Editoriales Nº 106
por Laura Zubiarrain
Hace unos días, un colega de una entidad de gestión cultural de las que existen en España, nos dijo sin ambages: "el Gobierno nos ha traicionado". En su opinión, las gentes de la cultura merecían ser tratadas de otro modo, con más respeto y consideración por parte del Gobierno. Pero ante todo debía haber respondido a las expectativas generadas en circunstancias tensas, cuando gran parte del mundo cultural se movilizó contra la guerra o mostró su desacuerdo con la opacidad y ausencia de iniciativas del ministerio del ramo en la pasada legislatura.
Todos creaíamos que iba a producirse un cambio de actitud, de comportamiento por parte de los responsables de los diferentes departamentos, que se generarían proyectos en el ámbito cultural y las líneas de acción, habría una participación activa de la sociedad civil cultural, etc. No ha sido así, más bien todo lo contrario, y el estupor nos invade día a día. En muy diferentes ámbitos de la cultura se repite con insistencia que parece que todos los enemigos se hayan reunido en el Ministerio de Cultura.
Quizás el Presidente del Gobierno esté mal informado, pero es cierto que las decisiones primeras fueron suyas. Ignoro si ha concedido el valor que tiene la declaración de editores y libreros pidiéndole que asuma las cuestiones de cultura y educación. ¿Se ha preguntado por qué? Sabe por ejemplo ¿cómo se han formado las comisiones que han dictaminado sobre el interés y proyectos merecedores de cooperación? Conocemos algunas y es sonrojante que se llame a "cualquiera", sin ninguna idea de lo que va a tratar, y que éste o ésta se permita emitir opiniones contundentes sin conocer el asunto al que se hace referencia. Nunca antes se había llegado a algo así.
La dimensión de este asunto es mucho mayor que la simple decepción y el escepticismo que cala en los sujetos culturales. Todo esto le pasará factura si no es capaz de corregirlo de inmediato. Lo sabemos por experiencia. La cuestión no consiste en recibir en la Moncloa a ilustres agentes culturales como Bisbal y adláteres, ni asistir a cenas frías con determinadas gentes que por el momento es mejor no citar para evitarnos el sonrojo, ni asistir al Festival de Mérida para que la cámara lo recoja con propiedad. Todos sabemos que no tiene demasiado interés por la cultura, pero es obligación suya gobernar bien y cumplir las expectativas que abrió. Será una lástima que una vez más la cultura, no el espectacularismo, salga herida y maltratada de este envite y se engrose el número de quienes decidan no votar de una vez por todas.
por J. Urzainqui
Lo terrible de las guerras no son tan sólo los muertos, inválidos y destrucciones que provocan, sino sus secuelas. Algunas se prolongan a lo largo del tiempo tanto en el plano moral, como psicológico, físico, económico, etc. Así ha sido a lo largo de la existencia humana en este planeta, pero se ha acentuado en el último siglo merced a la utilización de armas de destrucción de carácter nuclear, químico o bacteriológico.
El pasado 26 de junio, la 2 de Televisión Española dedicó su espacio La noche temática al recuerdo de la guerra de Vietnam, sus consecuencias posteriores y el presente de aquel país. Se presentaron una serie de documentales muy bien elaborados, que analizaban diferentes aspectos de lo sucedido en el sureste asiático desde fines de los años cincuenta hasta casi hoy.
Quizás muchos y en particular los más jóvenes, hayan olvidado ya aquella querra inicua, como todas las que determina la agresión imperialista, pero fueron muchas las lecciones que nos dejó, las movilizaciones que produjo, las pasiones que encendió. Incluso creímos que se iniciaba un periodo de esperanza en que las actitudes belicistas pudieran ser desarmadas por la voz de los ciudadanos; desgraciadamente luego hemos visto, merced a la apatía, traiciones y abjuración de principios de tantos, que aquello era tan sólo una ilusión.
En la guerra de Vietnam sucumbieron cincuenta mil soldados estadounidenses y tres millones de ciudadanos del país agredido entre combatientes y población civil. Los primeros, a los que habría que añadir muchos más heridos e inválidos en grados diversos, provocaron una honda crisis moral en Estados Unidos. La mayor parte sin embargo no fue consciente de la magnitud de la carnicería y destrucción que sus gobernantes habían causado. Algunos lo descubrieron más tarde, cuando testimonios, documentos y flagrantes mentiras utilizadas como justificaciones de la agresión, salieron a la luz.
