Índice de reseñas
Valle-Inclán: Biografía cronológica y Epistolario. Volumen III. Epistolario
Hormigón, Juan Antonio
Madrid: Publicaciones de la Asociación de Directores de Escena de España, 2006, 740 páginas.
Comentario:
Es muy posible que al indudable creador que hay en Juan
Antonio Hormigón (poesía, drama, dirección de escena)
no le guste mucho pensar que, en el mundo hispánico, es fundamentalmente
conocido por su larga dedicación a Ramón del Valle-Inclán.
En España, su labor como ensayista dedicada sobre todo a los temas
teatrales tal vez se imponga pero, entre el amplio y a la vez estrecho mundo
del hispanismo, la erudición que despliega y el enorme trabajo investigador
en torno al autor de las Comedias Bárbaras consume en gran parte
su figura y su nombre. Es, de algún modo, una clara injusticia el
no hacerse más de una idea de una persona, pero es también,
de algún modo, un reconocimiento al esfuerzo enorme desplegado por
el investigador a lo largo de los años.
No tengo reparo alguno en escribir que quienes gozamos de largas charlas
distendidas con Juan Antonio Hormigón fuera de intereses inmediatos
no podemos sino apreciar su amplia cultura en campos muy diversos, así
como sus numerosísimas lecturas que hacen de él uno de los
personajes más inquietos y documentados del panorama nacional. Esto
último es importante, porque parece que se atienda más a la
inquietud que a la documentación, y la primera sin la segunda no
produce sino fuegos de artificio y éstos muchas veces corroídos
por la humedad. Sólo por esos profundos conocimientos de la literatura
y de la vida cultural de la España moderna, puede este libro contar
con páginas tan sabias e iluminadoras como las que preceden a cada
uno de los corresponsales de Ramón del Valle-Inclán. En ellas,
no sólo se informa de quién sea el destinatario de la correspondencia,
sino que se aclara su significación cultural y política y
se detalla la relación que tuvo con Valle. Leerlas resulta fascinante
porque se desvelan multitud de procesos, amistades y enemistades que no
son puramente anecdóticos, sino que muchas veces explican los motivos
de determinada actuación o, incluso, de determinada escritura.
Entre los trabajos valleinclanescos que más tiempo han ocupado a
Hormigón está la edición de su cronología y
de su epistolario. En 1987 publicó ya una amplísima recopilación
de cartas en el volumen Valle Inclán. Cronología. Escritos
dispersos. Epistolario (Madrid: Fundación Banco Exterior). Ahora
lo reproduce, en volumen independiente, ampliando la introducción
entonces titulada "Lectura sesgada de un epistolario" y ahora:
"Lectura oblicua de un epistolario". Merece ese cambio de título
que nos detengamos en él. Hormigón ha pensado sin duda que
el adjetivo "sesgado" podía tener una significación
peyorativa o que calificara de modo impertinente su trabajo. Por eso lo
sustituye por "oblicuo". Sin embargo, era mejor el título
original, cuyo sentido había que leer a través de Antonio
Machado, quien reclamaba una lectura de frente y otra al sesgo capaz de
descubrir los significados segundos, tan importantes. Esa precisión
se pierde en el nuevo título, además de la referencia a Machado
de quien, por cierto, se suprime la cita inicial que abría el epistolario
en 1987 (no en 1986, como equivocadamente se dice en nota).
La mayor parte de los cambios que se hacen en el estudio introductorio de
lo que entonces consideraba "primera selección del epistolario"
responden a voluntad de estilo y clarificación. Hormigón parece
ahora preferir una prosa más directa, menos metafórica, en
otros casos, como el que se refiere a la correspondencia que motivase el
divorcio de la hija de Valle, el recopilador parece querer ser más
cauto en sus opiniones. Por otra parte, los prologuillos que precedían
las cartas han crecido significativamente, haciendo de este libro casi una
historia de la cultura española de la época.
Si se repasa el contenido del libro, se aprecia que Hormigón ha incorporado
correspondencia personal o literaria, que en la edición anterior
no figuraba, con el editor y librero Fernando Fe; el músico Amadeo
Vives; el pintor Julio Romero de Torres; los escritores Gregorio Martínez
Sierra, Juan Ramón Jiménez, Araquistáin, Marcelino
Domingo, Gregorio Marañón, María de Maeztu, Genaro
Estrada, Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw; los periodistas
o críticos Raimundo García García, "Garcilaso",
Juan de la Encina, Andrenio, José Laserna, Vicente Sánchez
Ocaña, Fedor Kelin y Jesús Rey Alvite; las actrices y actores
Mimí Aguglia, Berta Singerman, Irene López Heredia y Mariano
Asquerino; el librero León Sánchez Cuesta o sus amigos Jesús
Muruais, Estanislao Pérez Artime (23 cartas), Pastor Pombo, Serafín
González Tobío, Xavier Puig, Manuel Lojo, Santiago Tato, Prudencio
Otero, Santos Martínez Saura, Concepción Díaz de Rábago,
Victoriano García Martí, Juana Poirier de Sawa, Celestino
Espinosa y Dámaso Calvo.
Ha incluido también cartas a los periódicos ABC, La Correspondencia
Gallega, La Correspondencia de España, La voz y Ahora y otras cartas
a instituciones como el Ateneo de Madrid o la Real Academia Española,
a responsables de otras como José Santacruz, el dossier completo
de la Academia española de Bellas Artes de Roma, las cartas en torno
a su viaje a Paraguay en 1910 y la peripecia de su duelo nunca llevado a
cabo con Antonio Guzmán.
Además, ha aumentado en 3 las cartas a Murguía, a Pérez
de Ayala, a Pérez Galdós, a Federico Oliver, y a Manuel Azaña,
en dos las dirigidas a Azorín, y ha añadido una más
a Ortega y Gasset, a Unamuno y a Alfonso Reyes.
Se trata, pues, de un volumen de sumo interés, no sólo para
el estudioso de Valle-Inclán que quisiera completar sus conocimientos,
sino para todo aquel que busque una mayor comprensión de un período
tan importante de la cultura moderna española como es la que atraviesa
la biografía del poeta, dramaturgo y novelista gallego. Juan Antonio
Hormigón ha hecho un excelente trabajo que nos deja a la espera de
la nueva edición, esta vez en dos volúmenes, de la cronología
valleinclaniana y de las aportaciones nuevas que pueda hacer. Sin embargo,
él mismo dice ser consciente de que hay más cartas del autor,
algunas de las cuales pudieran aportar datos desconocidos; pero ésa
es la grandeza y la fatalidad del investigador.
Jorge Urrutia
