Índice de reseñas
Historia multicutural del teatro y las teatralidades en América Latina.
Villegas, Juan
Buenos Aires: Editorial Galerna, 2005. 325 páginas.
Comentario:
Juan Villegas es profesor e investigador de la Universidad
de California en el campus de Irvine, aquel en el que desarrollara algunas
experiencias Jerzy Grotowski durante su periplo americano. Docente del Departamento
de Español y Portugués, desde ese ámbito ha desarrollado
una interesante e intensa actividad, como muestran sus publicaciones en
torno al texto dramático, a la historia de la literatura dramática
o a la historia del teatro y a su crítica. Además es el creador
y editor de la Revista Gestos, convertida en una publicación periódica
de referencia para todo el ámbito lingüístico de la lengua
castellana (cada vez más amplio), pero, al mismo tiempo, también
promotora de la edición de estudios y monografías no menos
importantes.
El trabajo que ahora presentamos, hay que ubicarlo en una línea de
investigación emprendida años atrás y que consiste
en desarrollar nuevas formas de hacer historia, sea historia de la cultura,
de la literatura, de las artes o del teatro, línea que hay que poner
además en relación con las últimas tendencias en historiografía.
Los antecedentes inmediatos de este interesante volumen están en
una propuesta titulada Para un modelo de historia del teatro, editado en
1997. Hablamos de un trabajo sumamente oportuno en el que el profesor Villegas
incorporaba un buen número de ideas y líneas de indagación
provenientes de las diversas corrientes de pensamiento que se configuran
en una etapa que conocemos como postestructuralismo, donde aparecen voces
como las de Barthes, Derrida, Kristeva o Foucualt, cuyos escritos tuvieron
un considerable impacto no sólo en Europa sino en los Estados Unidos
de América y en sus academias. Con ellos llegaba al campo del análisis
del lenguaje o de la literatura el relativismo y la crítica a las
grandes narraciones, a las ideologías, a los dogmatismos, al canon,
y toda una diversidad de discursos críticos que se centraban en analizar
procesos y estructuras de posiciones de dominación, subalternas,
de resistencia, sumisión o poder.
Villegas incorpora parte del aparato conceptual de todos esos pensadores,
de los postestructuralistas franceses, para desde una postura crítica,
y sin olvidar las ideologías que los impregnan, cuestionar los discursos
históricos dominantes en cada momento y en cada territorio, y, por
tanto, las metodologías y las narraciones canónicas en las
historias del teatro nacionales de los países objeto de su reflexión,
entendiendo que hay muchas otras "historias" que nunca han sido
contadas, en tanto la historia normalmente es el recuento hecho o andado
hacer por las clases dominantes, y ese "recuento" siempre se convierte
en discurso, en una narración (a veces una pura invención)
con una clara dimensión ideológica, asentada en unos valores
o principios que se quieren mantener o potenciar (y que otros y otras quieren
subvertir o desterrar).
Pero esa propuesta de lectura no canónica de la realidad cultural,
que ya formulara Itamar Even Zohar en un célebre trabajo publicado
en 1990 en Poetics, en el que hablaba de los "sistemas" y "polisistemas",
tomada a su vez de otros autores anteriores, viene a señalar la importancia
de considerar todos los discursos y todas las narraciones, al menos en una
perspectiva científica, en tanto ésta aspira a desarrollar
una idea objetiva y plural de la realidad en toda su complejidad. En el
telón de fondo asoma, como no, la Teoría General de Sistemas,
pues el teatro, como se ha dicho en diferentes espacios, se puede considerar
como un sistema. Y se podría analizar, en esa dirección, como
se configuran sistemas y subsistemas en función de parámetros
históricos, estéticos, lingüísticos, sociales,
culturales o geográficos, de forma que en un mismo país podría
haber diferentes sistemas en interacción, y siempre en lucha por
situarse en el centro de la esfera pública; una lucha en la que participan
los sectores sociales que formulan, defienden o mantienen un determinado
sistema, o subsistema, en tanto en él se formula la cosmovisión
y el modelo social de unas determinadas fuerzas económicas, políticas,
sociales o culturales.