Vietnam padece además las consecuencias del agente naranja, utilizado por el ejército estadounidense para labores de desfoliación de la selva unido a los bombardeos masivos que llevaron a cabo. La catástrofe ecológica que todo ello ha provocado tardará un siglo, según dicen, en ser reparada. La flora selvática autóctona ha quedado arrasada en buena parte del país. Con ella han desaparecido los elefantes, tigres y demás especies que habitaban en ella. A esto hay que añadir la supervivencia y aumento de las tasas de dioxina, fruto letal del agente naranja, en las aguas de las zonas afectadas por los bombardeos. Su ingesta provoca alteraciones en la cadena de ADN y en consecuencia, la aparición de diversas malformaciones, tumores, etc.
Los documentales ofrecían imágenes terribles de fetos inviables, de niños sin miembros, con deficiencias notorias, etc. La masacre de aquella guerra de agresión se ve prolongada muchos años después por esta barbarie silenciosa: la ciencia puesta al servicio de la destrucción acarrea estos pavorosos desastres. Sin embargo ante situaciones similares que se han producido en diferentes ocasiones, los gobiernos parecen olvidarse de todos estos hechos y se refugian en el soniquete de los "aliados incondicionales".
Cierto número de estadounidenses que se movilizaron de forma contundente contra la guerra de Vietnam, denuncian ahora las consecuencias de todo aquello. Los estudios científicos corroboran la espeluznante contaminación por dioxinas que ahora padece. Pronto tendrán que hacer lo mismo con Irak, porque cuando sepamos lo que realmente ha sucedido, desde las mentiras de las que se sirvieron la pandilla de las Azores hasta las masacres, torturas y salvajes procedimientos utilizados, una vez más tendremos que reconocer que al imperialismo hay que combatirlo por amor a la humanidad, como dice el Don Juan de Molière.
por Juan Antonio Hormigón
Hace tres años, en uno de los folletos en los que la Royal Shakespeare Company informa de sus programaciones semestrales, descubrí con notable sorpresa el anuncio del estreno en Stratford de una obra de Shakespeare titulada Eduardo III. Mi sorpresa me hizo pensar en un principio en un incomprensible error, pero pude comprobar de inmediato que no era así. Se trataba en efecto de una obra del escritor inglés recientemente reconocida como tal e incluida en el canon shakespeareano.
Me puse al poco tiempo al habla con Antonio Ballesteros, profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha y autor de extraordinarias traducciones de obras de Ford, Congreve, Aphra Behn y próximamente de Fielding, a quien le planteé la cuestión, así como el interés que tenía e hizo suyo, por conocerla, traducirla y publicarla. Unos meses después la traducción estaba hecha, acompañada de una extensa introducción minuciosa y esclarecedora acompañada de las notas pertinentes.
Cuando este número de nuestra revista ADE-Teatro aparezca, el libro estará ya publicado con el nº 67 de nuestra colección Literatura Dramática. Ballesteros establece en la introducción antes aludida los aspectos filológicos y críticos de su edición. Cita como fuentes textuales primarias el Primer Quarto (1596) y el Segundo (1599). En ambos casos la obra se publicó sin que constara el nombre del autor, cosa habitual en aquellos años. Como referencias próximas señala las ediciones recientes de Eric Sams para la Yale University Press (1996), la de Giorgio Melchiori para The New Cambridge Shakespeare (1998) y la de Warren para la Royal Shakespeare Company (2002), ya bajo el signo explícito de su autor. Esteblece igualmente los criterios seguidos para la elaboración de su edición.
Lo que constituye un portento de fidelidad y recreación aunadas es la traducción llevada a cabo por Ballesteros. El original está escrito en versos blancos, cuya estructura ha seguido en el plano formal procurando recrear los elementos rítmicos originales. Sin embargo es sobre todo en la búsqueda metafórica, las equivalencias de expresiones intraducibles, el vigor dramático de la textura idiomática, etc., donde su trabajo alcanza cotas de extraordinaria altura. El valor literario se salvaguarda en su fidelidad pero igualmente en las tensiones inherentes al diálogo, las descripciones de la batalla naval o los combates terrestres en Crécy y Poitiers, la explosión de las pasiones amorosas, etc. Todo ello confiere a su texto una potencialidad escénica notable.
