Índice de reseñas
Salvador Távora y La Cuadra de Sevilla. Tres décadas de creación teatral.
AA.VV.
Sevilla: Junta de Andalucía y SGAE, 2005. (Colección: TeatroAutor). 2 Volúmenes. 330 y 172 páginas.
Salvador Távora. El sentimiento trágico de Andalucía.
Marta Carrasco, E. Díaz
Sevilla: Andalucía Abierta, Fundación José Manuel Lara, 2005. (Colección: Vidas escritas). 264 páginas.
Comentario:
Dos publicaciones recientes homenajean la trayectoria de
nuestro compañero Salvador Távora, que siendo uno de los creadores
escénicos españoles de más originalidad, no había
recibido aún un seguimiento editorial consecuente con la importancia
de sus aportaciones. Las dos obras, de las que vamos a hablar en las siguientes
líneas, compensan dicho vacío.
Es tradicional entre las editoriales utilizar efemérides y aniversarios
para justificar nuevos lanzamientos, y aunque el merecido reconocimiento
no necesita excusas, en este caso se ha aprovechado la ocasión por
partida doble: por una parte, alojados en un cofre de lujo, aparecen dos
tomos que recopilan la trayectoria del autor al frente de La Cuadra; y por
otra, se publica una biografía autorizada, firmada por las reconocidas
periodistas culturales, Marta Carrasco y Eva Díaz Pérez.
Con motivo de sus treinta y cinco años al frente del grupo teatral
La Cuadra, la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía
y la Fundación Autor, han publicado: Salvador Távora y La
Cuadra de Sevilla. Tres décadas de creación teatral.
Tres décadas de creación teatral, dice el título...
En realidad se trata de más de tres décadas… exactamente
treinta y cinco años, pues el primer espectáculo de La Cuadra,
Quejío, se estrenó en 1971.
Desde entonces, pocos autores han reinterpretado como Távora, la
cultura popular andaluza lejos del tipismo costumbrista con el que se suele
identificar, y a la luz de la estética de las vanguardias. Precisamente
esto es lo que pretende reivindicar el libro: la maestría con la
que Távora logra fusionar de manera singular, tradición y
modernidad, universalidad y localismo, ritual y compromiso social. Se trata
de una dramaturgia tan ligada a la liturgia ancestral de la tauromaquia,
a la iconografía de la Semana Santa Sevillana y a la hondura del
flamenco, como al cosmopolitismo de las tendencias artísticas del
siglo XX.
La introducción que hace el ex-vicepresidente del gobierno y actual
diputado socialista, Alfonso Guerra, sirve como declaración de intenciones
de una obra que pretende ser «un acto de reparación, de justicia,
y de servicio público».
Un verdadero homenaje, en el que también colaboran Lilyane Drillón
en el prólogo, y, entre otros, Caballero Bonald, Josep Maria Flotats,
Alonso de Santos y Julio Martínez Velasco, crítico teatral
de ABC de Sevilla, con una serie de textos que enriquecen la cuidada investigación.
El libro está jalonado de intervenciones elogiosas y personales,
de anécdotas y reflexiones, que nos ofrecen distintos aspectos de
este poliédrico personaje.
Sin embargo, a pesar de lo sugestivo de estos pasajes, lo más interesante
de la propuesta es su conjunto. Como explica Alfonso Guerra, y bien sabe
el público de Salvador Távora, la palabra es sólo un
elemento más de comunicación… En la escena las estructuras
textuales convencionales deben ser sustituidas por una conceptualización
estética. Eso mismo ocurre en el libro que se hace eco de su experiencia
en el ámbito de las artes escénicas… El espectáculo
dramático debe considerarse como un todo orgánico en el que
imagen y sonido hablan más allá de las palabras. Artaud1 decía
que "todo verdadero sentimiento es en realidad intraducible. Expresarlo
es traicionarlo. Pero traducirlo es disimularlo. La expresión verdadera
oculta lo que manifiesta".
Por ello, quizás la forma más fiel de presentar esta experiencia
es mediante un discurso fragmentario como el de estos dos tomos configurados
a partir de pinceladas que entran por los ojos y los poros de la piel, gracias
a una copiosa suma de datos y de ilustraciones.
El primer volumen recoge, bajo el nombre de "Textos de creación
e imágenes de una estética teatral", los guiones de los
espectáculos, complementados por bellas fotografías, clarificadores
dibujos, y notas sobre su lenguaje escénico. Propuestas entre las
que encontramos Quejío (1972), Los palos (1975), Nanas de espinas
(1982), Piel de toro (1985), Crónica de una muerte anunciada (1990),
y Picasso andaluz o La muerte del Minotauro (1992), cuidadosamente presentadas.
El segundo, aparentemente un libro más técnico, reúne
información acerca de representaciones y participantes de todos los
espectáculos de Távora y su colectivo: número de actuaciones,
críticas y palmarés; países y ciudades visitados; festivales
a los que han asistido; nombres de los distintos colaboradores del proceso
de creación, en el que también forma parte el público,
constituyen la parte central de un tomo, en el que se incluye un capítulo
dedicado a recopilar las distintas reflexiones y textos publicados sobre
su lenguaje teatral.
En este sentido, el propio Távora indicó en la presentación
que tuvo lugar en Sevilla, que en el libro también "hay un intento
de hacer gráficos todos los elementos atrevidos que hemos usado en
La Cuadra".
No se puede explicar esta audaz unión de elementos, aparentemente
contradictorios, sin conocer las circunstancias vitales de su autor, en
otro tiempo torero y cantautor, y como éstas se imbrican en el contexto
político de la época en la que dio sus primeros pasos, tanto
biográficos como artísticos.
La experiencia vital que nutre sus trabajos es fundamental para entender
la personal estética de Salvador Távora. Un lenguaje escénico
que, aunque cuente con una forma expresiva más cercana a la "litúrgica"
que a la "realista", también se alimenta del clima social
de la España de los últimos años.
Resultante de la consolidación y evolución del Teatro Independiente,
su introducción de nuevos conceptos dramáticos corrió
en paralelo con la lucha antifranquista. Por ello, ha sido afortunado el
destino que ha hecho coincidir la publicación del libro que recopila
su recorrido profesional, con la de la poética biografía firmada
por Marta Carrasco y Eva Díaz Pérez, Salvador Távora.
El sentimiento trágico de Andalucía, editada por la Fundación
José Manuel de Lara.
En ella, se narran las azarosas peripecias del protagonista y como éstas
dan significado a su dramaturgia. Sólo de esta forma se puede hacer
un correcto seguimiento del trayecto creativo que, junto a su compañía,
ha desplegado Távora como dramaturgo, director, escenógrafo
y cantaor, por los teatros más exigentes de todo el mundo. Una vida
marcada por el compromiso con la cultura y la sociedad andaluzas, es reconstruida
desde sus humildes orígenes como obrero textil en la barriada sevillana
de tradición proletaria, del Cerro del Águila, donde sigue
residiendo y donde aún hoy tiene la sala de ensayos de sus espectáculos.
Alicia-E. Blas Brunel
Nota:
1 Artaud, Antonin: El teatro y su doble. (Traducción de Enrique Alonso
y Francisco Abelenda.) Barcelona: Edhasa, 1978, pág. 80.
