Índice de reseñas
Manu Aguilar y Alberto Fernández Torres: Tras la escena. Reflexiones sobre palabras y hechos.
Ciudad Real: Ñaque Editora, 2005. 181 páginas.
Comienzo por decir que se trata de un libro de lectura
obligada, con lo que invito a mis amables (y circunstanciales) lectores
y lectoras a interrumpir su mirada a esta columna y acudir a la librería
más próxima a comprarlo, a pedirlo...
Si han vuelto, si están ahí de nuevo, cosa que les agradezco,
les diré que la Editorial Ñaque, que como bien saben se ocupa
de editar interesantes volúmenes relacionados con muy diversos ámbitos
de lo teatral, nos ofrece ahora este trabajo del que son autores dos viejos
conocidos, muy bregados en la gestión o la investigación teatral.
Les presentaré.
José Manuel Pérez Aguilar procede de grupos como Goliardos,
Tábano y Denok y a partir de los primeros ochenta viene ocupando
diversos puestos de dirección y gestión teatral y/o cultural,
desde varios festivales de teatro hasta la Dirección General de Promoción
Cultural, en la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid,
de 1999 a 2003.
Alberto Fernández Torres es un economista formado en la Complutense
de Madrid, que desde la época del teatro independiente dedica su
tiempo libre a ocuparse de cuestiones muy variadas propias del campo teatral,
desde el ejercicio de la crítica hasta la investigación pura
y dura, en muchas ocasiones centrada en lo que cabe imaginar como su gran
pasión y una de sus especialidades: la sociología del teatro.
En esa dirección, además de ser un reconocido profesional
en el área de la comunicación en la empresa y a lo que dedica
su jornada laboral diaria, también es un profesional en el ámbito
de la investigación, como lo atestiguan los trabajos que ha publicado
en todos estos años, y que se pueden encontrar en revistas de referencia
como Primer Acto, Pipirijaina, El Público o ADE-Teatro. Como muestra
de su quehacer podemos recordar aquel trabajo titulado El público,
Quién, cómo, cuándo, dónde, que elaboraba en
colaboración con José María Sulleiro y se editaba en
1985 en los Cuadernos de El Público. Es difícil hacer más
por el teatro.
Se combinan, entonces, en este volumen la vivencia directa de la práctica
teatral y la gestión a pie de obra, con la reflexión lúcida,
sistemática y rigurosa, lo que es de agradecer porque esa conjunción
se deja sentir en la redacción de una obra que abre muchas puertas
y caminos evitando cerrarlos, para que la reflexión continúe
en la mente de lectores y lectoras. Estamos pues ante un libro curioso,
útil y sugestivo, cuya lectura iniciamos, exactamente, en la página
doce, justo allí donde los autores nos trasladan la finalidad que
les guía, los objetivos que persiguen. Comenzar por diferenciar entre
conocimiento común y conocimiento científico supone una excelente
propuesta para iniciar el trabajo, si bien pronto descubrimos que esa es
la razón esencial que subyace a la redacción del volumen:
"precisar al máximo los términos y conceptos que transitan
por nuestras reflexiones y conversaciones profesionales". Se trata
de una decisión sumamente sabia, porque el acceso al conocimiento
precisa de una terminología clara. Luis de Tavira, en su excelente
trabajo, El espectáculo invisible, señalaba que "Sólo
el teatro es teatro, porque si todo es teatro, nada es teatro".
Por eso, podemos hablar de un libro curioso. Se trata de un tratado de política
teatral que trata de fijar un vocabulario mínimo desde el que iniciar
el diálogo, el debate, la formulación o la clase, pues ambos
han participado como profesores en cursos de gestión teatral. Con
frecuencia se recurre al Diccionario de la Real Academia Española
(DRAE), o al Diccionario de Usos del Español de María Moliner,
lo cual es una opción sabia porque en bastantes ocasiones el uso
diccionario resulta especialmente aconsejable. Tras la explicación
terminológica o la constatación de la polisemia que acompaña
a no pocos vocablos, los autores inician un recorrido por historia de la
palabra, detallando usos y precisando, al mismo tiempo, lo que podríamos
considerar como "el uso". Y con los usos y el uso se presentan
todas aquellas cuestiones derivadas de la consideración del vocablo
desde el ámbito de las políticas o desde las prácticas
teatrales. Así ocurre, por ejemplo con el término "aficionado",
que lleva a los autores a unas enjundiosas consideraciones sobre el territorio
del teatro no profesional y del profesional. Entre las acepciones de la
palabra "curioso", el DRAE señala que con ella se puede
designar algo que se trata "con particular cuidado y diligencia".
Y esa sería la primera característica de este libro, que nos
recuerda, por su precisión y su carácter sistematizador, a
aquel volumen igualmente brillante que Jaume Melendres titulaba La dirección
de los actores. Diccionario mínimo, publicado también por
esta casa.
Hablamos de un libro útil, y el DRAE nos recuerda que con esa palabra
designamos lo que "trae o produce provecho, comodidad, fruto o interés",
y todo ello se nos ofrece en cantidad y calidad. Consideremos que el segundo
de los términos escogidos y presentados, "alternativo/a",
es un vocablo de difícil conceptualización, y los autores
señalan de hecho que en el mismo "se amparan ideas y prácticas
que pueden resultar absolutamente contrarias". Con lo que es fácil
deducir que para nuestro provecho, comodidad y disfrute, los autores han
tenido el valor de hacer frente a problemas sumamente complejos lo que les
lleva a un breve pero intenso trabajo de exégesis, a un trabajo de
descripción, explicación e interpretación de los usos
del lenguaje, de las connotaciones culturales y artísticas de los
significantes. Con ello, cada una de las entradas de este diccionario mínimo
de política teatral, se sitúa en torno a las cuatro páginas,
lo que está muy bien por la cantidad y variedad de información
que cada una de ellas acoge. Ese arrojo indudable e impagable en el territorio
de la precisión conceptual, que se concreta en la sincronía,
va acompañado de una valentía similar a la hora de plantear
cuestiones espinosas relativas al comportamiento de determinados elementos
y estructuras del sistema teatral, y a las funciones que cumplen o incumplen
y a las causas y efectos de ese cumplimiento o incumplimiento; al despilfarro
de dineros públicos, por ejemplo, y a la falta de control en su gestión.