Cuando esta revista se haya publicado se habrá presentado a su vez este volumen. Tuvo lugar en el Teatro Español de Madrid el 5 de julio. Coincidiendo con ello se habrá realizado también la dramatización de la obra, de cuya dirección he tenido el placer de ocuparme. En el reparto de este acontecimiento histórico en nuestros anales teatrales, por ser la primera ocasión en que asistimos a una versión escénica de esta nueva obra shakespeareana, figuraron Héctor Colomé como Eduardo III; Nuria Gallardo como la Condesa de Salisbury; Francisco Casares como el Rey Juan II; Juan Manuel Navas como Príncipe de Gales; Rosa Vicente como la Reina Filipa: Miguel Palenzuela como Lord Audley, junto a Fidel Almansa, Vicente Gisbert, Moncho Sánchez-Diezma, Carolina Lapausa, Julio Escalada, Claudio Sierra, Pablo Calvo, Ángel Amorós, Mariano Venancio y Carlos Rodríguez. Intervino igualmente Mario Gas en un breve personaje, el de un Francés que arenga a sus conciudadanos ante el peligro de guerra. La lista se cerró con tres jóvenes directores, Jara Martínez, Juana González y Antonio Castro, las dos primeras ya licenciadas, y un actor, Jorge Martín.
Escribo estas líneas antes del inicio de los ensayos. Confío en que consigamos lo que pretendemos en el plano artístico. En las notas de dirección que debo escribir en un futuro inmediato, analizaré todo ello. Sin embargo puedo señalar ya el estupendo trabajo relativo al diseño de la escenografía y el vestuario de Tomás Adrián; el magnífico espacio sonoro elaborado por Ignacio García; el esfuerzo y minuciosidad de Carlos Rodríguez en la realización de la breve filmación que clausuró la dramatización y la constancia y entrega siempre generosa de mi ayudante, Salomé Aguiar. Aunque desconozco todavía hasta dónde podremos llegar, es una suerte poder trabajar con profesionales como estos y por ello me considero afortunado.
Eduardo III tan sólo ha sido traducido al italiano. La española es por tanto la segunda que se hace a cualquier lengua. Nunca la ADE había podido ser protagonista de un hecho editorial como éste. No creo que nadie se sorprenda si les digo que nos sentimos felices y orgullosos por ello.
El viernes 27 de Mayo se produjo en Pamplona, el primer encuentro a nivel institucional entre las autoridades culturales de Navarra y la ADE con motivo de la celebración del XII Congreso de la ADE en Pamplona en el próximo mes de Octubre de 2005.
El encuentro tuvo lugar en la sede de la Consejería de Cultura del Gobierno de Navarra, institución que acoge y patrocina dicho Congreso.
La delegación de la Asociación de Directores de Escena fue recibida por Juan Ramón Corpas, Consejero de Cultura del Gobierno de Navarra, a quien acompañaban la Directora General de Cultura, Camino Paredes, y el Director de Acción Cultural, Jesús María Bengoechea. Por parte de la ADE acudieron su Secretario General, Juan Antonio Hormigón, y el vocal de la Junta Directiva, Alex Pastor.
La reunión transcurrió en un ambiente cordial, y en ella se trató sobre el desarrollo del próximo Congreso en Pamplona. Los directivos de la ADE explicaron el programa de ponencias y actividades, que ya se encuentra en una fase muy avanzada de organización.
El Consejero de Cultura y las demás autoridades, mostraron su satisfacción por este acontecimiento y por el hecho de que se celebre en Navarra. Asimismo ofrecieron toda su colaboración para el buen funcionamiento del mismo.
De esta manera quedó ratificada institucionalmente la acogida en Navarra, por parte de la Consejería de Cultura, de los actos del XII Congreso de la Asociación de Directores de Escena de España, que se celebrará en el Baluarte de Pamplona, del 20 al 23 de octubre del presente año.
Los temas de las tres sesiones de trabajo serán los siguientes:
1ª Sesión: Iniciativas para una política teatral
2ª Sesión: Adaptar y escenificar el Quijote
3ª Sesión: El tecnologismo escénico: ¿enfermedad o instrumento?
Además, la tarde del 20 de octubre la ADE presentará las publicaciones que está realizando sobre el Quijote en este año del IV Centenario. Entre ellas destacará el número 107 de la Revista ADE-Teatro, que estará dedicado monográficamente al tema “El teatro en el Quijote y el Quijote en el teatro”. Así mismo, el mismo día 20 tendrá lugar la lectura dramatizada, con carácter de estreno absoluto, de la obra de Jerónimo López Mozo En aquel lugar de La Mancha, dirigida por Alex Ruiz Pastor.
