Índice de reseñas
"El Quijote". Biografía de un libro (1605-2005). Madrid: Biblioteca Nacional, 2005, 461 págs.
Este libro es, en primer lugar, el catálogo de un
exposición que la Biblioteca Nacional ha realizado de diferentes
ediciones, españolas y en otros idiomas, del libro de Cervantes así
como una selección de la iconografía y de las ilustraciones
que sobre los acontecimientos, personajes y episodios de la novela se han
hecho a lo largo de varios siglos. El libro se organiza a partir de bloques
historiográficos habituales (Barroco, Siglo XVIII, Siglo XIX, etc.)
con los que se intenta fijar visualmente la tesis conocida de que “cada
época ha tenido su propia interpretación del Quijote”,
que repite Rosa Regás en una de las introducciones al catálogo.
Hubiera sido interesante conocer por qué es así y cómo
se pudo formar y se forma esa interpretación, y nada hubiera podido
impedirlo pues los artículos que constituyen buena parte del cuerpo
de esta edición, realizados por algunos de los más importantes
especialistas en Cervantes (como Francisco Rico o Mercedes Dexeus) responden
de manera satisfactoria a cuestiones muy específicas de la historia
de la novela de Cervantes. Otros aspectos que sí plantean ampliamente
estos artículos son, por ejemplo, la mecánica del mundo de
la impresión en España en esas fechas de comienzos del siglo
XVII, el modo de imprimir, las huellas que deja para el arqueólogo
literario las cajas de composición de caracteres o el tipo de impresión.
También la significación de las erratas y las anomalías
que introducen los cajistas. Otros artículos nos informan sobre el
dinero en torno al Quijote, los costes, las ventas; igualmente las razones
de las ilustraciones, de la clase de dibujos, litografías y cuadros
que se hacen teniendo como motivo algo del libro de Cervantes. La ilustración
como una manera de interpretar los episodios del Quijote y el sentido de
los mismos, como una glosa de la obra. Así, gracias al material que
se incluye en este libro, podemos apreciar las diferencias entre una obra
gráfica aglutinante, que inscribe en el marco de la ilustración
numerosos episodios, frente a una obra gráfica aislante que busca
extraer de un suceso los detalles suficientes para encontrar lo esencial
del mismo. También en la manera de pintar, en el trazo y en los colores:
de la austeridad más absoluta impulsada por la estética de
finales del XIX, por ejemplo, al barroquismo encendido de las ilustraciones
de comienzos de ese mismo siglo. Faltan, sí, las interpretaciones
últimas. Faltan, sí, las de mayor peso y significación
del siglo XX, pero esos son los límites de un catálogo de
fondos bibliográficos y no hay trampa ninguna.
Una buena parte de la obra gráfica publicada son portadas de diferentes
ediciones de la novela (primera y segunda parte) hechas en numerosos países.
Algunas de esas portadas, las de la edición inglesa, nos indican,
por el título trasformado, qué era lo importante para los
impresores ingleses. Al margen aquí de lo “exóticas”
que puedan ser algunas para el lector, lo interesante en el contraste de
cada una de ellas es, precisamente, que cada portada resalta aquello que
históricamente es más relevante para el país y para
la época: desde el sello de la imprenta hasta una imagen significativa
para el impresor o el editor de la obra con la que se quiere llamar la atención
del lector. Este conjunto nos enseña, sobre todo, que la ilustración
no era importante en tiempos del Quijote para una obra de este tipo, que
lo relevante era el contenido de la obra, la letra impresa en la que se
encuentra todo el espesor de la aventura y de las claves para la comprensión
de un mundo construido sobre el mundo conflictivo de la ideología
de un antiguo régimen que va progresivamente perdiendo su centralidad
social. El catálogo nos da pistas a propósito de cómo
conforme avanzamos hacia el tiempo de la modernidad dominante perdemos progresivamente
el tiempo de la interpretación literal, de la misma manera que a
la ilustración alegórica o al grafismo simbólico del
renacimiento y barroco siguió el tiempo de la producción y
reproducción de la imagen paralela, de la imagen con la que se trata
de hacer corresponder el sentido de la palabra episódica y el relato.
Una amplia bibliografía completa este catálogo que muestra
la posibilidad de mantener la erudición en el terreno de la comunicabilidad.
El lector de este volumen encontrará, entonces, no un estudio del
Quijote, ni sobre las interpretaciones del Quijote, sino una presentación
de la vida, sí, de este libro. Es este sentido el que su título
reclama: ser una biografía de la novela de Cervantes, es decir, ser
un estudio de cómo físicamente el libro de Cervantes fue posible;
de qué fue necesario (editores, imprentas, permisos, tipos de composición,
páginas compuestas, tamaños, ilustraciones, etc.) para que
el libro pudiera existir como objeto, pudiera ser puesto en el mercado como
mercancía y pudiera ser leído por un auditorio concreto. Si
esto es lo que hace el catálogo (y en efecto lo hace) no debe esperarse,
sin embargo, del mismo nada más. Los límites del positivismo,
son ésos: marcar las cosas sin presentarlas en su radical historicidad,
es decir, en su conflictividad histórica: la que señala qué
significa publicar (hacer pública una palabra), qué supone
editar en el siglo XVII (en términos de la revolución de la
lectura y de la extensión de la ideología sectorial de una
clase social en ascenso), etc. En definitiva, qué significa que las
cosas estén sometidas a las determinaciones sociohistóricas
a las que están sometidas.
Así, este catálogo tiene la ventaja, sobre un planteamiento
como el anteriormente señalado, de fijar un monumento, de poner a
disposición del lector los planos de ejecución del mismo,
los tiempos que se invirtieron en las obras de construcción de éste,
lo que cobraron los obreros que lo construyeron, etc. Un monumento con el
que se quiere favorecer un ámbito cultural estable y con un amplio
respaldo social. Así lo señalan las notas institucionales
al catálogo (costumbre decimonónica con las que se trata de
sacar siempre ventajas y publicidades para otros intereses) que tratan de
presentar al Quijote como la obra que une por encima de ideologías
y partidismos. Por el contrario, trasladando lo que decía Alfonso
Sastre respecto a la imaginación, el Quijote ha sido una de las obras
que más han dividido y enfrentado en el espacio social de la cultura
y gracias a lo cual hemos podido comprender lo que las interpretaciones
de la obra de Cervantes buscaban en términos de beneficio y de poder
ideológico. Allí donde los impulsores del catálogo
ven una virtud otros lo han visto como la necesaria lucha por acabar con
los monumentos para convertirlos en documentos que como enseñó
Benjamín son tanto de cultura como de barbarie. Eso es también
responsabilidad de un catálogo.
César de Vicente Hernando