En tercer lugar, decíamos que se trata de un libro sugestivo, cualidad
que se combina con aquel interés a que hace referencia el vocablo
anterior: lo útil. En efecto, el libro sugiere, suscita emociones,
atrae y provoca. De una forma decidida todo el volumen es una provocación,
entendida como una incitación a la movilización neuronal,
al debate, al conocimiento. Podemos o no estar de acuerdo con algunas o
con muchas de las formulaciones realizadas, pero nunca de una forma rotunda
o global, porque los acuerdos se mezclan con los desacuerdos y siempre van
acompañados de muchas dudas. Y esa es sin duda una de las mayores
virtudes de este trabajo: suscitar en el lector o lectora controversias
en el plano intelectual, en el plano conceptual, e incluso en el plano disciplinar,
porque son varias las disciplinas convocadas, desde la Sociología
a la Economía, desde la Teoría teatral a la Epistemología.
Así, aparece el término calidad y se señala, aunque
con una cierta timidez en este caso, que "hace ya tiempo que en el
propio mundo de la empresa la calidad de lo intangible puede ser sometida
a relativa evaluación". Se sugiere y se propone entonces un
debate en torno al "control de calidad" y su aplicación
al mundo de la escena, no sólo en el campo de la gestión de
teatros, que sería muy deseable, sino en el ámbito de los
propios espectáculos, lo que descubre interesantes perspectivas en
torno al "hacer" al "saber hacer" al "reflexionar
sobre el hacer", cuestiones básicas sobre las que ofrecía
no pocas consideraciones Donald A. Schön en su magnífico tratado
La formación de profesionales reflexivos publicado en 1992 por Paidós.
Después de lo dicho, tal vez no esté de más señalar
que entre los términos estudiados están, por citar algunos,
Artesanía / Industria, Calidad, Colectiva/o, Comercial, Contemporáneo,
Empresa, Coste / Valor / Precio, Crítica, Éxito, Patrocinio,
Públicos, Público / Privado, Repertorio, Subvención
o Teatro / Teatral / Teatralidad. Es decir, todos aquellos que (por separado,
en parejas o por tríos) resultan substantivos en los procesos de
diseño, estudio, aplicación o evaluación de políticas
teatrales. Por eso el volumen resulta especialmente apropiado como introducción
necesaria para comprender los grandes temas de la política teatral.
Por eso yo me atrevería a calificarlo como un "manual de uso"
para muy diversos lectores y lectoras, desde los gestores, en su considerable
diversidad, hasta esa categoría de personas que denominamos como
"clase política", sin olvidarnos claro está de los
creadores teatrales a los que se dirigen no pocas de las consideraciones
críticas que se formulan.
Acompañando esa acertada sucesión de términos, que
sugieren escenas de una pieza épica, encontramos pequeños
cuadros en los que encontramos anécdotas, curiosidades, comentarios,
muchos de ellos llenos de ironía y no poca guasa; cuadros que se
designan a modo de piezas musicales como "petenera" o "letanía",
o a modo de ejercicios de estulticia como la "tontuna", y en los
que se desgranan cuestiones como las referidas al color y las trágicas
consecuencias que el uso de uno en particular pudiera traer, a la mierda
de los caballos, y a tópicos centenarios, todavía en uso,
como aquél que considera si el actor nace o se hace. Entre todas
ellas me quedo con uno, lleno de enjundia: la "canzonetta" titulada
"Esto no se hace, esto no se dice".
El libro se puede leer de varias formas, de las que señalaré
dos. La primera, de principio a fin, como es habitual. La segunda, más
sugerente y provocadora, consiste en imitar la estrategia propuesta en Rayuela
de Julio Cortázar y saltar de una acepción a otra, adelante
y atrás, en función de elecciones aleatorias o siguiendo asociaciones
varias. Así, después de leer la acepción "aficionado"
podemos pasar a "profesional" seguir con "subvención"
y continuar en "coste / valor / precio". Descubriremos entonces
un nuevo libro, más sugerente si cabe y sobre todo más provocador
porque si en algo coinciden plenamente los autores, o eso parece, es en
no andarse por las ramas y en coger al toro por los cuernos, vieja costumbre
mediterránea en la que los guerreros mostraban su valor, cuando vencían
al animal sin otras armas que la fuerza de sus brazos, su coraje y su pericia.
Pero, sobre todo, sin sangre, una costumbre milenaria que todavía
se mantenía a finales del siglo XIX en algunas fiestas portuguesas.
Concluyendo, se trata de un libro muy interesante, bien imaginado y muy
bien ejecutado, que requiere una lectura pausada. Una invitación,
en suma, a la reflexión y a la deliberación en torno a cuestiones
substantivas y cruciales en el desarrollo del sistema teatral. Léanlo,
no lo duden. Lo agradecerán, pues aprenderán cosas, recordarán
muchas otras, y, además, se divertirán enormemente. Y enhorabuena
a sus autores y editores.
Manuel F. Vieites