Villegas dedica el capítulo primero a establecer, con suma precisión
y claridad, los fundamentos teóricos y metodológicos desde
los que se propone la cartografía posterior de los territorios visitados
y el recuento básico de sus riquezas, en la sincronía y la
diacronía. Y es en la conceptualización de los términos
que propone donde hay más margen para el debate y el desacuerdo,
sobre todo considerando los usos propuestos para vocablos como "teatro",
"teatralidad" y sus derivados (como "teatralidad social"),
"performance" o "texto teatral", con los que no todos
los lectores y lectoras podrían coincidir. Pero no es este el momento
de realizar un análisis crítico de la terminología
propuesta, porque los aspectos a destacar, por otro lado, son muchos y de
considerable valor para desarrollar una forma diferente de escribir historia,
de construirla, de recrearla, de narrarla, de reescribirla, en suma. Esa
síntesis permite que los lectores y lectoras puedan pasar, de inmediato,
a la consideración del relato histórico en torno a las múltiples
teatralidades que se han formulado en las escenas de América Latina,
y cuando decimos escenas hablamos de aquellos espacios en los que actores,
participantes y espectadores participan del rito, la celebración,
la fiesta o el espectáculo teatral.
Cabe destacar, entonces, que el libro nos ofrece una interesante cartografía
de un territorio sumamente amplio como para ser plasmado en toda su diversidad
en un volumen de apenas trescientas veinte páginas. Pero la cartografía
propuesta tiene el enorme acierto de mostrar aquello que su autor reclamaba
en sus presupuestos teóricos y metodológicos: nombrar las
teatralidades, los diferentes discursos escénicos que se han sucedido
o que han convivido en los diferentes espacios y tiempos culturales que
cabría considerar en esos continentes que denominamos América.
Y nombrar equivale a hacer visible aquello que se nombra. De ese modo, se
nos ofrece un muestreo sumamente sugerente de todos los discursos que se
han presentado en los teatros, plazas, calles y otros espacios escénicos
de América Latina. Villegas propone cuatro grandes apartados: los
discursos teatrales hegemónicos, marginales, desplazados y subyugados;
pero también se podría hablar de los dominantes, los excluídos,
los marginales, los emergentes, los contrahegemónicos, los resistentes,
los oficiales, los alternativos, los revolucionarios, los conservadores,
los tradicionales (por indigenistas o por conservadores). Todas las voces
tienen cabida en este recuento, lo que muestra la increíble polifonía
de esos teatros desde los primeros tiempos de las primeras invasiones europeas.
En esa dirección hay que destacar que, para un observador externo
a tantas realidades escénicas, todas ellas con una larga tradición
histórica, el recuento comentado permite obtener una visión
de conjunto del macrosistema general, de los mesosistemas culturales y artísticos
(colonial, indígena, nativista, revolucionario, burgués, posmoderno...),
de los diferentes sistemas nacionales y de los microsistemas que cabría
definir en cada uno de estos. Lo que no es poco.
Uno de los valores evidentes del volumen es sin duda esa llamada de atención
a los otros muchos teatros que conviven con los oficiales y los sancionados
por el canon y las academias (la conservadora, la alternativa, la emergente...),
con frecuencia ignorados o silenciados en los discursos académicos
y oficiales, lo que viene a ser una excelente muestra, además, de
cómo es posible escribir otras historias del teatro, más atentas
a la diversidad fenoménica de que el teatro siempre ha hecho gala
y que en tantas ocasiones los constructores de discursos históricos
han eliminado para siempre. Estamos, en consecuencia, ante un libro ejemplar
en su ideación y en su realización y, en el campo de la práctica
historiográfica, constituye un ejemplo a seguir por todos aquellos
que nos ocupamos de esos temas. Gracias, entonces, profesor Villegas, por
su magisterio y gracias a los editores por su sabia elección.
Manuel F. Vieites
