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La escena sin límites. Fragmentos de un discurso teatral.
Sanchis Sinisterra, José
(Edición de Manuel Aznar Soler. Prólogo de Juan Mayorga.)
Guadalajara: Ñaque, 2002. 324 páginas.
Comentario:
No se trata del libro que esperamos desde hace tiempo. De un libro en el que José Sanchis Sinisterra (Valencia, 1940) desarrolle todo su modo de ver y de imaginar el teatro. Hay que seguir esperando. Probablemente, el espíritu de Sanchis es demasiado inquieto para pensar que ya le toca escribir ese libro; prefiere seguir buscando. Mientras llega ese libro, éste que nos ofrece Ñaque da mucho para disfrutar y para apender. Se trata de una inteligente y exhaustiva compilación de textos de Sanchis, escritos durante más de cuarenta años, que tiene el sello del rigor y el respeto con que el profesor Aznar realiza todas sus ediciones.
El libro se titula La escena sin límites, seguramente porque, como concluye el primero de los manifiestos de El Teatro Fronterizo, "desde las zonas fronterizas no se perciben las fronteras"; porque, como dice en una nota sobre Kafka, busca -ese ha sido su principal empeño- ensanchar las fronteras de la teatralidad. Cosa que muchos le agradeceremos siempre.
La primera de las cinco partes en que el profesor Aznar ha dividido esta recopilación está dedicada a textos referidos a la actividad de El Teatro Fronterizo, la compañía desde la que Sanchis trató de plantear propuestas transformadoras para la escena desde su actividad, fundamentalmente, en Barcelona. En este capítulo se incluyen manifiestos de El Teatro Fronterizo, una detallada biografía de esta compañía a través de sus producciones y notas sobre cada uno de sus espectáculos. Llamamos la atención sobre estas notas, pues en ellas se puede seguir el camino de las reflexiones que han dibujado a lo largo de dos décadas una serie de propuestas estéticas llenas de atractivo. Esas reflexiones sobre hechos escénicos concretos, a partir de un análisis de procesos y resultados, componen en sí un curso de dramaturgia para la puesta en escena, algo similar a lo que podemos encontrar en los apuntes de la célebre "Dramaturgia hamburguesa" de Lessing. Desde el hecho escénico concreto, Sanchis llena la cabeza del lector de propuestas y posibilidades, gracias a una inteligente labor de dramaturgista.
El segundo bloque, titulado "Nueva textualidad", que comienza con una conferencia sobre la herencia de Brecht fechada en 1968, constituye una serie de lecciones sobre autores fundamentales en la trayectoria de Sanchis y en la vida cultural europea del siglo XX: Kafka, Beckett -sobre quien reflexiona a lo largo de cuatro intensos artículos que casi piden un libro aparte- y Pinter, a los que siguen cuatro jóvenes autores que han tenido el privilegio de su cercanía y -él lo negará; una modestia excesiva le lleva a no aceptar su calidad de maestro de una generación que tiene en Madrid nombres tan elocuentes como Mayorga o Pallín, en Barcelona y Valencia los que ahora citaremos, y a lo largo del continente americano un sinnúmero de dramaturgos que han compartido sus indagaciones- de su magisterio: Belbel, Cunillé, Sarriás y Zarzoso.
Siendo un autor identificado con la contemporaneidad más radical, soportando como puede las etiquetas de escritor beckettiano y a mucha honra, el tercer bloque de textos que ofrece el profesor Aznar pone en su sitio algunas ideas acerca de Sanchis. Aznar ha tenido el acierto de mostrar, a lo largo de veinticinco páginas, el profundo interés de Sanchis por los clásicos, manifestado especialmente en un artículo publicado en Primer Acto en 1980.
Después de su visión de los clásicos, nos encontramos, a lo largo de cien páginas, a través de artículos, estudios, reflexiones, escritos en distintos momentos de los últimos veinte años, con un completo curso de Dramaturgia, casi ese libro que esperamos y que Sanchis parece que todavía no se ha sentado a escribir. Se puede apreciar aquí que no se ha sentado a escribirlo porque lleva haciéndolo toda la vida; porque, como hombre de teatro, escribe a uña de caballo. La excelente recopilación del profesor Aznar ordena y da forma a este curso. Lo llamamos curso para llamar la atención de los que desean aprender, conscientes de la escasez de manuales que se publican en nuestro país sobre escritura dramática que indaguen en la literariedad contemporánea. Estamos seguros de que este texto va a ser habitualmente utilizado en las escuelas de Arte Dramático. Hay que ser optimistas.
Este libro imprescindible concluye con un capítulo, "Vestigios", que explora los cajones del fondo del desván y recupera algunos textos, bien de las décadas de los sesenta y setenta, bien sobre aquel período. Vale la pena asomarse al pensamiento de un teatrista que va dos cuerpos por delante del pelotón, y que en 1969 se preguntaba "¿cuál es la alternativa del teatro español?"
El libro, que comenzaba con un lúcido texto de Juan Mayorga, termina con un mapa del tesoro: una enumeración de los textos teóricos de Sanchis, dando cita exacta de ochenta y un textos y catorce entrevistas, la última de las cuales fue la que ocupaba la base del libro homenaje del Institut de Barcelona, realizada por un crítico lúcido que lo conoce muy bien, Santiago Fontdevila, que ya se reseñó en esta sección hace algunos años.
En su prólogo, el profesor Aznar afirma que este libro "constituye una prueba contundente de hasta qué punto el teatro es, en su caso, pasión de vida". En la página 43, Sanchis cita una afirmación propia de las vísperas de aquel famoso 1992: "... desde la convicción de que el arte dramático es... ocasión y lugar en que se ejerce el goce de la reflexión". Eso es lo que rezuma cada una de las trescientas quince páginas de este libro: el goce de la reflexión, la pasión del pensamiento. Si el lector encontrase en estas palabras una paradoja, debería preocuparse. Si las encuentra cercanas, no debería perderse un viaje por este libro.
José Ramón Fernández
