramaturgia pinteriana
otros textos como La habitación, que de nuevo nos presenta la posibilidad
cierta de que la realidad se deshaga como un castillo de naipes, tal vez
porque sus basamentos, los del castillo y los de la propia realidad, se
asentaban en arenas movedizas: las de la identidad, las de la memoria, las
de las relaciones humanas. Y en ese mundo de incertidumbres todo es posible,
porque pasado, presente y futuro están gobernados por el azar. Igual
valor tiene esa magnifica pieza tiulada Un leve dolor, que parte de principios
similares, la ruptura de la placidez aparente, y que presenta una trama
fascinante basada en un juego de roles en el que un matrimonio aparentemente
convencional, a través de la interacción con un vendedor de
fósforos del que nada sabremos, acaba por mostrar que las cosas nunca
son lo que aparentan ser y que todo, absolutamente todo, es posible, incluso
la más insospechada inversión de roles.
Para terminar dos relatos magníficos, El Blanco y Negro y El examen,
que por esas cosas de las traducciones y de los diversos registros que puede
presentar la lengua castellana, en toda su riqueza, acaban por mostrarnos
similitudes evidentes entre Pinter y Julio Cortázar, tanto el Cortázar
de los Relatos como el Cortázar de novelas tan fascinantes como El
Libro de Manuel. Dos relatos breves, escritos ambos en 1955, que figuran
entre los primeros trabajos literarios de Pinter y que ya muestran su capacidad
para crear mundos dramáticos enigmáticos, sorprendentes y
llenos de magia.
Estamos, en suma ante un volumen, que precedido como está por un
texto teórico del autor, una conferencia pronunciada en 1962 y titulada
"Escribir para el teatro", constituye una magnífica oportunidad
para adentrarse en ese universo tan singular y sugerente. Una buena ocasión
para leer a Pinter desde los inicios de su carrera como autor dramático.
Bienvenidos al infierno y que lo disfruten.
Manuel F. Vieites
